EMANCIPACIÓN

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EL GRITO DE ASENCIO

El inicio de la revolución

 

El 27 de febrero de 1811 día del Grito de Asencio se ha marcado tradicionalmente como la iniciación de La Revolución en la Banda Oriental también conocida como la "la admirable alarma".

Sus conductores fueron Pedro José Viera y Venancio Benavides, quienes ocuparon la población de Mercedes en la madrugada del 28. Ese mismo día, por la tarde, Pedro J. Viera ocupó la Villa de Santo Domingo de Soriano.

"Desde mi arribo a Paysandú -diría Artigas- dirigí varias cartas a los sujetos más caracterizados de la Campaña como de la ciudad de Montevideo (...) los que se ofrecieron con sus bienes y todas sus 
facultades a impulsarse en obsequio de nuestra sagrada causa."

Como las limaduras de hierro atraídas por el imán, fueron impulsadas las partidas criollas por la presencia de Artigas. Encabezados "por los sujetos más caracterizados" de cada pago, fueron rodeando la figura del Blandengue heroico, la cabeza del levantamiento, su Caudillo.

Figura omnipotente en torno a la cual se entretejieron los acontecimientos a lo largo de la década que va de 1811 a 1820, siendo la Historia de los Orientales, la Historia del General don José Artigas.

Su esfuerzo se dirigirá hacia la ciudad murada de Montevideo, foco de ligazón a los intereses europeos ajenos al sentir local.

 

EL LEVANTAMIENTO EN EL ESTE

Casupá, Minas, San Carlos, Maldonado, Santa Teresa

El Este, bajo la dirección de don Manuel Francisco Artigas, hermano menor del Héroe, se levanta como un todo. El 5 de mayo de 1811 éste escribe:

"Penetrado de los sentimientos, que inspira el amor a la Patria, salí el día 23 del pasado del Arroyo de Casupá con dirección a la villa de las Minas, cuyo pueblo tomamos después de haber parlamentado el día 24 del mismo. Luego que recogimos aquí algunas armas, y juramentados sus vecinos, seguimos nuestra marcha a la villa de San Carlos, en cuyas inmediaciones encontramos al Capitán don Juan Correa con algunos patriotas vecinos, con los que, sin la menor resistencia fuimos dueños de ella el día 28. Al día siguiente mandé de parlamentario a don Pedro Pérez a la ciudad de Maldonado, la que se rindió bajo las condiciones que hoy por la estrechez del tiempo no puedo acompañar a usted, así como el pormenor de mis operaciones y particulares servicios de mis compañeros de armas. En este mismo día sale una fuerza armada a ocupar la fortaleza de Santa Teresa sobre cuyo punto espero tener la misma suerte; que en los demás que quedan bajo mis órdenes."

"Maldonado por su situación local está expuesto a ser invadido por mar, aunque yo estoy persuadido, según la aflicción y desastres que ha padecido el Pueblo de Montevideo, no puede enviar aquí gente alguna, me parece no es prudente aventurar un punto que puede causar la ruina de las ventajas que hasta aquí he reportado: Bajo este principio pienso custodiarlo con algún pequeño piquete."

"El señor Francisco Xavier de Viana no puede seguir al mando de esta Plaza por las achacosas circunstancias de su salud, por lo mismo sólo queda en calidad de interino el patriota don Juan Correa hasta la superior disposición de usted. El Pueblo de San Carlos queda sin oficial Comandante por haber sacado de ese destino al expresado Correa, a quien por su patriotismo había puesto a la cabeza de dicho Pueblo en lo militar. Tengo bajo mis órdenes cerca de trescientos hombres armados aunque con mucha escasez municionados; pero dentro de poco debo contar con más gente, por las muchas armas que se recogen y por los auxilios que espero de usted."

"El entusiasmo crece y la voz de la justa causa que defendemos ha penetrado los corazones de toda la Campaña: todos desean unirse y si tuviéramos armas formaríamos en breve un escuadrón respetable. Con la mayor brevedad salgo con el grueso de mis fuerzas a incorporarme con una partida que tengo en Solís, unida volaremos hasta Pando y hacia aquellos destinos que miremos interesante con el objeto de estrechar a Montevideo cortándole los víveres y los auxilios, que puedan por casualidad librarse de la vigilancia de algunas otras partidas pequeñas"

 

EL COLLA, PASO DEL REY Y SAN JOSE

 

El 20 de abril, por la tarde, cae El Colla (Rosario) en poder de Venancio Benavides quien remite los prisioneros a Mercedes.

El 23, desde esta última ciudad, Belgrano le comunica a la Junta de Buenos Aires: "Mañana sale el Teniente Coronel don José Artigas, Segundo Jefe Interino del Ejército con una partida a estrechar a los enemigos."

El 25, las fuerzas de Benavides que venían de ocupar "el Colla", junto con las del Capitán Manuel Antonio Artigas que había recuperado Porongos, toman San José.

"Habiendo rendido el pueblo del Colla, llegué a San José el 24 del presente, según las formalidades envié un parlamento y habiéndome contestado negativamente quise en el acto atacarlos, me contuvo el motivo que pronto iba a anochecer. Dispuse el 25 atacarlos por los cuatro costados. El fuego fue muy activo pues se empeñó a las ocho de la mañana y cesó a las doce. El fuego fue tan seguido que no hubo en estas cuatro horas espacio de tres minutos. Seguimos avanzando, sin cesar un instante, el fuego de una y otra parte."

"Avanzaron los nuestros con tal valor y orden que en menos de ocho minutos me apoderé de los principales puntos, ganamos primeramente las azoteas y enseguida la artillería, todo casi a un mismo tiempo. Constaba de un cañón de 24 libras que tenían colocado en una de las bocacalles de la plaza y hacia el norte y el sur otros de a 4 que nos incomodaban bastante."

"Después de derrotados los contrarios y rendidos por fuerza del valor de mis oficiales y soldados, pasé luego a reconocer el Pueblo. Encontré la mayor parte de las bocacalles zanjeadas y en otras, trincheras de carretas. En la Iglesia tenían su cuartel y sin respetar el lugar tan sagrado que es éste; observé que hasta carne tenían colgada en ella, y ni aun esto dejo de hacer presente a usted, para que vea hasta que extremo llega la irreligiosidad de estos pícaros rebeldes."

"El Capitán don Manuel Antonio Artigas que vino por comisión de don José Artigas, de comandante de una división, le tocó una bala en un pie."

 

Pueblo de San José. Abril 25 de 1811.

Venancio Benavides.

 

LA BATALLA DE LAS PIEDRAS

Hacia Las Piedras

Con el impulso de don José Artigas las partidas que ya se habían acercado a la Plaza de Montevideo recogiendo caballadas y ganado se agrupan en tomo al Caudillo. Benavides se dirige a poner sitio a Colonia que caerá una semana después del triunfo de Las Piedras, el 26 de mayo, luego de un sitio de nueve días.

Siempre siguiendo la figura del Héroe, eje central de todos estos sucesos, nadie mejor que él para narrarlos:

"Las ocupaciones que me han ofrecido el honroso cargo que usted tuvo a bien confiarme, no me han permitido, desde mi salida de esa capital, dar a usted una relación detallada de los movimientos practicados y el feliz suceso de las armas de la patria; pero he cuidado de avisarlos respectivamente al señor Belgrano y al coronel don José Rondeau, desde que fue nombrado jefe de este ejército, quienes creo lo harían a usted en iguales términos."

"Aprovecho sin embargo estos momentos para elevar a su conocimiento todas las operaciones de la división de mi cargo."

"Con ella llegué el 12 del corriente a Canelones, donde acampamos destacando partidas de observación cerca de los insurgentes que ocupaban las Piedras; punto el más interesante, así por su situación como por algunas fortificaciones que empezaban a formar y por la numerosa artillería con que lo defendían."

"En la misma noche se experimentó una copiosa lluvia, que continuó hasta las diez de la mañana del 16, en cuyo día destacaron los enemigos una gruesa columna a la estancia de mi padre, situada en el Sauce, a cuatro leguas de distancia de las Piedras, con objeto de batir la División de Voluntarios del mando de mi hermano don Manuel Francisco Artigas, que regresaba por orden mía de Maldonado, a incorporarse con mi División. Se hallaba acampado en Pando y luego que sus avanzadas avistaron al enemigo, me dio el correspondiente aviso pidiéndome 300 hombres de auxilio: en cuya consecuencia y de acuerdo con los señores capitanes determiné marchar a cortar a los enemigos."

En los días previos a la batalla Elío trató de atraerse a Artigas a su causa por intermedio de su concuñado don Antonio Pereira. Llevaba la carta don Manuel Villagrán (cuñado y primo del mismo).

 

Artigas respondió: "Sólo aspiro al bien de mi Patria en la justa causa que sigo."

 

PRIMER SITIO A MONTEVIDEO

El inicio

 

El triunfo de Las Piedras mostró a los orientales que eran capaces de valerse por sí mismos, a la vez que aumentó la aureola de prestigio de su jefe.

El Teniente Coronel don José Artigas es ascendido por la Junta a Coronel y entre otros premios recibe de regalo una espada que ha llegado a nuestros días, ligada a un hermoso episodio familiar.

Tres días después don José Artigas pone sitio a Montevideo. El día 1º de junio de 1811 llega el Coronel Rondeau con el grueso del ejército a reforzar al mismo.

Al instalarse el sitio de Montevideo la situación de la Plaza se agravó. Cortados los abastecimientos por vía terrestre, pronto aparecen las enfermedades propias de toda ciudad sitiada.

 

"Sin embargo el asedio continuaba respirando confianza, cuando aparece inopinadamente otra misión del gobierno de Buenos Aires, cometida al representante salteño, Dr. don Julián Pérez, que había pertenecido a los anteriores diputados: su misión era sin réplica, para que el General en Jefe Rondeau, dispusiese su retirada a repasar el Río de la Plata, ínterin él recababa un armisticio con el General Elío, garantizando a los habitantes que se hallasen en el caso de no seguir el ejército, sin responsabilidad de sus opiniones o procederes cualesquiera los que hubiesen tenido contra el gobierno de Montevideo, etc., etc."

"Este fue un nuevo conflicto para el General en Jefe, no poder evadirse ni tampoco revelarlo, de modo que tuviese trascendencia al vecindario patriota y armado por la causa de la libertad unido al ejército, en el sitio y en campaña. El militar tiene una obediencia pasiva para con sus superiores y así fue simulada la nueva misión bajo ciertos pretextos y operaciones que daban distinto sentido a la estabilidad del ejército. Mas no pudo ocultarse todo y los habitantes apercibidos del misterio, se alarmaron altamente: se hizo una representación bajo la influencia del Coronel Artigas, por su primo y secretario el joven don Miguel Barreiro, llena de fuego y de la energía que da la primera edad; paso que no dejó de dar algún cuidado al Dr. Pérez y que su prudencia adoptó llamar a una reunión al vecindario en el mismo Cuartel General, que lo era entonces en la quinta conocida por de "La Paraguaya" hacia las "Tres Cruces."

