LA MANZANA DE LAS LUCES

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El espacio edilicio comprendido entre las calles Perú, Alsina, Bolívar y Moreno, es conocido con el nombre de "LA MANZANA DE LAS LUCES", denominación que le fue aplicada en 1821 por el periódico "El Argos" de Buenos Aires, el que de esa forma inauguró en nuestro país el hábito de crear "slogans" más o menos publicitarios. La razón de tal apelativo surgió por ser el centro intelectual de la Ciudad de donde se irradiaba su cultura gracias al Colegio Jesuítico, a la Universidad, a la Primera Biblioteca y también a la Primera Imprenta con que contó Buenos Aires.

Pero la historia de "LA MANZANA DE LAS LUCES" comenzó a fijarse mucho antes de la feliz ocurrrencia de "El Argos", más exactamente en 1608, cuando los jesuitas dan inicio a la construcción de un templo, un colegio y una residencia en la misma Plaza Mayor, calle de por medio a la recién terminada Catedral, -- que no fue la definitiva --, para ser más exactos, frente al predio que ocupa el Banco de la Nación Argentina.

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El constructor de los humildes edificios fue el también jesuita Padre Francisco del Valle. Fue allí donde se dieron los primeros cursos de nivel secundario de la ciudad.

En ese lugar permanecieron los jesuitas hasta 1661, año en que el Nuevo Gobernador don Alonso Mercado y Villacorta, dispuso despejar el Campo de Tiro de los Cañones del Fuerte y ordenó la demolición de las construcciones. Es así que el 25 de mayo de ese año, los religiosos dejan el lugar luego de más de 50 años de permanencia.

Ese mismo año dan inicio a la construcción de un nuevo templo en la manzana a la que darían el lustre de su cultura.

La primitiva iglesia es finalizada en 1675 pero poco más tarde, cae en ruinas. En 1691 se da inicio a una nueva iglesia, la que tiene parecido final; hasta que en 1710, el arquitecto jesuita Juan Krauss, edifica la que será definitiva Iglesia de San Ingnacio, conservando la torre y la fachada de la anterior. La torre, la de la derecha, se terminó en el Siglo XIX, estaba edificada en estilo barroco con piedra traída especialmente de la Isla Martín García. La fachada es, por lo tanto, la construcción más antigua que conserva la ciudad.

Simultáneamente el Padre Krauss, nacido en Bohemia, da inicio a los trabajos de edificación del contiguo colegio.

En 1714 fallece el Padre Krauss, siendo remplazado como Director de las Obras por el Hermano Juan Wolff, quien era, además de constructor, carpintero y hábil guitarrista.

Para 1733 la obra estaba concluida, cuando sucede la primera tragedia de la manzana: el Director de los Trabajos, Pedro Weber que había reemplazado a Wolff, se mata al caer de un andamio. Las tareas son entonces dirigidas por el Padre Juan Bautista Prímoli, llegado a Buenos Aires en 1724.

Debieron ser muy importantes los trabajos de Prímoli aun con anterioridad al fallecimiento del Padre Wolff, ya que el también jesuita Carlos Gervasono, diría sobre su persona: " Es este un hermano incomparable, infatigable. Es el arquitecto, el intendente, el albañil".

Al año siguiente, el 7 de octubre, se procede a la consagración de la Iglesia.

Con el correr de los años, la Iglesia de San Ignacio fue escenario de acontecimientos cívicos trascendentes, como aconteció en 1826 y 1829, cuando en él se reunieron los decisivos Cabildos Abiertos de aquellos tiempos.

Un año más tarde, en él se celebraron las reuniones que originaron la creación de la Universidad de Buenos Aires. En 1955, el interior del Templo fue intencionalmente incendiado durante las revueltas políticas de entonces.

Su Torre derecha fue concluida en el Siglo XIX y en ella fue emplazado el reloj del Cabildo cuando se lo retiró de éste en 1889. Estuvo allí hasta el año 1930.

En su interior se destaca el Altar Mayor tallado por el artesano español Isidro Lorea entre 1757 y 1767. El artista empleó en su realización insinuaciones de estilo rococó. También atesora la Iglesia "Los Siete Retablos", que se asegura son los más antiguos de la Ciudad. Otra obra de especial interés es el "Santiago Apóstol", debida al imaginero José Ferreira, realizada en madera en 1785. San Ignacio atesora, asimismo, un óleo del artista valenciano Miguel Aucell de 1767 titulado "San Ignacio y la Santísima Trinidad". Al mismo autor se debe un "San Luis", pintado en 1761 para la Capilla de San Roque.

