En los umbrales del tercer milenio las ciencias
juegan un papel cada vez más determinante en la formación de la faz de nuestro
mundo. El futuro pertenece a la sociedad que se apoya en los conocimientos. Es
por esta razón, que el apoyo de la actividad científica, la ponderación de las
realizaciones, su reconocimiento material y moral y, a través de esto, la
motivación de los creadores a alcanzar nuevos resultados, es cada vez más
importante. Desde este punto de vista, el sistema de premios reviste de una
importancia primordial. En lo que se refiere a las ciencias, el premio más
conocido de los descubrimientos sobresalientes es el Premio Nobel. Los primeros
Premios Nobel fueron otorgados en 1901. Su centenario, en el año 2001, será conmemorado con una gran
exposición concentrada en la cultura de la creatividad, la personalidad
creativa y el ambiente favorable a la creación. Es por esta razón, que con
ocasión de dicho aniversario se preste una gran atención hacia el círculo de
los creadores húngaros y hacia Budapest, capital de Hungría. Norman Macrea, el
antiguo redactor-jefe de la revista The Economist, investigador del milagro
económico japonés, en su biografía de Neumann publicada en 1992, así escribe
sobre la Budapest de la época del otorgamiento de los primeros Premios Nobel:
“A comienzos del siglo Budapest fue la metrópolis que se desarrolló más
rápidamente en Europa. Esta ciudad generó una multitud de científicos, artistas
y millonarios, que se compara únicamente con las ciudades-estados renacentistas
de Italia”. Hungría, este país
pequeño en su población, pero grande por su respeto a las ciencias y por
los rendimientos de sus científicos, durante el siglo XX dio al mundo doce laureados con el Premio Nobel, de los
cuales siete nacieron en Budapest. A continuación presentamos el círculo de los
laureados con el Premio Nobel de origen húngaro y sus mensajes dirigidos al
futuro.
Alfredo Nobel y los Premios Nobel
El
premio científico de más alta
categoría, que celebra su centenario, recibió el nombre de Alfredo Nobel, quien
nació el 21 de octubre de 1833, en Estocolmo. El famoso químico dejó su
fortuna, ganada con el descubrimiento de los explosivos y la aplicación
industrial de las ciencias, para el objetivo noble de crear una fundación. Con
su testamento del 27 de noviembre de 1895, al mismo tiempo que erigió su propio
monumento hizo un gran servicio a la humanidad.
Su
intención era premiar a los científicos que más sobresalgan en los diferentes campos de las ciencias;
desde las investigaciones fundamentales de las ciencias naturales hasta la
construcción de una sociedad pacífica, sin consideración de su nacionalidad,
tomando en cuenta únicamente los valores de sus realizaciones. Murió el 10 de
diciembre de 1896, en San Remo. Entonces entró en vigor su testamento y se
iniciaron las labores dirigidas a la creación de la Fundación Nobel, cuya
constitución quedó consagrada mediante la Resolución del Consejo Real de Suecia
del 29 de junio de 1.900. Los primeros Premios Nobel fueron otorgados en el
primer año del siglo XX, el día 10 de diciembre de 1901, con ocasión del primer aniversario de la muerte
de Nobel. De esta manera, el centenario de Nobel constituye igualmente un proceso que abarca cuatro etapas
principales. Son las etapas que eterniza la serie centenaria de sellos postales
de cuatro valores, cuyo valor inicial muestra el testamento de Nobel de 1895, y
su valor final, la primera ceremonia de
otorgamiento del premio acontecido en el año 1901.
Nobel
creó cinco premios: de física, de química,
de fisiología-medicina, de literatura y de la paz. Estos fueron
complementados con el premio de economía creado en 1968, con ocasión del 300
aniversario de fundación del Banco de Suecia y en honor a Alfredo Nobel.
El “premio de los premios” consta de un
diploma de honor y de una suma aproximada de 1 millón de dólares. Hoy en día el
prestigio moral del premio se elevó tanto que llegó a constituirse en su valor
primordial. Al recibir el premio, los laureados pronuncian un discurso de
saludo y, como parte de la solemnidad,
dictan una conferencia Nobel sobre el camino que recorrieron hasta llegar al
resultado premiado.
Los
Premios Nobel no sirven para el reconocimiento de una cierta carrera científica
destacada o de una obra de un
científico. Nobel, en su calidad de experimentador y descubridor, sabía
perfectamente qué es lo que constituye un descubrimiento concreto o una
invención concreta. A partir de esta consideración, en su testamento determinó que el premio se otorgue por una
realización concreta o un resultado concreto. En las motivaciones de los
Premios Nobel siempre figura una frase que formula precisamente la realización
concreta que el premio reconoce.