"Efectivamente hubo una numerosa reunión, a quien se hicieron entender las órdenes del gobierno para llevar a todo trance la suspensión del Sitio y retirada del ejército; llegando en aquel acto un ayudante del General Elío con las garantías acordadas."

"Siguieron las resistencias que tan vivamente sugería el más alto compromiso, despreciando la confianza en las supuestas garantías de una autoridad española que acababa de clasificar el gobierno patrio, por refractario en todos sus actos; pero ya no tenía remedio; el General en Jefe se disponía, aunque forzado por la subordinación militar. El coronel Artigas, que había concurrido también estaba menos conforme con la suspensión y retirada; mas viendo que sin un trastorno no podía evitarse, fue él que parándose dijo: "Que cuando el gobierno lo había resuelto, sería urgente y que tampoco podían interpretarse las miras ulteriores, que acaso, se reservaba más adelante". Aquí concluye todo y se dispuso definitivamente la evacuación del ejército".

 

Relato de don Carlos Anaya. Testigo presencial.

 

LAS INTRIGAS DEL AYUI

Antecedentes

 

En abril de 1812, el General Artigas cruza el río Uruguay con la intención de iniciar la reconquista de nuestro territorio.

Ante las dificultades que se presentan, regresa a la ribera occidental y se instala en el Ayuí. El 26 de mayo de 1812 se firma en Buenos Aires el Tratado Juan Rademaker - Nicolás Herrera por el cual se establece un armisticio (entre bonaerenses y portugueses) y la evacuación de las tropas a sus territorios. De Souza demora hasta setiembre el retiro de sus fuerzas.

El Triunvirato envía a uno de sus miembros, Manuel de Sarratea, como Jefe del Ejército que pasará a la Banda Oriental para atacar a los montevideanos, luego de desalojada ésta por los portugueses. Marcha el improvisado general hacia el Ayuí a hacerse cargo del ejército, a apurar su organización e instrucción, aunque llevaba otra misión, de más trascendencia, separar las fuerzas del general Artigas de su mando, así como eliminar la influencia de los orientales que en el Ayuí seguían en el goce de sus funciones que como nueva entidad venían ejerciendo: desde la Panadería de Vidal, desde "La Paraguaya" y desde San José.

El General Artigas, general en jefe de su pueblo y a su vez militar subordinado del gobierno bonaerense, supo mantener el respecto que lo caracterizaba a las instituciones y guardó la necesaria circunspección ante los desplantes del Triunvirato.

Desde un primer momento le rindió los honores correspondientes a su jerarquía. Transcurrido el tiempo, el General Sarratea empezó a dar órdenes a los subordinados de Artigas pasando por encima de su jerarquía: los malos orientales, atentos al canto de sirena que les prometía beneficios personales, se alejaron del campamento de Artigas y lo peor, lo hicieron con sus tropas. Olvidaron que si por algo habían sido fuertes los orientales, en los peores momentos, había sido por su unión.

Se va el Teniente Coronel Eusebio Baldenegro, su Mayor General (el segundo de Artigas), se va el Teniente Coronel don Ventura Vázquez* con el Regimiento de Blandengues (cuerpo del que Artigas era jefe, sin perjuicio del comando superior del Ejército Oriental). Se van los comandantes Pedro J. Viera y Baltasar Vargas. Se va el Capellán del Ejército Santiago Figueredo.

 

SEGUNDO SITIO A MONTEVIDEO

 

"Se aumentaron las comunicaciones al Yí; se fueron aquellos acercando y cuando ya estuvieron en el paralelo de Las Piedras -dice el padre Bartolomé Muñoz- a cuatro leguas de distancia se ordenó solemnemente la reunión".

"El 26 de febrero de 1813, amanecieron formadas las tropas de Infantería en toda la línea del sitio, en este orden: el Regimiento de Granaderos, el No. 3, el 4 y el 6, todos de gala con sus Jefes, Banderas y músicas. La Artillería formó su Cuerpo en el Cerríto de la Victoria; colocó en su cima diez piezas, a más de 4 volantes que con los Dragones y toda la Caballería, toda la Plana Mayor y muchos vecinos salimos a dos leguas de distancia a recibirlos. A las 8 acampábamos ya incorporados al Sitio."

"A las 10 de la hermosísima mañana se presentaron los batidores a la que seguía una columna que parecía interminable pues pasaba de 5.000 hombres; esta reunión del Ejército del Sitio era el inmenso pueblo que se juntó de todas partes hizo temblar los muros de la Plaza sitiada que se cubrieron de gente, así como sus azoteas, al ruido del saludo de 21 cañonazos en el Cerrito."

"Eran las 12 cuando llegaron los Generales a las líneas por donde habían pasado las tropas entre los más tiernos vivas a la Patria y a la unión siempre interesante, mezclados con los sollozos de las almas sensibles incitadas por las músicas y por lo tierno de la escena en que las aspiraciones eran, bendito Dios con esta unión 5.000 enemigos menos que son 5.000 amigos más."

"Cien indios charrúas cerraban la retaguardia. La multitud de carretas, familias, bagajes, etc. no acababan de llegar en dos días después."

"El 27 salió Blas Pico para Buenos Aires y unos para el arroyo de la China. Supe que la guerrilla de ayer de tarde la mandó el Jefe Oriental y los charrúas echaron a la Plaza algunas flechas, pero uno salió herido."

 

Tomado del diario de Francisco Acuña de Figueroa el 26 de febrero de 1813.

 

El preludio del Éxodo

 

El 10 de octubre tiene lugar la segunda reunión de los orientales, en la quinta de la Paraguaya. Los orientales dejados a un lado se enteran de su futura suerte y presentan una nota ante el jefe sitiador José Rondeau. En ella solicitan se les escuchase antes de ser levantado el sitio.

Concurre a esta reunión el delegado bonaerense José Julián Pérez, ante el cual exponen los orientales su decisión de mantener el sitio por sí solos. De nada valieron las explicaciones del Dr. Pérez, ni las derrotas del Alto Perú ni el peligro portugués, para cambiar de idea a los orientales.

En esta reunión el Coronel Artigas es designado General en Jefe de los Orientales. En los momentos de peligro, en las horas de incertidumbre, el comandante militar es llamado por su pueblo para transformarlo en su guía, en su Conductor.

Esto ocurría el 10 de octubre. El 14 es levantado el sitio por parte de Rondeau, los orientales confiados en que sus aspiraciones iban a ser escuchadas por el novel Triunvirato y con la excusa de ocupar una posición mejor para defenderse de los portugueses, siguen al ejército de Rondeau.

El 20 de octubre Elío aprueba el Tratado (armisticio) sobre las bases del 7 de octubre. Las fuerzas de Rondeau abandonan la Banda Oriental sobre la cual Elío ejercerá total jurisdicción. Quedaban bajo su dependencia, además, los pueblos de Arroyo de la China, Gualeguay y Gualeguaychú. Mientras que Elío levantará el bloqueo de Buenos Aires y de los ríos.

Los orientales se enteran de la firma del Tratado el 23 de octubre, en el Paso de la Arena (San José), donde no son contemplados. Eran abandonados al enemigo prácticamente sin ninguna garantía. Deciden emigrar poniendo de manifiesto, en ese momento, la tendencia autonomista de la Banda Oriental.

El "Nada debemos esperar sino de nosotros mismos" aparecería asentado a partir de estos momentos en el epistolario artiguista a lo largo de la década.

De allí en más, a lo largo de nuestra vida como Estado independiente, siempre tendremos en cuenta la expresión: "¡Pobre de aquellos que van a buscar ayuda al extranjero para solucionar los problemas domésticos! ... Traerán sobre sí la condena de las generaciones venideras."

 

 

LA CAPITULACION DE MONTEVIDEO

La guerra con el Directorio

 

Retirado el General Artigas del Sitio de Montevideo (20 de enero de 1814), los orientales que permanecen en el mismo se agrupan en dos regimientos, los números 9 y 10 de las Provincias Unidas. De éstos subsistió el Nº 9*, que luego de tomar Montevideo, lucharía en el frente del Alto-Perú. Este Regimiento se destacó en la batalla de Sipe-Sipe, donde cubrió la retirada del ejército patriota derrotado, al mando de su jefe el Coronel Manuel Vicente Pagóla.

El triunfo naval de Guillermo Brown, Jefe de la Flota de las Provincias Unidas sobre la costa montevideana en el Buceo, el 17 de mayo de 1814, priva a la plaza sitiada de recibir auxilios de todo tipo.

Cuando ya fue inminente su caída, Carlos Mana de Alvear, sobrino del Director Posadas, reemplaza a José Rondeau en la dirección del Sitio. El 20 de junio Vigodet capitula, entrega la ciudad en depósito. Ambos bandos reconocen la integridad de la Monarquía española (las Provincias Unidas forman parte de la misma). Las tropas se trasladarían a Maldonado y con ayuda se dirigirían a España.

El día 23 entra Alvear a la ciudad, la capitulación es violada, deja a un lado todos los principios del derecho (internacional) de gentes, de la dignidad militar y aún de la propia educación personal.

Mientras esto tenía lugar, Femando Torgués con sus fuerzas se aproxima a Las Piedras, es sorprendido y dispersado por las fuerzas del Directorio.

El día 9 de julio se reúnen en el Fuerte (hoy plaza Zabala) Alvear con los representantes artiguistas Miguel Barreiro, Tomás García de Zúñiga y Manuel Calleros. De allí surge un tratado que en sus puntos fundamentales se refiere a que:

la Provincia Oriental forme parte de las Provincias Unidas; 

reconoce obediencia al Gobierno Supremo; 

habrá nueva elección de diputados para la Asamblea; 

Artigas no tendría pretensiones sobre Entre Ríos; 

sería reconocido como Comandante General de la Campaña; 

sería además reivindicado.

 

 

El 17 de agosto se anula el decreto del 11 de febrero de 1814, declarando al General "buen servidor de la Patria" y se le conceden títulos militares. El General los devuelve expresando: "Ser útil a mi país es bastante premio".

Alvear hizo uso del convenio del 9 de julio en forma similar que durante la capitulación de Vigodet. Vuelve de Buenos Aires, vía Colonia, para combatir a los orientales. El 4 de octubre el Coronel Manuel Dorrego derrotó en Marmarajá al Coronel Torgués quien se vio obligado a pasar al dominio portugués por el Chuy.

Mientras seguía la lucha en la campaña, entre las fuerzas de Alvear y las de Artigas, se sucedían los gobiernos de Nicolás Rodríguez Peña (hasta setiembre) y de Miguel Estanislao Soler. El Cabildo fue sustituido por otro de hechura del Directorio, mientras que los bienes de la Provincia y de los emigrados pasaban a engrosar las arcas de Buenos Aires.

Durante la guerra con el Directorio se buscó la posible ayuda portuguesa, ya fuera en municiones, ya a través de la frontera en caso de derrota, para ello fue enviado Miguel Barreiro quien en los últimos meses de 1814 lo ubicamos en Río Grande. Torgués había tratado de entablar comunicaciones con los portugueses a través de la misión del presbítero José Bonifacio Redruello y el Capitán José Mana Caravaca.

