Viena,
la Capital del Vals
Pasear por Viena
es como introducirte en los acordes del "Danubio
Azul" y bailar a través de ellos por la ciudad. Las calles
son grandes, los edificios monumentales. Ver como recorren las
avenidas de la ciudad los tranvías, junto a los coches, recuerda
épocas pasadas. Los parques son grandiosos, las múltiples
estatuas de músicos y escritores revelan el pasado cultural de la ciudad,
el Prater, con su
famosa noria, las plazas, que recuerdan la época imperial,
el Palacio de Schönbrunn,
con la sala naranja y construido a escala del de Versalles,
su famosa Escuela de equitación,
el Palacio Belvedere, ... Viena.
Los orígenes
de Viena se remontan a un asentamiento
celta situado donde actualmente se extiende la urbe. En
el Siglo XIII pasó a depender de la famosa dinastía
de los Habsburgo; tras ganar a los turcos en 1683 florece
la ciudad de Viena. Se construyen
inmensos palacios para la Corte y
ya en el Siglo XVIII era toda una ciudad imperial. Tras
la Primera Guerra Mundial decayó el
poder de los Habsburgo y Viena
dejó de ser capital imperial. En los años siguientes, la llamada "Viena
Roja" (gobierno municipal) luchó por los intereses sociales de
la urbe. La Alemania nazi
anexionó Austria pero tras
la derrota de Hitler en 1945, el territorio
quedó bajo control aliado. En 1955 Austria,
y por tanto Viena, recobra su independencia
y se declara estado soberano.
Viena es
una ciudad grandiosa, una ciudad imperial, que alberga
numerosos monumentos, museos, palacios y parques. Vivieron en esta ciudad
Beethoven (en Pasqualati Haus, entre otros lugares), Mozart
(en Viena compuso Las bodas de Fígaro), Freud
(en cuyo museo se conserva la sala de espera donde Freud
recibía a sus pacientes intacta), Schubert,
Strauss... todos ellos grandes personajes de la historia.
En el Cementerio central se encuentra el sepulcro de
Strauss y una estatua en su honor,
en la que aparece tocando el violín, en el Kursalon,
donde hace 100 años la familia Strauss
tocó sus mejores conciertos. Es raro no ver en una calle del casco
antiguo una iglesia o una mansión barroca que recuerde a las épocas de
auge musical y cultural de la capital austriaca, destacando el Palacio
Belvedere, La Escuela de Equitación
de Invierno o la Prunksaal.
Paseando por Viena
al son de un vals que ronda por nuestra cabeza sin quererlo, nos
situamos en la Plaza del Ayuntamiento.
En ella, un precioso edificio lleno de ventanas y con una iluminación
nocturna espectacular se levanta como consistorio. En
la plaza y alrededores, en las noches de verano, se ofrece cine al aire
libre y unos puestos con comidas de diversos lugares del mundo,
sin olvidarnos de la cerveza austriaca, claro, lo
que le da a la plaza un ambiente realmente amigable.
La parte céntrica de Viena
está recorrida por un anillo que, recorriéndole, te va ofreciendo lugares
interesantes para visitar. Partiendo ya del Ayuntamiento,
casi en frente, nos encontramos el edificio
de la Ópera, que se inauguró en 1869 con el Don
Giovanni de Mozart y en el que hay que destacar el magnífico
auditorio y el escenario, equipado con las más altas tecnologías. Una
anécdota curiosa es que los arquitectos que la diseñaron se suicidaron
al recibir fuertes críticas, debido a que la construcción no era tan grandiosa
como el edificio de la ópera de París. Dicen que el emperador
Francisco José, muy afectado por lo
sucedido, no volvió a criticar ninguna obra más y repitió hasta
la saciedad en las inauguraciones: "Fue un placer. Me gustó mucho".
Dejando atrás este
edificio neorrenacentista, continuamos por nuestro particular "rodeo"
y encontraremos, más adelante, la Universidad
y tras pasar uno de los numerosos parques el
Parlamento Austríaco. El edificio es de estilo neoclásico
y de unas dimensiones inmensas. Las dos rampas que dan acceso
a la puerta principal están flanqueadas por estatuas que conmemoran hombres
de estado griegos y romanos. En el centro, anteponiéndose al edificio
hay unas esculturas de bronce, Los Domadores
de Caballos. Continuamos y tras dejar a un lado una
de las casas en las que vivió Beethoven y
caminar dejando inmensos parques atrás y el Danubio
fluyendo a nuestra izquierda, estamos frente al Kursalon
y la Capilla de Johann Strauss, en
bronce, en medio de grandes jardines en los que destacan fuentes de piedra
que dan un aspecto frío e inmortal. Por último y acabando ya
nuestro giro por el anillo vienés, que va cambiando de nombre dependiendo
de la zona que atraviese (Schubertring, Opernring,
Burgring...), tenemos ante nosotros dos enormes bloques
de cemento, a un lado el Museo de
Historia Natural y al otro el Museo
de las Ciencias, ambos rodeando la Plaza
de Maria Teresa, la emperatriz que rigió en Austria
durante seis años.