Durante la reconstrucción de la Catedral de Buenos Aires, luego de su derrumbre en 1752, la Iglesia de San Ignacio fue utilizada como Templo Mayor entre 1775 y 1791.

Junto con la construcción de la Iglesia, los padres dieron comienzo a la edificación de un Colegio adjunto, ya la Procuraduría de las Misiones, en la esquina de Perú y Alsina.

Los trabajos en el Colegio se puede decir que para 1729 estaban sumamanete adelantados. El mismo Padre Gervasoni comenta que para esa época: "Nuestro Colegio podía figurar decorosamente en cualquier Ciudad de Europa, hecho todo de bóveda maciza, de dos pisos y bien grande. Está concluido todo el primer cuadro, queda para hacer el segundo para dar alojamiento a los Misioneros del Paraguay y Chile que desembarcan aquí".

Tampoco deja de hacer una referencia al Templo que dice: "La Iglesia también es soberbia, hecha a la romana".

Pero las sombras se avecinaban también para la Compañía de Jesús. En la madrugada del 3 de junio de 1767 cumpliendo órdenes reales, el Gobernador Francisco de Paula Bucarelli dispone que tropas invadan los claustros a fin de apresar a los religiosos sin darles "lugar a otro movimiento que el de sujetarse rendidos y pasmados del impensable golpe", según el informe que se eleva.

La expulsión de los jesuitas de los territorios coloniales americanos, trajo aparejado que los bienes de la Orden pasaran a ser administrados por la llamada "Junta de Temporalidades".

El Colegio modificó entones su nombre, designándosele desde 1772 con el de "Real Colegio de San Carlos", en homenaje al Rey Carlos III.

Posteriormente, a partir del 3 de noviembre de 1783, el Virrey Juan José Vértiz y Salcedo le impone el nombre de "Real Convictorio Carolingio".

Durante el Siglo XIX recibió distintos nombres y variadas filosofías auspiciaron los estudios que en él se dictaban.

El antiguo Colegio supo ser testigo de jornadas de sangre y gloria. Así aconteció durante la Defensa de Buenos Aires, en 1807, en las horas de lucha contra el invasor inglés. El Teniente Coronel Henry Cadongan narra así lo que vivió en torno al Colegio, en donde se hallaban atrincheradas tropas del Regimiento Patricios al mando de Cornelio Saavedra.

"Avancé con los rifleros hasta el costado oeste del edificio del Colegio de los Jesuítas, sin sufrir pérdidas considerables, cuando, al intentar adelantar el cañón liviano para abrir una brecha en la entrada principal del edificio, el enemigo apareció de repente en gran número en algunas ventanas, en la azotea de aquel edificio y desde las barrancas del lado opuesto a la calle y desde el extremo de la misma. En un momento, la totalidad de la compañía de vanguardia de mi columna y algunos artilleros y caballos fueron muertos o heridos".

Posteriormente, durante las Jornadas de Mayo, el edificio se convirtíó en el Cuartel de Patricios, siendo allí donde tuvo lugar el banquete por el triunfo de Suipacha, durante el cual se produjo el célebre brindis que hizo montar en cólera a Mariano Moreno.

También fue escenario de la llamada "Sublevación de las Trenzas" en el Cuartel de las Temporalidades y que siginificó el fusilamiento de diez de los once cabecillas en uno de los Patios de la Manzana el 10 de diciembre de 1818 a las 10 de la noche.

Luego, el 16 de Junio de 1818 se inauguró allí el nuevo "Colegio de la Unión del Sur".

Tres años más tarde, el 12 de agosto de 1821, el Ministro de Gobierno Bernardino Rivadavia crea en su ámbito la Universidad de Buenos Aires, ocupando el Primer Rectorado el Presbítero Antonio Sáenz. Con la mayor pompa y grandeza el acto inaugural se realiza en la vecina Iglesia de San Ignacio. Luego la Ciudad se viste de fiesta con castillos de fuego y dos orquestas se alternan hasta las 10 de la noche para entretener a los orgullosos vecinos que ya tienen su propia Universidad.

Lo más granado de los patriotas y de la sociedad de Buenos Aires pasó por la aulas del Antiguo Colegio: desde Mariano Moreno y Belgrano hasta Pueyrredón y Justo José de Urquiza.