Cuando la misión de Barreiro a Río Grande, aparece en la secretaría del General Artigas otro personaje de singular relevancia, el padre José Silverio Benito Monterroso, cuyos manuscritos, como lo han sido hasta este momento los de Miguel Barreiro, dejarán para la posteridad los trazos nacientes de la Orientalidad.

Esta campaña culmina con el triunfo de las fuerzas del Comandante don Fructuoso Rivera sobre Dorrego en Guayabos, el 10 de enero de 1815.

 

"Por los partes continuados el enemigo carga mañana sobre nosotros. Yo me retiro hacia Lunarejo porque estamos muy divididos para obrar. Usted reúna toda la gente, que pueda, y mañana arree cuanta caballada se encuentre y marche por las puntas de Arerunguá buscándome hacia aquel paraje."

"Mande usted chasque a don Rufino para que no se ensarte. Yo ya lo hice esta mañana para que mudase de dirección tirando hacia Arapey. Haga usted esta diligencia diciéndole no se duerma tanto."

 

"Cuartel andante. Enero 4 de 1814.

José Artigas."

 

Comunicación del General Artigas al Comandante Fructuoso Rivera, previo a Guayabos. Letra de Monterroso.

 

 

ARTIGAS EN LA MESOPOTAMIA

Una figura demasiado influyente

 

En los últimos meses de 1810 se podía detectar la presencia de Artigas en el territorio entrerriano en protección del orden y sosiego público. Mas adelante, como Teniente Gobernador del Yapeyú y durante el Exodo del Pueblo Oriental, brindó también protección a los pueblos misioneros y correntinos de las incursiones de los portugueses que incendiaban y devastaban los pueblos y villas a su paso.

Las villas de Gualeguay, Gualeguaychú y Arroyo de la China habían sido abandonadas a Elío por Buenos Aires, de acuerdo con el Tratado de Pacificación del 20 de octubre de 1811, de manera que todos estos pueblos veían con simpatía la figura de Artigas. Esta, entonces, se acrecienta en el transcurso del año 1812, por su oposición al centralismo.

Durante el año 1813, las fuerzas partidarias del triunvirato; en Entre Ríos (Hilarión de la Quintana) y en Corrientes y Misiones (Bernardo Pérez Planes) chocan constantemente con los partidarios del General Artigas. La causa de éste llegó a influir hasta el extremo de que el Comandante de la Frontera Sur del Paraguay, don Vicente Antonio Matiauda, con asiento en Candelaria, antes de recibir órdenes de su Gobierno, apoyó al caudillo oriental.

Por otra parte el retiro del General Artigas del Sitio de Montevideo fue seguido por un decreto firmado por el nuevo gobernador porteño, Director Gervasio Antonio Posadas de fecha 11 de febrero de 1814, declarando a Artigas "traidor a la Patria".

 

 

Art.1 - Se declara a don José Artigas infame, privado de sus empleos, fuera de la Ley y enemigo de la Patria.

Art. 2 - Como traidor a la Patria será perseguido y muerto en caso de resistencia.

Art. 3 - Es un deber de todos los pueblos y las justicias, de los comandantes militares y de los ciudadanos de las Provincias Unidas perseguir al traidor por todos los medios posibles.

 

Cualquier auxilio que se le dé voluntariamente será considerado como crimen de alta traición.

Se recompensará con seis mil pesos a los que entreguen la persona de don José Artigas vivo o muerto.

 

Lo firman Posadas y Nicolás Herrera, su secretario.

 

El combate de Espinillo

 

La forma que fueron tomando las cosas llevó a la confrontación de los dos bandos. Como a fines de 1812 y comienzos del 13, las partidas artiguistas interceptaban la correspondencia y atacaban a las fuerzas del Directorio. La suerte de la campaña se jugaba en Entre Ríos. Mientras Montevideo mantuviera su flota, la vía terrestre iba a ser la del tránsito de los refuerzos que llegasen a Rondeau. El Triunvirato durante el año 1813, trató de lograr el dominio de esta vía. Artigas, como tenía conocimiento de ello, lo manifiesta en las instrucciones dadas a Larrañaga, luego del rechazo de los diputados orientales en junio del mismo año.

El Barón de Holmberg recibe entonces órdenes de alistar 400 hombres en Santa Fe con su correspondiente artillería, reunirse con Hilarión de la Quintana y armar cuantos individuos encontrase. "El primer objeto de su comisión es apoderarse de todos modos y a cualquier costa de la persona de don José Artigas". Holmberg deberá reunirse entonces a Pérez Planes.

"Luego que esté en disposición de hostilizar lo hará infatigablemente, cortando víveres, convoyes, estorbando la reunión de las familias y de gentes armadas o inermes, desmembrándole las que tenga reunidas ya por medios de dispersión, ya por premios que ofrecerá a los que lo abandonen y el de 6 mil pesos al que lo entregue vivo o muerto al citado Artigas".

"Si llegara a apoderarse de éste o de las personas de Barreiro, Torgués o Texo, los hará fusilar".

"Para que pueda proceder con la debida legalidad publicará el día 16, así en las divisiones militares como en los pueblos de Entre Ríos un bando en que se declare traidores a la Patria a Artigas y sus cómplices. El bando se remitirá oportunamente".

 

Artigas, al decir del Padre Felipe Santiago Torres de Leiva "era la Patria de esta Banda", todos le seguían. Los directoriales trataban de mantener los puntos claves: Santa Fe, la Bajada, Arroyo de la China. La rápida acción de Torgués, saliendo de Paysandú, atravesando el Uruguay por el Paso de Vera, tomando Arroyo de la China, destruyendo en Gualeyguaychú a de la Quintana, se une finalmente a los caudillos entrerrianos y en rápidas marchas se aproxima a la Bajada. Holmberg sólo encuentra mujeres y niños pero de acuerdo a las instrucciones siembra el terror y se produce lo que preveía Rondeau al sugerirle a Posadas que: la declaración que previene al Barón de Holmberg publique como bando puede ser un motivo para que lejos de disminuirse se aumente el partido de don José Artigas.

 

Más adelante, Rondeau hace referencia a la correspondencia del Jefe de los Orientales.

"En ella como en los demás papeles, que no se descuida hacer correr, verá usted vertido el más decidido patriotismo y amor a la justa causa, con una propensión especial en la que pone todo su conato a la libertad y felicidad de ésta que llama su Provincia: con estas protestas no es fácil persuadir a aquellos que oyen sus papeles y a los que lo escuchan de cerca que Artigas ha hecho traición a la Patria y sólo podrán entenderlo así cuando lo viesen unido a los enemigos de ella. ¿Cuánto valor no daría a su lenguaje si se hiciese pública tal declaración contra él? Nada de esto, señor Excelentísimo; yo la creo no sólo innecesaria sino que la temo muy perjudicial."

 

En Espinillo, próximo a la Bajada, inmediato al río Paraná, el 22 de febrero de 1814, tiene lugar el célebre encuentro. Habían transcurrido 33 días después del abandono del Sitio. La celeridad de las tropas orientales, para los medios de transporte empleados, visto hoy día, hace parecer imposible este triunfo artiguista. El general Artigas, desde el Cuartel General de la Invernada, seguía los acontecimientos.

Más al norte que Torgués, Blas Basualdo cruza el Uruguay rumbo a Curuzú-Cuatiá; en los campos de Colodrero, próximo al río Batel triunfa sobre Genaro Perugorría (diciembre de 1814). El paraguayo Vicente Antonio Matiauda se dirige hacia el sur. El 11 de marzo, Corrientes está en manos del partido de Artigas. El 20 de abril, el Congreso correntino lo nombra su Protector.

En los meses de enero y febrero de 1815, Montevideo trata de atraer a Artigas. Meses más tarde, en mayo, el General Pezuela triunfante en el Alto Perú pretende lo mismo. 

 

Artigas le responde: "Y cuando mis días terminen al estruendo del cañón dejaran mis brazos la espada que empuñaron para defender la Patria. Yo no soy vendible, ni quiero más premio por mi empeño, que ver libre a mi Nación del poderío extranjero".

En esta campaña se distinguen entre otros: don Andrés Latorre, Gorgonio Aguiar, Blas Basualdo, Manuel Francisco Artigas

 

La Misión Amaro-Candiotti, el acuerdo imposible

 

Al mes siguiente de dictado el Decreto contra el General Artigas la posición de Posadas es completamente opuesta ante la actitud de los partidarios del Protector.

El Director Posadas asume una política cautelosa enviando ante el General al Presbítero Mariano Amaro y a don Francisco A. Candioti.

El 23 de abril, Artigas y los comisionados, frente a Belén, firman las bases para un acuerdo. En ellas se busca restablecer el concepto y honor de Artigas. Se habla de la independencia de Entre Ríos, del cual es Protector el ciudadano Jefe de Los Orientales don José Artigas, y de la Banda Oriental. Esta independencia no es nacional. Se siguen los principios confederales del Caudillo.

Estas bases no fueron aprobadas por el Directorio.

 

 

LA ENTRADA EN MONTEVIDEO

 

El triunfo de Rivera en Guayabos es el triunfo de la causa artiguista. Los orientales obtienen el dominio absoluto de la Provincia Oriental.

La entrada de las fuerzas patriotas a Montevideo se lleva a cabo el 26 de febrero de 1815. Los integrantes de la vanguardia de los Dragones de la Patria (cuerpo del coronel Fernando Torgués) al mando del Capitán José Llupes son los primeros en llegar. Inmediatamente se exigió la elección de un nuevo Cabildo para sustituir el que fuera designado durante la dominación directorial, con personas adictas a su causa. Con los nuevos integrantes comenzó a sesionar en los primeros días de marzo.

Entrar a Montevideo el Gobernador y Capitán General Soler con toda su expedición y disponerse a evacuarlo, todo fue obra de pocos días. Mandó cerrar los portones, embarcar todo el brillante parque de bronce, armamentos, balas, municiones y cuanto elemento bélico habían dejado los españoles, sin dejar una libra de pólvora, pues estando abarrotados los buques conductores y no cabiendo en los depósitos de pólvora que estaban en las Bóvedas, se mandó tirarla al agua por las claraboyas que caían al Puerto. Imprudentemente, por ahorrar tiempo, arrojaban la pólvora con palas de fierro; esta se incendió y volaron tres bóvedas con fatal estrago de todo aquel barrio, sepultando en sus escombros a los encargados de la operación e infinitas víctimas entre hombres, mujeres y niños agolpados a la curiosidad. Tal desgracia dejó muy mal puesto el nombre del General Soler, así por esta conducta como por sus antecedentes.*

El Cabildo estaba integrado entre otros por Tomás García de Zúñiga y Pablo Pérez como alcaldes de lo. y 2o. voto, León Pérez como Alcalde Provincial y Felipe Santiago Cardozo como Regidor Decano. El 21 de marzo, García de Zúñiga entrega el gobierno al Gobernador Político y Militar don Femando Torgués, designado por el general Artigas.