Un edificio destacado por su historia y por su prestigio es el
Karlskirche. Esta iglesia se construyó por mandato
del emperador Carlos VI,
que prometió que tan pronto como la ciudad se viera libre de la epidemia
de peste que asoló Viena en
1713, él levantaría un templo dedicado a San
Carlos Borromeo, patrono de la lucha contra la peste. La
construcción es barroca y en ella destacan las dos columnas imitación
de las trajanas en Roma y la gigantesca cúpula.
Y para acabar con el centro de la ciudad, hay que reseñar la Catedral
de San Esteban y el Palacio Imperial. La
Catedral constituye el alma de la ciudad y en ella descansan la
mayoría de la familia Habsburgo, en
el altar mayor. Hay que destacar el techo (cubierto por unos
250.000 azulejos restaurados tras la Primera
Guerra Mundial), la aguja que copa la iglesia, la campana (construida
con los restos fundidos de los cañones que abandonaron los turcos) y como
dato curioso, el Cristo del dolor
de muelas que hay en el interior, en torno al cual gira la leyenda de
que todo el que osa reírse de su nombre acaba con los mismos dolores que
dan nombre al Cristo. Y en cuanto al palacio, situado curiosamente
en el centro de la urbe, son célebres los salones y habitaciones del ala
leopoldina del palacio que los presidentes de la República
ocupan, desde 1947,como residencia oficial, así como los apartamentos
imperiales en los que residieron Francisco
José y Sissí, aquellos en los
que habitó el Zar Alejandro I Romanov durante
el Congreso de Viena.
Ya más en las afueras de la ciudad hay que destacar dos elementos
principales tanto en la arquitectura como en la historia de Viena: el
Palacio Schönbrunn y el Belvedere.
El Palacio Schönbrunn
fue la última residencia veraniega de los Habsburgo.
En el interior destaca los acontecimientos políticos, culturales y festivos
que se llevan a cabo (en la sala naranja es posible presenciar un concierto
en el que se escucharán las mejores piezas de Mozart
y Strauss, lo cual merece la pena dado el marco y el contexto).
Y en el exterior es recomendable admirar el Museo
de Carruajes, el Teatro de Marionetas
y los jardines de palacio con sus
fuentes, estatuas, senderos y laberintos. Destaca, además, el
Zoo, fundado en 1752 por Franz
Stephan -el más antiguo del mundo- y
la Casa de las Palmeras, un bonito
invernadero tropical que posee una gran variedad de plantas
exóticas.
Y por último, el Belvedere, lugar
grandioso y de tremendo prestigio en el país y en su capital.
El conjunto artístico consta de los dos palacios
Belvedere, convertidos en museo, y de otro llamado Schwarzenberg,
transformado en hotel. Mandado construir por Eugenio
de Saboya tras la ya consabida derrota de los turcos, los dos palacios
principales están unidos por unos jardines que se encuentran divididos
en tres niveles que representan diversas alegorías (el nivel inferior
representa el dominio de los cuatro elementos; el central, el Parnaso;
y el superior, el Olimpo). Los museos
que albergan son el Museo de Arte Barroco
Austríaco, el Museo de Arte Medieval
Austríaco y la Galería de Arte Austríaco.
Y ya en
lo que a compras, gastronomía y curiosidades se refiere, hay que decir
que no debe sorprender si en una tienda o restaurante atienden antes a
las llamadas Frau Doktor (esposas
de un doctorado en alguna materia) ya que los títulos y la situación social
son importantes en el país. Y si se tiene
la oportunidad de brindar con un simpático lugareño, la palabra a decir
es ¡Prost!
La cocina austriaca, aunque rica y variada, no
destaca por algo en especial como pudiera ser la italiana o la francesa,
o incluso la española. La cultura de los cafés está muy extinguida y conforma
un elemento indispensable en la sociedad vienesa. El
café vienes cumple diversa funciones por lo que conviene saber
cómo influyen en la vida de los ciudadanos. El primer Café
(entendiendolo como lugar, no como bebida) abrió sus puertas...tras
la derrota de los turcos y fueron extendiéndose estos lugares de reunión
gracias a que los doctores, abogados, licenciados, políticos y artistas
los elegían para llevar a cabo sus tertulias.
Comprar en Viena es un placer
ya que la mayoría de las tiendas se agolpan en zonas peatonales
y porque además, la mayor parte de los objetos más interesantes
son de pequeño tamaño y por tanto, fáciles de transportar. Destacan los
dulces (exquisitos), la artesanía austriaca
o las ediciones antiguas de libros escritos por Freud
o Rilke . Algo curioso
es un vino dulce llamado Eiswein
porque se recoge tras la primera helada.
Tras esto ya no queda más remedio que ir a disfrutar de la ciudad
y bailarla a través de un vals, a poder ser el Danubio
Azul. Anímate y baila.
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