Según
las reglas, un Premio Nobel compartido puede ser otorgado máximo a tres
personas. Como consecuencia de esto, en la numerosa sociedad científica
relativamente pocos científicos pueden alimentar las esperanzas de ser distinguidos
con dicho premio. Como la lista de los laureados con el Premio Nobel, en gran
parte coincide con la lista de los grandes científicos del mundo del siglo
transcurrido desde el otorgamiento de los primeros premios, formar parte de la
misma, constituye un gran honor.
Las
ciencias esencialmente son internacionales y las creaciones de un cierto
científico son capaces de enriquecer varios campos profesionales y diferentes
países a la vez y, como consecuencia de esto, desde el punto de vista
científico y humano, él también puede enriquecerse. Es lo que ejemplifica la
suerte personal y la obra científica de los laureados con el Premio Nobel húngaros o de origen húngaro
que entraron en “el panteón de los inmortales”.
Los laureados con el Premio Nobel de origen húngaro
Albert Szent-Györgyi fue
el único científico húngaro que viajó desde la misma Hungría hasta Estocolmo a
recibir el premio científico de más
alta categoría. Su medalla Nobel, hasta el momento, se conserva en su ciudad
natal, Budapest, en el Museo Nacional de Hungría.
Nuestro científico llevó la
medalla de oro de 208 gramos y 66 mm de diámetro, recibida junto con el Premio
Nobel, de la capital sueca a su laboratorio de investigaciones en la
Universidad de Szeged, donde la guardaba hasta el desencadenamiento de la
segunda guerra mundial. A causa de la guerra
perdió el dinero que recibió junto con el premio, ya que lo había invertido de tal manera que hasta
sus intereses personales materiales quedaran ligados a la paz.
En otoño de 1939, cuando la Unión
Soviética atacó a Finlandia, en Hungría se inició una campaña de ayuda,
y el investigador de fama mundial ofreció su medalla de oro en apoyo a la
nación finlandesa. Surgió entonces el peligro de que el símbolo de orgullo de
la nación húngara salga del país y sea fundido. Por la iniciativa del conde István
Zichy, entonces director general del
Museo Nacional de Hungría, y con la ayuda de Onni Talas, embajador de
Finlandia, Wilhelm Hilbert, el director de una empresa de Helsinki, rescató la
pieza valiosa pagando una suma adecuada de dinero y en julio de 1940 la regaló al Museo Nacional de Hungría.
La medalla de oro Nobel, de suerte singular, fue presentada al público por primera vez en
1993. Es en aquel entonces que, con
ocasión del centenario del nacimiento de Albert Szent-Györgyi, en el Museo
Nacional de Hungría se organizó una exposición sobre los laureados con el
Premio Nobel.
Junto
con Albert Szent-Györgyi, 12 científicos de origen húngaro se hicieron
merecedores del premio de tan alta distinción y, en su honra, en 1995, en el
año del centenario del testamento de Nobel, el Correo Húngaro emitió
sellos. Entre ellos se encuentran: Fülöp
Lénárd, laureado con el Premio
Nobel de Física en 1904, Róbert Bárány de
Medicina en 1914, Richárd Zsigmondy de
Química en 1925, Albert Szent-Györgyi de Medicina en 1937, György Hevesy de Química en 1943, György Békésy de Medicina en 1961, Jenõ Wigner de Física en 1963, Dénes
Gábor de Física en 1971, János
Polányi de Química en 1986, Elie Wiesel de la Paz en 1986, György Oláh
de Química en 1994. y János Harsányi
de Economía en 1994.
En este círculo visiblemente dominan los
representantes de las ciencias naturales: los tres premios de física y los tres
de fisiología y medicina se complementan con cuatro premios de química, un
premio de la paz y un premio de economía. La interdisciplinariedad es muy
característica a los laureados húngaros con el
Premio Nobel. Albert Szent-Györgyi, por ejemplo, se inició con las ciencias
médicas y, a través de la bioquímica, llegó hasta la física. El camino de
György Békésy se desarrolló de forma contraria: su profesión básica era la física,
dictaba conferencias como profesor de física, realizó sus investigaciones en
calidad de ingeniero de telecomunicaciones, y fue laureado con el Premio Nobel
de fisiología y medicina. A continuación hacemos una reseña más
detallada acerca de las realizaciones logradas, desde la fisiología y la física
hasta la economía, que merecieron el Premio Nobel.