A este periodo se le conoce como de la "Patria Vieja". Es la edad de oro de los orientales. Luego del triunfo de Guayabos, el general Artigas, en una rápida ofensiva, se dirige a la Bajada (Paraná) y Santa Fe donde lo encontramos en los meses de marzo, abril y mayo. En mayo de 1815, lo tenemos de regreso en Paysandú. El triunfo de su causa llega en abril hasta Buenos Aires.

En junio de 1815, el General hace referencia** a la fundación de un nuevo pueblo ubicado en el centro de su zona de influencia y desde el cual hará efectivo el gobierno de los Pueblos Libres, del cual él es su Protector. En julio se advierte la presencia de Artigas en Purificación.

El general Artigas quería extirpar de la sociedad a los elementos que representaban un peligro para la realización de sus ideales políticos, los enemigos del Sistema de la Patria.

Corto fue el gobierno de Torgués, Teniente de Artigas sobre el cual, aún hoy, persiste la leyenda negra a través de las medidas que se vio obligado a adoptar ante la amenaza de la expedición reconquistadora española que al fin se dirigió hacia Nueva Granada. El General dispone que cubra la línea de invasión del Cerro Largo.

Designa al Coronel Fructuoso Rivera como Comandante militar y a don Miguel Barreiro como su Delegado quien con el Cabildo se hará cargo del Gobierno de la Provincia. Barreiro llega a fines de agosto. El Cabildo de 1815 es relevado por otro elegido por un cuerpo electoral integrado por un elector de cada cabildo de la Provincia (Colonia, Guadalupe, Maldonado, San José y Soriano) al que se agregaron los cabildantes salientes y seis electores por Montevideo: dos por extramuros y cuatro por la ciudad (cuatro cuarteles).

En noviembre de 1816, ya desatada la guerra con Portugal, el general Artigas decide que continúe en sus funciones, durante el año 1817, el Cabildo Gobernador de 1816.

 

LA LIGA FEDERAL

Introducción

 

Las ideas federales, herencia hispánica, producto del sentir localista de la Península implantado en América, se vieron impulsadas por la circulación de los textos norteamericanos, en boga en el correr de la década. Para llevarlas adelante fue necesario luchar contra el centralismo enraizado en Buenos Aires.

El Ejército de Buenos Aires es "ejército auxiliador". Artigas al referirse a Rondeau habla del "General en Jefe auxiliador". En el Convenio del Yi (Art. 9º) sigue precisando sobre las fuerzas auxiliadoras, se repite en el articulado dado a García de Zúñiga, pudiendo citarse otros ejemplos.

En el artículo 8º de las instrucciones dadas a García de Zúñiga, habla de la "soberanía particular de los pueblos". La Oración Inaugural hace referencia a la obediencia por acatamiento o Pacto de la Asamblea General Constituyente. En las condiciones para reconocer a la Asamblea repite los conceptos vertidos en las Instrucciones que se deben comparar.

El doctor Emilio Ravignani ha visto en los Artículos Convencionales de la Provincia Oriental (19 de abril de 1813) firmados por Rondeau y Artigas, la iniciación de los pactos interprovinciales. No se puede, al estudiar la Liga Federal, dejar de lado el contenido de los cuatro pliegos conocidos de las Instrucciones, así como los dos proyectos de Constitución (General y Provincial).

La Liga Federal es la culminación del pensamiento político del general don José Artigas en lo que tiene que ver con la organización y funcionamiento de la Confederación. Dura mientras él está al frente, hasta el año 1820, pero esta siembra dará frutos en el mismo territorio donde fue combatida.

El triunfo de Colodrero (24 de diciembre de 1814) deja a Corrientes libre de las fuerzas centralistas, así como Guayabos provoca lo mismo en la Provincia Oriental. El coronel Eusebio Baldenegro, al servicio del centralismo desde el Ayuí, abandona Entre Ríos y se dirige hacia Buenos Aires ante el artiguismo triunfante.

Inmediatamente, el General Artigas parte hacia la Bajada (Paraná), siguiendo la estela triunfal de Eusebio Hereñú y Manuel Francisco Artigas, quienes pasan el Paraná y el viernes de la Semana Santa de 1815, ocupan Santa Fe liberándola de las fuerzas directoriales que han hecho de esta Provincia una gran estancia al servicio de la Capital, impidiendo el empleo de su puerto que por su ventajosa posición debía haber sido utilizado como entrada y salida de los productos hacia el norte y oeste.

 

Proceso de formación

 

El proceso de la formación de la Liga Federal (o Confederación Oriental, como dice Artigas en 1814) se puede dividir en los siguientes pasos:

 

1. Expulsión de los gobernantes centralistas.

2. Formación de un Congreso Provincial.

3. Declaración de la Independencia de Buenos Aires bajo el Protectorado del General Artigas.

4. Formación de la Liga a través de los pactos entre las provincias independientes.

 

La liberación de Corrientes

La noche del 10 al 11 de marzo de 1814, tiene lugar la deposición del Gobernador José León Domínguez. Lo sustituyó Juan Bautista Méndez. El Cabildo declara la independencia de Buenos Aires y proclama al General Artigas Protector de Corrientes.

El General hace saber que el Cabildo de Corrientes no puede tomar esa decisión. Lo debe hacer un congreso en que estén representados los pueblos (villas).

"Yo dedicaré todos mis desvelos para corresponder a las esperanzas de ese digno pueblo en su nueva reforma, protegiendo sus intereses con todos los recursos de la Liga.

Tampoco puede ocultarse a usted la precisión de mantener en todo el grado posible aquella uniformidad respectiva, que no removiendo cosa alguna que pueda servir a la confianza de los pueblos, presenta en su feliz combinación todas las ventajas de la reciprocidad de intereses con las demás para la precisa seguridad. Es preciso pues que ese pueblo puesto en pleno goce de sus derechos restablezca su dignidad y grandeza entrando a su ejercicio; es preciso que exprese su voluntad, que se constituya; y en fin es preciso que se organice y establezca sus intereses."

Este se reúne en junio de 1814 bajo la presidencia de Genaro Perugorría, pero el 20 de setiembre se ve frenado el proceso por la disolución del Congreso correntino.

 

Unión a lo largo del Uruguay y el Paraná

 

Todos los pueblos situados a lo largo del Uruguay y el Paraná están bajo un mismo pie de reforma y han saludado el restablecimiento de la armonía general, de la prosperidad, la vida y la paz y la libertad de los sucesos de Gualeguaychú, Espinillo, Bajada, Concepción y la Cruz y luego que se fije en todo el territorio el plan de su seguridad, se verificará la organización, consultando cada una de las provincias todas sus ventajas peculiares y respectivas y quedarán todas en una perfecta unión entre si mismas; no en aquella unión mezquina que obliga a cada pueblo a desprenderse de una parte de su confianza en cambio de una obediencia servil, si no en aquella unión que hace al interés mismo sin perjuicio de los derechos de los pueblos y de su libre y entero ejercicio. Es así que el General escribe a Juan Bautista Méndez, el 29 de marzo de 1814:

Si mis pensamientos hubieran sido menos delicados yo me avezaría de haberlos concebido pero adorador eterno de la soberanía de los pueblos, sólo me he valido de la obediencia con que me han honrado para ordenarles que sean libres. Yo lo único que hago es auxiliarlos como a amigos y hermanos pero ellos solos son los que tienen el derecho de darse la forma que gusten y organizarse como les agrade y bajo su establecimiento formalizarán a consecuencia su preciosa Liga entre sí mismos y con nosotros, declarándome yo su protector.

 

 

Luego escribe al Cabildo de Corrientes, el 8 de abril de 1814:

 

Yo tuve la honra de indicar a usted la necesidad de convocar un Congreso Provincial para plantar un orden fijo y obstruir así los pasos a las convulsiones. Todas las instancias que me dirigían los ciudadanos rurales para el establecimiento de los intereses del país eran contestadas, expresándoles yo que sólo debían esperarlo del Congreso. En suma, yo dediqué mi principal conato en desviarlos de todo pensamiento que pudiera encaminarlos a la disolución de la Provincia, obligándolos siempre a conservarse dependientes de las autoridades constituidas en esa ciudad y a esperar de ellas mismas las deliberaciones que debían influir en el negocio de reforma a que aspiraban.

Entendiendo la importancia de la provincia de Corrientes, Artigas nombra a su hermano, Manuel Francisco Artigas, como su representante ante ella.

Llamado a mi provincia por la exigencia de los negocios generales y conociendo por otra parte cuanto reclama la conservación de los intereses de esa y demás del territorio entero de Entre Ríos, he tenido a bien adornar con todas las facultades bastantes al ciudadano Manuel Francisco Artigas, para que represente y haga mis veces en todo ese indicado territorio, facilitando así la mayor prontitud en el giro de las relaciones y manteniendo de ese modo la mediación debida en cuanto concierne a la protección de sus negocios. Yo tengo la satisfacción de noticiarlo a usted para que (sin perjuicio de cuanto guste comunicarme) se sirva entenderse directamente en todo con el citado ciudadano, quien se halla provisto de todos los conocimientos y detalles para establecer y arreglar dignamente su comisión.*

 

Dando el ejemplo a seguir, el Artigas comunica:

 

La pureza de mi conducta debe ser la norma de los demás subalternos. De lo contrario ellos serán responsables de sus defectos y yo no podré mirar con indiferencia su castigo. Al tenor de las cabezas se mueven los miembros del cuerpo político y según sus virtudes son la trascendencia a la sociedad.

No hay que invertir el orden de la justicia. Mirar por los infelices y no desampararlos sin más delito que su miseria. Es preciso borrar esos excesos del despotismo. Todo hombre es igual en presencia de la ley. Sus virtudes o delitos los hacen amigables u odiosos. Olvidemos esta maldita costumbre, que los engrandecimientos nacen de la cuna; córtese toda relación, si ella es perjudicial a los intereses comunes. La Patria exige estos y mayores sacrificios y ya no es tiempo de condescendencias perjudiciales.

 

La liberación de Montevideo

 

El 23 de junio de 1814, Montevideo cae en poder de Alvear. El 10 de enero de 1815, tiene lugar la batalla de Guayabos.

Nadie más interesado que yo en el restablecimiento de la paz y de la unión, cuando esa ilustre Corporación me invita para realizar tan noble empeño, no ha hecho más que llenar el blanco de mis deseos en obsequio de la felicidad del país. Por ella encarezco usted sus votos ante el señor Representante de Buenos Aires para que retire todas las fuerzas de esa Plaza y de Entre Ríos; sin este requisito ni cesarán las hostilidades, ni podremos ajustar el convenio porque usted tanto se interesa.

Tengo la honra de saludar a usted con todo respeto y dedicarle mis más afectuosas consideraciones.

José Artigas al cabildo de Montevideo, 20 de febrero de 1815.

El 25 de febrero del 1815, las fuerzas directoriales abandonan Montevideo.

 

La liberación de Santa Fe

 

El 24 de marzo de 1815, las fuerzas artiguistas entran triunfantes en Santa Fe. El 2 de abril, Francisco Antonio Candioti, "el patriarca de los gauchos", es designado gobernador. Se iza la bandera tricolor artiguista.