En 1863 se crea el Colegio Nacional de Buenos Aires, época en que la institución toma una señera importancia gracias a la conducción del educador francés Amadeo Jacques, quien fue el encargado de imprimirle una enseñanza capaz de dotar al alumnado de los elementos culturales capaces de permitirle enfrentar con éxito la vida.

El edificio se mantuvo en pie hasta 1908, cuendo se dicide la construcción de una nueva casa.

La obra pertenece al arquitecto francés Norberto Maillart, a quien se le deben también los edificios del Palacio de Correos y el de Tribunales.

Inscripto en el estilo académico francés, la construcción fue terminada en 1918.

Hoy el Colegio posee una Biblioteca que es considerada la más completa en publicaciones del Siglo XIX en nuestro país. Su patio albergó la Primera Exposición Industrial Argentina y su Salón de Actos con reminicencias de la Sala Mayor de la Opera de París, es el elegido para albergar los grandes acontecimientos de la Institución. Posee, asimismo, un observatorio que data de 1936 y custodia el "pilar", único elemento conservado del viejo edificio del Colegio Jesuita.

Su importante escalera principal es el solitario testimonio del estilo italiano de la casa.

Un ceremonial sonido de órgano, el más grande de la ciudad con sus 3.600 tubos, es el encargado de señalarnos el epílogo de la recorrida por el Colegio Nacional Buenos Aires.

La Procuraduría de las Misiones, alto cuerpo administrativo de la Compañía estaba ubicada en la esquina de las actuales calles Perú y Alsina. En el Edificio también tenía su espacio una botica, que en los primeros años fue atendida por el Padre Thomas Falkner, jesuíta de origen irlandés, hábil en cirugía, quien posteriormente recorrería la Patagonia Argentina dejando un interesante trabajo descriptivo.

La sólida construcción, de "arte macizo", al decir del Padre Gervasoni, tuvo numerosos y brillantes destinos. Así, sobre la calle Alsina casi llegando a Perú, se instaló a partir de setiembre de 1799 el Protomedicato, el Tribunal de Medicina y luego, desde el 1║ de marzo de 1802, en que abrió sus puertas, la Escuela de Medicina, que dio comienzo a sus tareas con 15 inscriptos bajo la dirección del Protomédico Miguel O┤Gorman y del Doctor Eusebio Fabré. En 1808 egresaban siendo Director el Doctor Cosme Argerich, los 15 alumnos que habían iniciado el curso. Luego, en 1821, al crearse la Universidad, funcionó en el edificio la Facultad de Ciencia e Ingeniería y el Museo de Historia Natural.

En 1782 se edificaron en la actual esquina de Perú y Moreno las "Llamadas Casas Virreinales de Rentas" destinadas a producir como su nombre lo indica, ingresos a las arcas universitarias.

Los edificios se erigieron por orden del Virrey Vertiz entre los años 1782 y 1786. La sólida obra fue diseñada por el Ingeniero José Custudio de Sa y Faria, un ingeniero portugués, militar de carrera, que fuera apresado por Pedro Cevallos en la Isla de Santa Catalina en 1777.

Es en esta construcción que por Decreto del mismo Vértiz, el 21 de noviembre de 1780 se crea e instala la "Real Imprenta de Niños Expósitos", confiriéndole la puesta en marcha de la misma al prensista Agustín Garrigós, a la sazón en Montevideo. El 8 de enero de 1781 se edita a través de la Real Imprenta el primer noticiero del Río de la Plata titulado "Noticias Recibidas de Europa por el Correo de España y por vía del Janeiro". Posteriormente, se edita con el mismo pie de imprenta el primer periódico de nuestro país, el "Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiográfico del Río de la Plata", que vio la luz el 1║ de abril de 1801.

El 13 de setiembre de 1810, la Junta crea en su ámbito la Biblioteca Pública, cuya organización se encarga a los sacerdotes Cayetano Rodríguez y Saturnino Segurola. La nueva Institución se inaugura el lunes 16 de marzo de 1812. Enriquecida por importantes donaciones, la Institución fue por largos años la única Biblioteca con que contó la Ciudad.

En 1822 un violento temporal que se desató sobre Buenos Aires el 14 de enero, los techos de la Biblioteca requirieron urgentes reparaciones. Parte de los libros atesorados debieron ser trasladados "a la penúltima casa de la cuadra de las Temporalidades, frente a la Ranchería, para poner parte de los libros que existen en peligro de perderse". Hecho con prontitud los trabajos, los tomos volvieron a los anaqueles originales.