Albert Szent-Györgyi (1893–1986): laureado con el
Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1937 “por sus descubrimientos logrados en el campo de los procesos de
oxidación biológicos, particularmente en lo relativo a la vitamina C y a la catálisis
del ácido fumárico”.
En la
obtención del premio jugó un papel decisivo el descubrimiento de la vitamina C
a partir de la paprika húngara (pimientón), l aislando de esta dicha vitamina
en cantidades necesarias para las investigaciones. Sin embargo, esto constituyó
solamente una línea lateral de su actividad científica, pues Szent-Györgyi dedicó toda su vida a la
investigación de la vida misma: la
esencia de la vida.
Para que el organismo vivo pueda funcionar,
precisa de energía, lo que obtiene mediante la oxidación de substancias
alimenticias. En cuanto a la interpretación del modo de oxidación, dos escuelas
disputaron. Según la escuela de Warburg, es el oxigeno que se activa y, según la escuela de Wieland, es el
hidrógeno de la substancia alimenticia que se activa. Szent-Györgyi unió las
dos interpretaciones, demostrando que el oxígeno activo oxida al hidrógeno
activo. Esto constituye una cadena larga de reacciones complejas, durante la
cual la energía de los átomos de hidrógeno se desprende gradualmente, en la
serie de transformaciones que se desarrollan de paso en paso.
Szent-Györgyi
durante más de diez años dedicó sus esfuerzos al estudio de los procesos
oxido-reductores. Fue el descubrimiento de la parte significante de los
eslabones de oxidación que sirvió de
base para la obtención del Premio Nobel. Los otros elementos del círculo de
citratos y su mecanismo completo fueron aclarados por su amigo Hans Krebs
(1900-1981), igualmente laureado con el Premio Nobel; la denominación correcta del proceso cíclico es: ciclo de Szent-Györgyi–Krebs.
Después de recibir en 1937 el Premio Nobel,
Szent-Györgyi continuó con sus actividades científicas: el año 1939 se
constituye en el inicio de sus nuevas
investigaciones y nuevos descubrimientos. El florecimiento húngaro e internacional
de las investigaciones de los músculos, con derecho es ligada a las realizaciones
de Szent-Györgyi y su escuela de Szeged.
Medio siglo después, Straub F. Brunó (1914–1996), uno de sus
colaboradores principales en aquel entonces, y luego el continuador
internacionalmente reconocido de las investigaciones, apreció así los resultados mencionados: “1940–1942 fueron los
años de gran éxito para Szent-Györgyi, así como también para nosotros, pues entonces logramos saber sobre la constricción de los músculos.
Según mi opinión, en la vida de Szent-Györgyi este resultado es aún más destacado
que aquel que le hizo merecedor del Premio Nobel”. Su descubrimiento de
entonces constituye el inicio de la moderna biología muscular.
Posteriormente,
Albert Szent-Györgyi - después de emigrar en 1947 a los Estados Unidos -
durante otros 40 años continuó con sus investigaciones en su
laboratorio. La enfermedad que segó la
vida de su esposa, de su hija y de su amigo János Neumann, llegó a ser el
tercer gran campo de sus investigaciones. A sus 90 años de edad,
continuaba investigando el secreto del cáncer. Para los húngaros su persona,
incluso durante su vida, llegó a ser el símbolo del científico humanista de
espíritu libre.
György Békésy (1899–1972): laureado con el Premio Nobel de
Fisiología o Medicina en 1961 “por el descubrimiento del mecanismo físico
de las excitaciones que se producen en la cóclea de las orejas”.
El elemento más significativo de la obra de Békésy
es la observación, la descripción de los procesos mecánicos físicos producidos
en el oído interno y la creación de la
nueva teoría de la naturaleza del oído.
Fue el primero en preparar un modelo que realmente funcionaba de manera
semejante al oído interno, en el cual se podía observar y hasta
fotografiar los procesos desarrollados
con más precisión que en los preparados
de oído. Logró el éxito gracias a los exámenes profundos y cuidadosos, así como
a las numerosas mediciones que realizó con relación a los componentes de la
cóclea.
Békésy recibió el Premio Nobel cuando se
encontraba trabajando desde hace más de una década en los EE.UU., pero el mismo
le fue otorgado por sus actividades desarrolladas en Hungría. János
Szentágothai (1912-1994), el investigador del cerebro de fama mundial, atestiguó esto declarando lo siguiente: “Yo, en los años 1931–1944 –
inicialmente como estudiante de medicina y luego, en los años siguientes,
trabajando en un campo cercano a sus investigaciones – y estando con él en
relaciones allegadas, sabía que su teoría del oído, reconocido con el Premio
Nobel, para 1944 ya estaba concluida, al igual que su teoría, tal vez aún más
genial, de cómo el mecanismo inhibidor contribuye a diferenciar "la
señal" y "el ruido".