El 26 de abril se declara la independencia de Buenos Aires bajo el Protectorado de Artigas. Candioti es confirmado en el cargo de Gobernador.

Cuando este pueblo logró por el auxilio del digno Jefe de los Orientales librarse del Gobierno opresor, que reconocían las Provincias Unidas y constituirse independiente, no olvidó el mísero estado de ese, que más de cerca experimentaba los efectos de la tiranía y en la elevación de sus júbilos, descendía a veces a lamentar esa situación, deseando eficazmente que cuanto antes se librase de ella, para que con los demás pueblos hermanos gozase de la verdadera unión, libertad e independencia porque han peleado con tanto tesón y sacrificio.

Sala Capitular de Santa Fe, abril 22 de 1815.

Al Cabildo de Buenos Aires.

 

Diario de Manuel Ignacio Diez de Andino:

 

Marzo

El 8 de marzo (1815), que el Coronel don José Artigas venia a la Villa del Paraná, con un ejército crecido. Mandó el Teniente Gobernador don Eustaquio Díaz Vélez y el Cabildo a don Juan Francisco Tarragona, de embajador y estando la boca del río libre del francés pirata, pasó a la Bajada y habló con el comandante don Eusebio Hereñú, el que contestó no podía deliberar porque el Coronel (J. Artigas) venía del Uruguay. Se le mandó correo y contestó el 17, del cuartel de Nogoya, mandando un oficio a su hermano don Manuel Francisco, que lo hacía en Cayastá, contuviese a los indios y se suspendiese hasta su determinación.

Ayer 18, caminó el oficio con un oficial y treinta soldados a Cayastá y don Juan Francisco Tarragona caminó al Paraná, el 17 del corriente, de embajador al coronel Artigas. Volvió; ignoramos la contestación. Volvió el veinte del corriente dicho Tarragona, con don Francisco Antonio Candioti.

Hoy 24 de marzo amanecieron en el puerto tres barcos armados y varios botes de transporte de la tropa que traía de custodia el comandante don Eusebio Hereñú y allegándose los barcos a tomar el que tenía armado Díaz Vélez, dicen hizo fuego el francés pirata.

Viernes Santo 24 de marzo de 1815. Se tomó posesión del barco, la Aduana y plaza, como a las siete de la mañana (Viernes Santo), coronando las cuatro cuadras de la plaza de la tropa que se pasó de la otra banda de Paraná, con fusiles y bayonetas. Como cuatrocientos vinieron con botes y canoas y de este lado tomaron caballos que para este fin estaban dispuestos.

Hoy 25 del corriente entró don Manuel Artigas con su custodia de soldados, tres caciques y fray Ignacio Yspurga, cura del pueblo de San Javier. Dejan al corregidor Manuel con cuatrocientos a quinientos indios en la estancia de don José Aguiar, a cuatro leguas de esta ciudad.

Díaz Vélez se embarcó con los soldados porteños y oficiales desarmados, el 28 de marzo, por el río de Coronda.

 

Abril

El 2 del corriente eligió el Ilustre Cabildo a don Francisco Antonio Candioti, de Gobernador y se publicó en la plaza.

Lunes 3. Se plantó la bandera en media plaza de la Independencia: tres días de luminarias con salvas.

El jueves 6, se presentó un castillo en el Cabildo, con acompañamiento de tropas, el vecindario y religiones. Misa y sermón en la Iglesia Matriz con repiques, salvas e iluminación.

El 8 del corriente, llegó de Córdoba, a la noche, el doctor D. Savid con fray José Gabriel Calderón, franciscano santafesino, con los poderes de la ciudad de Córdoba para el coronel Artigas; no se embarcaron de pronto por el acaso de dos días de temporal, hasta el 12 del corriente.

Volvieron hoy 15 y el general don José Artigas, ayer a las 12 del día, llegó a esta ciudad despachando más soldados a Santo Tomé, los que caminaron, dicen, a reunirse con las tropas que están en las Fontezuelas; va mandando don Eusebio Hereñú.

Sábado 22 de abril. Vino de Buenos Aires el parte de estar la ciudad tomada por el pueblo y presos el Supremo Director Carlos María Alvear y los demás que componían el Gobierno y se repicó por todas las Iglesias con salvas y luminarias. El General Artigas se halló en esta ciudad y el 23, se embarcó para el Paraná.

El 26 del corriente, se hizo congreso en las casas de la Aduana y se eligió para Teniente Gobernador en propiedad a don Francisco A. Candioti. Se iluminó la ciudad y nombraron diez sujetos para tratar y nombrar empleos: la Soberanía: el Padre Torres, Comendador, el Guardián de San Francisco, Pereyra el Prior de Santo Domingo, don Gregorio Aguiar, don Pedro Neto, cura de Coronda, don Manuel Troncoso, don Antonio Echagüe, don Manuel Maciel, don Pedro Ignacio de Caminos y en el acto del nombramiento, tuvieron con el Cabildo, controversias y ocurrieron al General don José de Artigas y vino a favor del Cabildo y se recibió el 5 del corriente (mayo).

 

Mayo

El 6 del corriente, ha llegado de Buenos Aires el doctor Díaz Vélez y pasó a ver al General Artigas.

El 7 del corriente, caminó a Córdoba el abogado Savid, a la mañana.

 

Junio

El 12 de junio de 1815, llegó de Córdoba don Francisco Cabrera, de diputado al Coronel Artigas y el 15 caminó al Uruguay con mi hijo el doctor Pascual, diputado de esta ciudad.

Don Francisco Antonio Candioti, gravemente enfermo, el 25 del corriente, renunció a la tenencia del Gobierno.

 

El congreso de Mercedes

 

Inmediatamente retiradas las fuerzas de Soler, desde Santa Fe, el 29 de abril de 1815, el General Artigas urge la reunión de un Congreso Provincial en Mercedes.

Conducidos los negocios públicos al alto punto en que se ven, es peculiar al pueblo sellar el primer paso que debe seguirse a la conclusión de las transacciones que espero formalizar. En esta virtud, creo ya oportuno reunir en Mercedes un congreso compuesto de diputados de los pueblos. Y para facilitar el modo de su elección tengo el honor de acompañar a usted el adjunto reglamento confiando en el esmero de esa ilustre corporación que eludiendo hasta el menor motivo de demora, al momento de recibir ésta dé las disposiciones competentes para que con igual actividad se proceda en toda la jurisdicción de esa plaza capital de provincia a la reunión de las asambleas electorales, encargando muy particularmente que los ciudadanos en quienes la mayoría de sufragios haga recaer la elección para diputados, sean inmediatamente provistos de sus credenciales y poderes y se pongan en toda prontitud en camino al indicado pueblo de Mercedes.

El orden, la sencillez y la voluntad general deben caracterizar el todo que recomiendo al celo de usted.

José Artigas al Cabildo de Montevideo, 29 de abril de 1815.

 

REGLAMENTO ELECTORAL

 

Reglamento de que se servirá el Muy Ilustre Cabildo de la ciudad de Montevideo, para la reunión de las asambleas electorales y nombramiento de diputados que deben emanar de ellas para el congreso convocado en esta data.

La ciudad se dividirá en cuatro cuarteles o departamentos; la comprensión de cada uno de ellos será fijada por el Muy Ilustre Ayuntamiento. Los ciudadanos Antolin Reyna Ramón de la Piedra, Pablo Pérez y Felipe Santiago Cardoso, miembros del Muy Ilustre Cabildo presidirán separadamente en cada uno. La suerte designará el que privativamente corresponda. Los ciudadanos de cada departamento concurrirán desde las 9 de la mañana hasta las 5 1/2 de la tarde del día subsecuente a la recepción de la orden de esta data, a las casas que indiquen los respectivos presidentes a nombrar tres electores correspondientes a su distrito.

El voto irá bajo una cubierta cerrada y sellada y el sobre en blanco. En la mesa del presidente firmará todo sufragante su nombre en el sobre escrito que también se rubricará por aquel y un escribano, que debe serle asociado. El escribano numerará y anotará los papeles entregados por los votantes, echándolos en una caja, que concluida la hora se conducirá cerrada al Muy Ilustre Cabildo, el cual abrirá las cuatro sucesivamente y cotejando en cada una los votos con su numeración y anotación, se procederá al escrutinio.

Los tres ciudadanos que en cada departamento saquen la pluralidad se tendrán por electores para el nombramiento de diputados al que procederán siendo citados acto continuo. Reunidos en la Sala Capitular se separará de ella el Muy Ilustre Cabildo, nombrarán ellos entre sí un presidente y harán la elección de tres diputados que serán los que concurrirán por esa ciudad capital de Provincia al congreso indicado.

Electos los tres diputados se les fornirá inmediatamente de las credenciales y poderes competentes, en la forma que corresponde. El Muy Ilustre Cabildo transcribirá relativamente a todos los pueblos de la Provincia hasta las márgenes del Río Negro el reglamento preciso para la reunión de las asambleas electorales respectivas, debiendo nombrarse en cada una un diputado por cada pueblo para concurrir al predicho congreso. Se pondrá muy particular esmero en que todo se verifique con la mayor sencillez posible cuidando que el resultado sea simplemente la voluntad general.

Dado en este Cuartel General.

Artigas.

 

Montevideo estaría representado por tres diputados. Fueron elegidos el 26 de marzo: Dámaso A. Larrañaga, Lucas José Obes y Prudencio Murgiondo. Al sur del Río Negro fueron elegidos uno por cada pueblo. Entre otros diputados electos se ha podido ubicar a Francisco José Rodríguez (Minas), Manuel Techera (Rocha), Leonardo Fernández (San Salvador) y José Vicente Gallegos (Soriano).

Los sucesos de la Provincia Oriental, así como la frustrada expedición española al Plata, dejaron para otro momento dicha reunión. En marzo de 1816, Artigas intenta nuevamente llevar adelante el Congreso Provincial.

 

El levantamiento de Córdoba

A partir de la correspondencia del General Artigas al Comandante paraguayo de la Candelaria, veremos el levantamiento de Córdoba en favor de la causa artiguista, así como la dimensión geográfica de su influencia: de Córdoba a la Banda Oriental y de Buenos Aires a la cerrada Asunción del ahora Dictador (temporal) Gaspar Rodríguez de Francia.

Yo continúo mis afanes con suceso favorable. Ya tiene usted libre la provincia de Córdoba, uniendo sus virtuosos sentimientos a los nuestros. Ya mandé a usted una relación de nuestras ventajas en Santa Fe, habiendo rendido aquella guarnición de Buenos Aires y tomado bastantes armas y útiles de guerra. No menor ventaja hemos conseguido, habiendo Córdoba depuesto sus gobernantes al momento de intimarle rendición y decidirse a sostener el pabellón de la libertad.

Por lo propio incluyo al padre Acevedo copia de esa carta de Eduardo Bulnes fechada el día antes de la deposición, escribiéndome el Cabildo con fecha 29 de haberlo verificado. Todo lo que comunico a ustedes para común consuelo y para que esto les empeñe a hacer cada día más vigorosos sus esfuerzos.