Luego de la Federalización de la Ciudad, tomó el nombre que lleva en la actualidad: Biblioteca Nacional.

En el mismo edificio funcionó posteriormente la Junta de Representantes de la Provincia al ser decretada la extinción del Cabildo de Buenos Aires. Juan Manuel Beruti en sus "Memorias Curiosas" dice al respecto:

"El 1║. de mayo de 1822, se hizo la primera sesión por la Junta de Representantes de la Provincia, en la Nueva Sala destinada para ella, la que está situada a un costado del terreno que ocupa el Colegio de la Unión, mirando su entrada al Sur".

Era por el No. 272 de la actual calle Perú que se ingresaba a la Sala de la Presidencia del Cuerpo. Al fondo de un patio inmediato, se accedía al recinto de la Junta.

Fue en la Sala de la Presidencia donde 27 de Junio de 1839 fue asesinado el Presidente del Cuerpo, el Doctor Manuel Vicente Maza, por el Capitán Manuel Gaetán y un tal Moreira, alias "El Zurdo".

El 6 de setiembre de 1822, se inaugura en el edificio que interinamente ocupara la Biblioteca, el Banco de la Provincia. Previamente a su ocupación se efectuaron refacciones que estuvieron a cargo de los maestros de obra, Miguel Puig y Martín Bergara. Se efectuaron trabajos de carpintería, herrería y albañilería que insumieron un gasto de 2.464 pesos con 4 reales. El Banco ocupó cinco habitaciones al norte del zaguán inmediato al de la numeración 272 de la Calle Perú.

Al edificio le cupo también ser sede del Congreso Nacional durante la Presidencia de Bernardino Rivadavia, desde marzo de 1826 hasta el 1║. de agosto de 1827.

La sobria arquitectura del que fuera patio de la Procuraduría de las Misiones, es un lugar donde se dan cita particulares emociones. Sus más que centenerarios muros de anchos volúmenes, alternan con rejas y arcos de medio punto entre los cuales, los añosos ladrillos paracen intentar un diálogo espontáneo y rico en historias.

Debajo de los serenos patios llenos de trajinar en una lejana época, transcurre uno de los más estimados misterios de Buenos Aires y que pocos conocen: los túneles.

La primera noticia pública sobre ellos se produce el 17 de abril de 1848 por intermedio de la "Gaceta Mercantil". Allí se habla de un conducto subterráneo que llegaba al Hospital de Hombres. Un mes más tarde, el Jefe de Policía Juan Moreno por el mismo medio informa que ya de tiempo inmemorial se sabe de un túnel que corre por debajo de la calle Potosí atravesando la Iglesia de San Ignacio. De allí en más los descubrimientos se suceden, por calle Piedras, por San Francisco, por la antigua Casa de Rosas y por el Mercado Central. Allí, en Alsina y Perú se encuentran varios objetos: cucharas, tinteros, rifles, espadas, trozos de loza y pelos de mujer, los que después se establece que no son otras que parte de las trenzas del Patricio que diera origen al "Motín de las Trenzas".

Desde entonces se reconocen cámaras y galerías algunas hasta con medidas precisas, 13,90m. de largo por 5 metros de ancho. Se descubren pozos con un fondo de 13 metros que se ensanchan en recintos de 4,50 metros de ancho por 10 metros de largo. Los túneles se ubican en San Telmo, Montserrat y en algunos tan alejados como el Barrio de La Recoleta.

Hoy se cree que los túneles fueron dirigidos en cuanto a su construcción quizás por Juan Krauss, Juan Bautista Prímoli o Andrés Bianchi. También se asegura que más que sitios para esconder contrabando, los túneles fueron un complicado sistema de defensa. Es posible que posteriormente hombres fuera de la ley los utilizaran para fines non sanctus.

Vale la pena reproducir una frase que el estudioso de los túneles de Buenos Aires, Carlos I. Krieger, cita en uno de sus estudios: "San Telmo es un viejo abuelo que está perdiendo la memoria, pero como se ha visto conserva recuerdos escondidos que de tanto en tanto afloran".

Los misteriosos túneles la dan la razón. Allí están provocando continuas preguntas y constantes respuestas a fin de entender el secreto mensaje de la obra humana.


Carlos Horacio Bruzera

Nota Escrita Especialmente para el PRIMER PORTAL ARGENTINO DE TURISMO MUNDIAL.
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