Esta teoría en sí misma merecería un Premio Nobel aparte.”
La investigación de la oreja y del oído para
Békésy constituyó una de las rutas que llevaba hacia la ciencia universal de la
percepción humana. En su ponencia de Nobel
ya llamó la atención sobre esto: “Tal vez no esté lejos el día en que
estos tres sentidos - el oído, la piel y los ojos – que hoy en día se
encuentran separados bruscamente por los manuales de biología, en ciertos
aspectos vayan a constituir un capítulo común.”
Békésy en su obra
coligó sus investigaciones de física, técnica de telecomunicaciones y
fisiología, y su actividad científica con las artes. Reunió una colección de
obras artísticas de valor museológico y en su testamento, junto con toda su
herencia, lo donó a la Fundación Nobel. Békésy hasta su muerte se proyectó
hacia la síntesis interdisciplinaria y
dejó como herencia la tarea de
continuar con este trabajo.
Békésy, al recibir
el Premio Nobel, en su ponencia remontó su actividad hasta „el padre fundador” de la otología,
afirmando que: “… el primer laureado con el premio de otología, Róbert Bárány,
es igualmente de origen húngaro. Yo no
creo que esto sea puramente casual. En Hungría la otología se encuentra en un
nivel bastante alto y está rodeada de interés verdadero. Yo sospechaba durante
mucho tiempo que en alguna otra época existía una personalidad destacada que
había sentado sus bases. Lo busqué durante mucho tiempo en los manuales, en
vano, hasta que finalmente conseguí encontrar su nombre. Se llamaba Hõgyes
…”. Endre Hõgyes (1847–1906) en 1880 empezó ya a investigar los trayectos
de reflejo de los movimientos asociados de los ojos y sus correlaciones con el
sistema del laberinto. Estas labores experimentales de importancia extraordinaria,
realizadas en animales, precedieron a los estudios y resultados del mismo tema
de Róbert Bárány, ejecutados en seres humanos. Bárány, en su ponencia de Premio
Nobel, hablando de sus predecesores, hizo referencia a Endre Hõgyes.
Róbert Bárány (1876–1936): laureado
con el Premio Nobel de Fisiología o
Medicina en 1914 “por sus labores
relacionados con la fisiología y patología del aparato vestibular (órgano de
equilibrio)”.
Róbert Bárány hizo sus
estudios de medicina en la universidad de Viena. En universidades alemanes se
perfeccionó en patología interna y patología neurológica-cerebral, y luego pasó
a la clínica de otología de Viena. Fundamentó su actividad, laureada con el
Premio Nobel, en sus exámenes clínicos y experimentales aquí iniciados.
Fue una simple
experiencia clínica que llamó su atención sobre el órgano de equilibrio
(vestibular) situado en el oído interno.
Muchas veces, cuando realizaba el enjuague de oído en sus pacientes,
experimentó que en el curso de este procedimiento los enfermos frecuentemente
tenían vértigo. Resultó que el vértigo
tenía correlación con la temperatura del líquido de enjuague. Usando agua
tibia, el enfermo no sentía vértigo, mientras que el enjuague con agua fría o demasiado caliente causaba
vértigo. La explicación del fenómeno reside en que la temperatura de la linfa
circulante en los meatos arqueados del oído interno es de cerca de 37 °C. Los
cambios de temperatura hacen fluír este
líquido -en función del efecto frío o caliente- siempre en diferentes meatos arqueados y esto
provoca el vértigo. Esto prácticamente perturba la orientación sobre el
estado de nuestro cuerpo, lo que es señalado por la vibración de los
globos oculares (nystagmus). Dicho fenómeno corresponde a un mecanismo de
reflejo fisiológico conocido como reacción calórica de Bárány. Su falta es de
carácter patológico, advierte sobre la propagación de los procesos patológicos
(sobretodo, de inflamación) a los meatos arqueados. El proceso fisiológico
tiene que ver también con el fenómeno del mal de mar.
Toda la actividad de
Bárány prácticamente se desarrolló en el deslinde de la otología y la
neurología. Entre sus descendientes se encuentran numerosos médicos. Anders
Bárány, uno de sus nietos, optó por la carrera de físico y, en su calidad del
secretario de la comisión del Premio Nobel de Física, participó en varios
procesos de adjudicación del premio.