Cuartel del Paraná, 2 de abril de 1815.

 

José Artigas al Comandante de Candelaria.

Francisco Antonio González.

 

Juan Pablo Bulnes y Lorenzo Moyano fueron los delegados de los partidarios del "Sistema" artiguista que se presentaron a Artigas pidiendo su protección para Córdoba.

 

Córdoba, 27 de marzo de 1815.

Mi querido Juan Pablo (Pérez Bulnes):

No puedes figurarte el placer que hemos recibido con la noticia de nuestra próxima rendición. En este mismo punto se ha difundido la noticia de la intimación del señor de Artigas como un fuego eléctrico. Tal es la disposición que hay en este pueblo a su favor. Creo que se trata de un Cabildo abierto. No es extraño tomen esta medida nuestros mandatarios para cubrirse con la resolución del pueblo. ... Felicita a mi nombre y demás amigos a esos liberalísimos jefes que tanto bien nos hacen y ofréceles nuestra sangre y vida, que sacrificaremos gustosísimos en defensa de la justa causa que sostienen. A Lorenzo que tenga ésta por suya y cuente igualmente que tú con el invariable afecto de Eduardo (Pérez Bulnes).

Ante la presencia de estos delegados el general Artigas envía al gobernador Francisco Ortiz de Ocampo y al Cabildo cordobés los siguientes oficios.

 

Al gobernador Francisco Ortiz de Ocampo:

Rendida a discreción la guarnición de Buenos Aires en el pueblo de Santa Fe, por las armas orientales, se mira enarbolado en aquella plaza el pabellón de la Libertad. Asegurado este triunfo, es de necesidad que usted y las tropas que oprimen a ese pueblo, lo dejen en el pleno goce de sus derechos, retirándose a la de Buenos Aires en el término preciso de 24 horas. De lo contrario marcharán mis armas a esa ciudad y experimentaría usted los desastres de la guerra.

Tengo el honor de saludar a usted con todo respeto.

Cuartel andante de Santa Fe, 24 de marzo de 1815.

José Artigas

 

Al Cabildo de Córdoba:

 

Convocado por ese pueblo para hacer respetables sus órdenes, marcho con mis tropas en su auxilio. Las armas de la Libertad han triunfado sobre Santa Fe y aquel pueblo, ya libre de tiranos, respira júbilo, contento y alegría; usted penetrado de los desastres de la guerra, no dudo tomará empeño que se retiren las fuerzas de Buenos Aires; de lo contrario, un reencuentro es inevitable y yo no podré evitar los desastres del pueblo con los sucesos de la guerra. Tome usted la parte que le corresponde por su representación y no dudo sellará sin sangre la obra de la justicia.

Cuartel andante de Santa Fe, 24 de marzo de 1815.

José Artigas

 

Ocampo renuncia y es elegido gobernador el Coronel José Xavier Díaz. El Cabildo y "pueblo unido" de Córdoba responden:

Si la Libertad, ese ídolo de todos los Pueblos Americanos, a quien han sacrificado sus fortunas y consagrado sus vidas, es la tranquilidad y seguridad pública, la moderación particular y el imperio de las leyes; si usted es el protector de esta libertad, ¡cuan dulce y consoladora no debe ser esta idea al virtuoso y patriota Pueblo de Córdoba, que representamos! Invocando pues la Patria los derechos del hombre, la filantropía y los nombres más sagrados, este pueblo da a usted las gracias por su protección y en uso de ella ha procedido a la elección de un nuevo Jefe, que ha recaído en el coronel don José Xavier Díaz.

El Pueblo de Córdoba, después de repetir a usted el más vivo reconocimiento cree que sin herir la magnanimidad de usted, debe añadir que en el caso inesperado de padecer ofensas sus derechos, protesta con esa misma libertad que usted ha garantido aunque pueda sufrir las condiciones de su indefensión (SIC), obedeciendo al imperio de las circunstancias, siempre volarán sus deseos hacia la encantadora, amada imagen de la libertad.

Así contesta a usted el pueblo agradecido de Córdoba, suplicando se sirva dispensar la tardanza de la respuesta, que no ha estado a su arbitrio el evitar. Dios guarde a usted. Sala Capitular y Pueblo Unido de Córdoba. 29 de marzo de 1815. Don José Norberto de Allende. José Manuel Solares. José Luis Escobar. José Felipe Marín. Victorio Freites. Vicente Galán. Pedro Antonio Savid. Félix Dalmacio Pinero. Felipe Arias. Mariano Lozano. Por comisión del Pueblo, don José Antonio Cabrera. Don José Roque Savid.

 

La Asamblea Provincial, el 6 de abril, declara:

Que la Provincia de Córdoba queda enteramente separada del Gobierno de Buenos Aires y cortada de toda comunicación y relación, bajo los auspicios y protección del General de los Orientales que se constituye garante de su libertad.

 

Nota sobre los avances en Santa Fe

Incluyo a usted la relación que acaba de remitirme el Comandante de las Fuerzas Orientales auxiliadoras de Santa Fe. Por ella advertirá usted el resultado de mis nuevos afanes. Tengo la satisfacción de presentarla a usted porque cuente con esos recursos en todo evento y dar a mi providencia un nuevo testimonio, que mis desvelos no cesarán hasta verla asegurada contra los tiranos y afianzar la libertad en sus polos verdaderos para que la posteridad venere en sus mayores la investidura de hombres libres. Por tan digno objeto recuerdo a usted los deberes de su alta representación. Active usted las providencias que estime convenientes, entretanto que yo apresuro mis marchas para que aparezca en la América del Sud ese día grande de su salud y consuelo.

Tengo la honra de saludar a usted y ofertarle mis más sinceras y afectuosas consideraciones.

Cuartel del Paraná, 29 de marzo de 1815.

José Artigas.

Al muy Ilustre Ayuntamiento de la ciudad de Montevideo.

 

 

Nota sobre los avances en Córdoba

Incluyo a usted copias de los últimos resultados de Córdoba y demás adyacentes. Por ellos, calculará el estado de nuestras negociaciones y las grandes ventajas que hoy reporta en todos los pueblos el triunfo de la libertad. Tenga usted a bien tenerlos muy presentes para fijar el orden de sus providencias con tino y circunspección. Luego que nuestra unión sea firmada con Buenos Aires y los demás pueblos regresaré prontamente a mi país y entonces conocerán mis conciudadanos las ventajas de haber prodigado en su obsequio mil afanes.

Tengo la honra de saludarle y ofertarle mis afectuosos y sinceros respetos. Cuartel del Paraná, 3 de abril de 1815.

José Artigas.

Al muy Ilustre Cabildo de la ciudad de Montevideo.

 

 

Nota sobre el pueblo de Buenos Aires

Activemos las providencias porque Buenos Aires respire de su opresión como hoy viven llenos de gloria los demás pueblos ya libres.

Tenga usted a bien y demás oficiales de su mando, el creer que mis desvelos son por la salud de todos los pueblos y, muy recomendablemente, el de Buenos Aires. En ello está empeñado mi honor y sería desmentir inmediatamente el Sistema si, en una exclusión vergonzosa, mirase al benemérito de Buenos Aires fuera del rango de los demás. Por lo mismo, creo sincerado mi buen deseo ante ustedes y que solamente obrarán mis tropas cuando tengan que contrarrestar tiranos. Al presente, quedan reducidas al recinto de Santa Fe, esperando lo favorable de los resultados que ustedes insinúan para retirarnos absolutamente o para unir nuestros esfuerzos en caso que el Gobierno, a pesar de la contradicciones, trate de sostenerse.

Paraná, 6 de abril de 1815.

José Artigas.

 

Nota sobre la insistencia de Alvear

 

Acompaño a usted esas Gacetas, que manifiestan aún los sentimientos de aquel Gobierno y su decisión por perpetuar la guerra civil, al mismo tiempo que su destrucción es inevitable. Adjunto a usted las últimas comunicaciones relativas a los sucesos de la combinación. Sin embargo, mis tropas siguen sus marchas ostentando la grandeza de sus virtudes. Yo paso mañana a Santa Fe para dar el último impulso a los negocios y activar las providencias convenientes.

En tanto, usted con el Gobernador de esa Plaza concuerden las mejores providencias para la felicidad de la Provincia. Ya lo he hecho presente a usted en mis anteriores comunicaciones y no sé por qué principio, se han retardado tanto, que me tiene cuidadoso su demora.

Yo regresaré al momento de haber allanado los pasos que obstruyen nuestro sosiego. Entonces espero hallar unidos los más vigorosos esfuerzos por la salud pública. Es un deber de su representación trabajar incesantemente por tan importante objeto; yo no haré más que llenar lo vehemente de sus votos y concurrir como un buen ciudadano a recoger el fruto de nuestros sacrificios y sellar la grande obra de nuestra libertad.

Tengo la honra de saludar a usted y reiterarle mis más afectuosas consideraciones.

Paraná, 13 de abril de 1815.

José Artigas.

Al muy Ilustre Cabildo de la ciudad de Montevideo.

 

El 3 de abril tuvo lugar el motín de Fontezuelas. Las fuerzas de Ignacio Alvarez Thomas, vanguardia del ejército al mando de Francisco Xavier de Viana, para destruir a Artigas, se sublevan y vuelven sobre Buenos Aires. El 15 huye Alvear. Poco habrá de durar el triunfo de Artigas. Entre los nuevos encumbrados están Pedro J. Viera, Eusebio Baldenegro y Miguel Estanislao Soler. En su apogeo invita una vez más, y es la última, a Rodríguez de Francia a adherirse al Sistema de América.

 

Nota al Paraguay sobre la derrota de Alvear

Al fin llegaron los momentos de felicitarnos en la destrucción de los tiranos que nos oprimían. Los sucesos de mis armas victoriosas me condujeron hasta las márgenes del Paraná. Inmediatamente la guarnición de Santa Fe cedió a mis intimaciones y lo mismo se verificó en Córdoba, estableciéndose al instante la dignidad popular en estos lugares. En seguida tuve la satisfacción de recibir las protestas de amistad de varios oficiales de Buenos Aires y entablando mis relaciones con el coronel don Ignacio Alvarez, invistió su fuerza el precioso carácter de ejército libertador, a cuyo frente, protegiendo los votos generales de aquella provincia, sostuvo el clamor universal.

Las invectivas del brigadier general Alvear en campaña fueron deshechas, su facción puesta en prisiones y él mismo confinado a bordo de una fragata de Su Majestad Británica, herido de toda la execración de un pueblo que respetaba en los suyos los derechos de los demás pueblos. Acontecimiento tan brillante exige un detalle más circunstanciado, para encantar más extensamente el juicio de los interesados; pero la premura del tiempo me impide entrar en él, dando a usted una idea del suceso en sí por proporcionarle tan ventajosa satisfacción sin retardarla un momento. Usted conoce que éste es precisamente el triunfo de fijar la estabilidad del dogma general; que usted se decida y que, entrando en una combinación exacta conmigo, demos a la América un ejemplo grande de moderación, circunspección y firmeza, haciendo llevar al cabo el sistema sacro-santo de equidad que sirvió de objeto a nuestra gloriosa revolución.

Usted sabe que es preciso aprovechar los momentos y que ahora es cuando deben ponerse en acción todos los resortes para impedir hasta la menor demora, conciliando la brevedad con cualquier exigencia de investigación, para no perder en manera alguna el provecho que nos ofrece el momento favorable que tocamos.

Tengo el honor de repetir a usted mi más respetuosa adhesión.

General Artigas en Paraná. 21 de abril de 1815.

Al señor Supremo Dictador de la República del Paraguay.

 

Nota a San Martín sobre la caída de Alvear

 

Al ciudadano Coronel José de San Martín,

Jefe de las Fuerzas de Mendoza.

Acabo de recibir una posta extraordinaria de la Municipalidad de Buenos Aires, oficiándome que aquel pueblo enérgico ha depuesto a los tiranos y recuperado su libertad en 18 del corriente. En consecuencia ha terminado la guerra civil. Celebremos este momento afortunado como el apoyo de nuestra libertad naciente. Esforcémonos por consecuencia enlazando los pueblos íntimamente y depositando en ellos aquella confianza que haga respetables sus derechos y virtudes.

Tengo el honor de saludar a usted y ofertarle mis más cordiales y afectuosas consideraciones.

Cuartel de Santa Fe, 22 de abril de 1815.

José Artigas.

 

Caída de Alvear

Me es muy satisfactorio comunicar a usted que los opresores de Buenos Aires han sido derribados. El excelentísimo Cabildo de aquella ciudad en carta del 18 del corriente transmite tan plausible noticia. La pretendida soberana asamblea general constituyente fue por sí misma disuelta y el general Alvear destinado a bordo de una fragata de Su Majestad Británica, heridos todos de la indignación del pueblo. En la municipalidad es en que se halla refundido el gobierno de aquella Provincia. Usted hallará en tan afortunado suceso el triunfo de la justicia pública y el resultado de nuestros constantes esfuerzos por conservarla inviolable.

Mis combinaciones han tenido una ejecución acertadísima y espero que el establecimiento de la tranquilidad general aparecerá muy pronto. Yo ya he repasado el Paraná y circulado las órdenes precisas para lo mismo a las fuerzas que había hecho avanzar desde la ribera occidental. Sin embargo, por ahora es preciso limitarnos a eso sólo, por cuanto aún no se ha formalizado particularmente tratado alguno que fije la paz; yo no perderé instante en comunicar a usted cuando llegue el momento de sellarla y mientras tenga usted a bien acompañar mis votos, reuniendo a esos dignos ciudadanos en torno del santuario a consagrar el presente suceso, que une un laurel más a la brillante corona de nuestros afanes y desvelos, pasando las circulares competentes para el mismo fin a los cabildos de esa jurisdicción. Que la alegría sea general y sus efusiones solemnes y puras y que todos miren en el cuadro magnífico que se presenta la historia de su grandeza y la aurora de la vida y la prosperidad.

Tengo el honor de reiterar a usted mis más íntimos respetos.

Cuartel General, 25 de abril de 1815.

José Artigas.

Al muy Ilustre Cabildo de Montevideo.

 

Al Cabildo de Buenos Aires

Transportado de alegría he leído la muy honorable comunicación de usted data 21 del corriente, viendo por la primera vez un paso que era la esperanza general desde el principio de nuestra revolución, yo al tener la honra de felicitar de nuevo a usted por la gloria inmortal con que se está tan dignamente cubriendo, apresuro cuanto es de mi resorte para llenar con toda prontitud nuestros comunes votos, no dudando ya que usted aprovechará conmigo los instantes para proveer al restablecimiento el más íntimo de la fe pública.

Hoy mismo van a salir mis circulares convocando los pueblos que se hallan bajo mi mando y protección para que por medio de sus respectivos diputados entiendan en la ratificación espontánea de la elección, que para ejercer la Suprema Magistratura, recayó en la muy benemérita persona del Brigadier General don José Rondeau y en calidad de suplente en la del General del Ejército Auxiliador don Ignacio Alvarez, según usted se ha servido instruirme. Usted conoce como yo la urgencia de las circunstancias y la necesidad que hay de avivar cuanto pueda servir a retardar la resolución del Congreso sobre tan importante materia y por lo mismo no puedo prescindir de representar a usted que mientras se verifica su reunión, nos ocuparemos en sellar las transacciones competentes a fin de que llegado el momento no haya ya que pensar en reclamaciones particulares y se fije el juicio de todos de una manera bastante a producir una confianza tal cual se requiere para dar al Gobierno instalado todo el nervio conveniente al ejercicio de sus altas funciones.

¡Feliz mil veces usted investido con el carácter benéfico de conciliador! Yo dejo a los preciosos deseos de usted la elección del modo en que hemos de establecer esta negociación consoladora y sellar de una vez la restauración de la concordia, dándole una estabilidad infaltable hasta hacernos recíprocamente dignos de las bendiciones de la Patria, como creadores de la paz y restauradores del impulso público. La conducta con que se manejaron siempre conmigo los perversos que han caído, me parece bastante a justificar con el mundo de la mía. Resentido y patriota, el objeto primordial de la revolución fue siempre mi norte. Usted sabe bien que siempre desde el carro de la victoria he presentado la oliva de la paz a aquellos pérfidos sólo celosos de perseguir nuestras virtudes. Jamás he dejado de ver cuanto nos es ella necesaria nuestra regeneración y por lo mismo, usted debe convencerse que no intento poner trabas a su restablecimiento. La justicia de mi indicación me hace elevarla a usted y esa misma justicia me hace esperar que no habrá el menor inconveniente en felicitarnos con pureza y garantir la salud universal. Con cuyos votos, tengo mucho honor de repetir a usted mi más respetuosa consideración.

Cuartel General, 29 de abril de 1815.

Excelentísimo señor José Artigas.

Al excelentísimo Cabildo Gobernador de Buenos Aires y su Provincia.

 

Reivindicación de la figura de Artigas

Auto. El Cabildo de esta Capital deseando dar a los pueblos un testimonio irrefragable del aprecio que le ha merecido la conducta del General de los Orientales, don José Artigas, como también la más pública y solemne satisfacción de la violencia con que fue estrechado por la fuerza y amenazas del tirano a suscribir la inicua proclama del cinco del próximo pasado ultrajante del distinguido mérito de aquel Jefe y de la pureza y sanidad de sus intenciones; no satisfecho con la solemne protesta que contra tan atroz declaración hizo en el manifiesto de treinta del mismo; ha acordado que los ejemplares que existen y conservaba en su archivo sin distribuirse, sean quemados públicamente por mano del verdugo en medio de la Plaza de la Victoria en testimonio de la repugnancia que mostró a un paso tan injusto y degradante y ejecutado contra la rectitud y la nobleza de sus sentimientos; que este acto, que presenciará en la Galería del Cabildo el excelentísimo Director reunido con esta Corporación, se ejecute con auxilio de tropa, asistencia del Alguacil Mayor y Escribano de este Ayuntamiento, publicándose previamente este auto a toque de caja y puesta la diligencia, que acredite su cumplimiento a continuación de este auto, se imprima en la gaceta para que llegue a noticia del público.

Dado en Buenos Aires a diez de mayo de mil ochocientos quince. Escalada. Belgrano. Oliden. Correa. Curto. Vidal. Rufino. Barros. Ugarte. Alsina. Seguróla. Zamudio. Bustamante.

Por mandato del excelentísimo Cabildo.

José Manuel Godoy, Escribano interino del Cabildo.

 

Diligencia de ejecución. En Buenos Aires a once de mayo de mil ochocientos quince. Hallándose los señores del excelentísimo Cabildo congregados a las quince de la tarde en la Sala Capitular y dirigido una diputación de dos de sus individuos al excelentísimo Director para que se sirviese concurrir a presidir y solemnizar el acto, reunidos así en la Galería del Cabildo y formado cuadro por la tropa en medio de la Plaza Mayor, colocado en su centro el Alguacil Mayor asociado de mí, infrascripto Escribano y precedido un largo redoble de caja, se publicó a voz de pregón el antecedente auto y sucesivamente se procedió por el verdugo a quemar todos los ejemplares que se custodiaban en el Archivo de la proclama anunciada de cinco de abril último, en una hoguera que al efecto estaba prevenida, permaneciendo la tropa en aquella disposición, hasta que el fuego los hubo consumido enteramente, verificándose y concluyéndose el acto de este modo a presencia de una parte inmensa del pueblo y lo firma el Alguacil Mayor de que doy fe.

Manuel Mancilla Godoy, escribano interino del Cabildo. Es copia de su original que certifico.

José Manuel Godoy,

Escribano interino del Cabildo.

 

Crónica de un prisionero de Artigas

 

Al tercer día de hallarnos en aquella prisión (el 8 de junio) abrieron la puerta de ella a eso de las cuatro de la tarde y algunos minutos después, uno de los centinelas dijo que venía el General hacia allí.

Poco tardó el General Artigas en entrar, acompañado de sus ayudantes Andrés Latorre y Gorgonio Aguiar. Después de saludarnos, permaneció algunos momentos en silencio, fijándose detenidamente en cada uno de los presos.

El coronel (Ventura) Vázquez estaba en un extremo y el General pasó los ojos rápidamente por él, con quien tenía el motivo de resentimiento que antes hemos dicho, fijándose después con alguna detención en los otros cinco, a quienes no conocía.

Tenía un papel en la mano. Luego tomó la palabra y dijo:

"Siento, señores, ver con esos grillos a hombres que han peleado y pasado trabajos por la causa. El gobierno de Buenos Aires me los manda a ustedes para que los fusile; pero yo no veo los motivos. Aquí me dice (señalando el papel que tenía en la mano) que ustedes me han hecho la guerra, pero yo sé que ustedes no son los que tienen la culpa, sino los que me la han declarado y que me llaman traidor y asesino, en los bandos y en las Gacetas, porque defiendo los derechos de los orientales y de las otras provincias que me han pedido protección.

Si es que ustedes me han hecho la guerra lo mismo hacen mis jefes y oficiales obedeciendo lo que yo les mando, como ustedes habrán obedecido lo que sus superiores les mandaron; y si hay otras causas, yo no tengo nada que ver con eso, ni soy verdugo del gobierno de Buenos Aires."

Luego preguntó a cada uno de los jefes desconocidos para él, por sus nombres y empleos y al satisfacer su pregunta, todos ellos agregaron que no se habían hallado en ninguna campaña contra el.

Aunque el General Artigas sabía muy bien que nosotros no nos hallábamos en aquel caso, cuando nos tocó contestar le dijimos que habíamos hecho la campaña contra él.

El General Artigas contestó solamente: "Ya lo sé; es lo mismo."

Animados por la favorable disposición que anunciaba su modo de expresarse, le hicimos una breve relación de los acontecimientos de la jornada del 15 de abril y del espíritu de venganza que caracterizaba todos los actos de los nuevos gobernantes, respecto de los jefes y demás empleados de la anterior administración.

Después de algunos momentos de silencio, el General Artigas dijo: Sí, quien hace esto...

Y volviéndose hacia nosotros: En el pueblo de la Bajada, se dijo que a usted y a otros jefes, hasta diez, los habían fusilado, cuando la caída del General Alvear...

Y luego de otro intervalo, prosiguió: ¿Ha visto el pago que le han dado los porteños a nuestro amigo don Ventura?

El Coronel Vázquez, a quien se hacía aquella alusión por la deserción con su regimiento, quiso hablar algunas palabras para explicar o disculpar su conducta; pero el General lo interrumpió diciendo: Eso ha pasado ya.

Luego, fijándose con prontitud en el Coronel Balbastro le preguntó cuántos años tenía y en qué ejército había servido.

Contestó éste expresando su edad, campaña del Perú y batallas en que se había encontrado desde el año 1810.

El General Artigas permaneció algunos instantes callado, como pensativo, y me dijo al fin, acompañando la siguiente exclamación con una sonrisa: ¡VAYA QUE NI ENTRE INFIELES SE VERA UNA COSA IGUAL!

Nos preguntó en seguida si teníamos algún sirviente y con ese motivo, al responderle que no se nos había permitido salir más que con lo puesto, se apresuró a manifestar que él dispondría lo necesario para remediar nuestras necesidades más premiosas.

Y al despedirse cortésmente, se dirigió a nosotros, diciendo: No se extrañe usted que no mande sacar a todos los grillos. El gobierno de Buenos Aires está en arreglos. Si estos no son felices, me veré en el caso de ustedes como han venido.

De allí a un cuarto de hora, entra el comandante de la guardia con dos soldados y nos dice que de orden del General los ponía a nuestra disposición como asistentes. Que la puerta quedaba abierta, por orden también del General, pudiendo nosotros mismos entornarla, después de las ocho de la noche y hacer llamar a cualquiera de los asistentes cuando los necesitáramos, avisando al efecto a los centinelas que estaban afuera de la puerta.

Gral. Antonio Díaz

Paysandú, junio 1815.

 

Misión Pico-Rivarola. El centralismo persiste

El Director Alvear en los prolegómenos de su caída había previsto mandar ante Artigas a Elias Galván y a Guillermo Brown para ponerse de acuerdo, ese era el pretexto, para defenderse de la esperada expedición reconquistadora española. La rapidez de los sucesos impidió su ejecución.

En mayo de 1815, el director interino Alvarez Thomas decide enviar al doctor Francisco Bruno de Rivarola y al Coronel Blas Pico para terminar con las diferencias entre Artigas y Buenos Aires, así como defenderse de la expedición esperada. A mediados de junio se entrevista con el Protector, las instrucciones que llevan muestran el mantenimiento de la política centralista.

El General les responde con los catorce puntos que reiteran una vez más cual es su "Sistema".

 

TRATADO DE CONCORDIA

ENTRE EL CIUDADANO JEFE DE LOS ORIENTALES

Y EL GOBIERNO DE BUENOS AIRES

 

Art. lº - Se reconocerá la Convención de la Provincia Oriental establecida en Acta del Congreso de 5 de abril de 1815 en el tenor siguiente:

La Banda Oriental del Uruguay entra en el rol para formar el estado denominado Provincias Unidas del Río de la Plata. Su pacto con el de las demás Provincias es el de una alianza ofensiva y defensiva. Cada Provincia tiene igual dignidad, iguales privilegios y derechos y cada una renunciará al proyecto de subyugar a otra. La Banda Oriental está en el pleno goce de toda su libertad y derechos, pero queda sujeta desde ahora a la constitución que organice el Congreso general del Estado legalmente reunido, teniendo por base la libertad.

Art. 2º - Se reconocerá que al comenzarse la revolución general en cada pueblo, cada Provincia entraba en ella mirando como propio cuanto le pertenecía en aquel acto y que podía desprenderse y enajenarla de cualquier porción en auxilio de las demás Provincias, según las exigencias de cada una de ellas.

Art. 3º - Se reconocerá que la introducción de tropas de Buenos Aires en la Banda Oriental del Uruguay jamás fue con el objeto de conquista.

Art. 4º - Consiguientemente, será reconocido como perteneciente a la Provincia Oriental del Uruguay cuanto extrajo de ella el Gobierno anterior.

Art. 5º. - De lo expresado se devolverán: 3 mil fusiles, de ellos 1500 de contado: mil sables: 12 piezas de artillería de 2, 4 y 6: se coronarán la Plaza con todas las piezas de muralla que precisen debiendo de ser de bronce la mayor parte de ellas: el servicio competente para todas y cada de ellas. 9 lanchas cañoneras: pólvora suelta, cartuchos de cañón y fusil y balas: 5500 piezas de chispa: morteros y obuses la mitad de los que queden: bombas y granadas: todo con lo preciso para el servicio: la Imprenta.

Art. 6º - Reconocerá la caja de Buenos Aires la deuda de 200 mil pesos en favor de la Provincia Oriental del Uruguay por las cantidades extraídas de ella, pertenecientes a propiedades de españoles de Europa; cuya suma debe ser satisfecha en el preciso término de dos años: admitiéndose, para ayudar la facilitación del pago, la mitad de los derechos que los buques de la Provincia Oriental del Uruguay deben pagar a Buenos Aires.

Art. 7º - Se auxiliará con instrumentos de labranza a los labradores de la Provincia Oriental del Uruguay en la forma bastante a resarcir, al menos en una quinta parte, los grandes perjuicios que ha sufrido.

Art. 8º - Queda por el Artículo anterior satisfecho el vecindario que quedó sin documentarse de las cantidades de trigo y ganados con que proveyó a la subsistencia del Ejército Auxiliador desde la penúltima hasta la última campaña. Ejército Auxiliador desde la primera hasta la última campaña.

Art. 9º - Todo lo demás que perteneciera a la Provincia Oriental del Uruguay de lo extraído, quedará en clase de depósito en Buenos Aires para auxiliar con ello a las demás Provincias; con precisa intervención de dicha Provincia y a ella misma según sus urgencias ulteriores.

Art. 10º - Será particularmente protegido el comercio de la Provincia Oriental del Uruguay con Buenos Aires.

Art. 11º - La artillería de muralla que se pide y lo preciso para el servicio de ella será conducido directamente a Montevideo a costa de la caja de Buenos Aires y la artillería de campaña, sables, fusiles y los demás artículos de guerra pedidos, vendrán a costa de la indicada caja a este Puerto de Paysandú.

Art. 12º - Se admitirá por el Gobierno de Buenos Aires un sistema equitativo para indemnizar a Montevideo de la contribución enorme que se le hizo sufrir después de haber sido ocupado por el Ejército Auxiliador.

Art. 13º - Las provincias y Pueblos comprendidos desde la margen oriental del Paraná hasta la occidental, quedan en la forma inclusa en el primer artículo de este tratado como igualmente las provincias de Santa Fé y Córdoba, hasta que voluntariamente quieran separarse de las Protección de la Provincia oriental del Uruguay y Dirección del Jefe de los Orientales.

Art. 14º - Los trece artículos precedentes serán ratificados dentro de 9 días por el Excelentísimo Gobierno de Buenos Aires.

Cuartel General de Paysandú, junio 16 de 1815.

osé Artigas.

 

Los comisionados de Buenos Aires, en su contrapropuesta, reconocían la independencia oriental, lo que el General Artigas no admitió. Se pensaba que interesándolo en su Provincia apartarían al Protector de su ideario y de sus seguidores y, de esta manera, hacer triunfar el centralismo de Buenos Aires. Artigas responde a Ignacio Alvarez Thomas:

Regresa ya la diputación que usted envió cerca de mí, para restablecer la concordia y me queda el sentimiento de no haber podido concluir cosa alguna con ellos. Yo les presenté las proposiciones que creí justas, expresándoles que ellos indicasen lo que les pareciese relativamente a cada una de ellas y me llené de sorpresa al ver las que ellos me ofrecieron en contestación.

En mí no habría dificultad para acceder a cuanto fuera razonable, particularmente después que me instruyeron del estado de miseria a que igualmente se hallaba reducida esa ciudad capital y su caja; pero sobre los artículos de armamento, yo no he visto la menor razón. Las alegaciones que se me indicaron a ese respecto, estaban fuera de todo orden y manifestaban reproducidos en usted los principios detestables que caracterizaron la conducta del gobierno anterior, de modo que las estipulaciones para la paz venían a quedar reducidas a que nosotros no hiciéramos más la guerra. Vea usted si yo jamás podía estar en estado de esperar esto. Yo no estoy para entrar en detalles sobre un resultado que ultraja tanto mi razón.

 

El congreso de Oriente. La última esperanza

Ante el fracaso de la misión bonaerense, el Protector apura la reunión del Congreso de Oriente que tiene lugar en Arroyo de la China (Concepción del Uruguay). En él estuvieron representados los pueblos del Protectorado.

Conducido siempre por la prudencia y ansioso de la concordia general, llamé a los pueblos por medio de sus diputados para formalizar cualquier medida competente a su ulterior felicidad. No pudimos acordar con los diputados de Buenos Aires los principios que debían fijarla, en cuya virtud se retiraron sin haber concluido el ajuste preciso. Creyendo que lo importante del asunto debía sujetarse al escrutinio de la expresión general convoqué a un Congreso de todos los diputados, que hasta aquella fecha se habían reunido tanto de la Banda Oriental, como de los demás pueblos que tengo el honor de proteger.

Ya reunidos en esta Villa de la Concepción del Uruguay en 23 del corriente expuse lo urgente de las circunstancias para no dejar en problema estos resultados. Califiqué las proposiciones que por ambas partes se habían propuesto. Su conveniencia por disonancia en todas y cada una de sus partes y después de muchas reflexiones resolvió tan respetable corporación marchasen nuevamente ante el Gobierno de Buenos Aires cuatro diputados, que a nombre de este congreso general representasen la uniformidad en sus intereses y la seguridad que reclaman sus Provincias. Al efecto partirán en breve para aquel destino los ciudadanos doctor Cosió, nombrado por el Entre Ríos, el doctor Andino por Santa Fe, el doctor Cabrera por Córdoba y don Miguel Barreiro por la Banda Oriental todos con poderes e instrucciones bastantes a llenar su comisión. Todo lo que comunico a usted para que penetrado de las circunstancias ponga en ejecución las providencias que le tengo impartidas y las demás que usted estime convenientes.

Tengo el honor de saludar a usted y dedicarle mis más afectuosas consideraciones.

Villa del Uruguay, 30 de junio de 1815.

José Artigas.

Al muy Ilustre Cabildo de la ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo.

 

Llegaron a Buenos Aires los doctores José García de Cosió, José Antonio Cabrera y Pascual Diez de Andino, junto con don Miguel Barreiro en busca de un entendimiento y sellar la paz sobre las bases confederales. No fueron bien recibidos, en esos momentos partía hacia Santa Fe otro "ejército de observación" a someter a la provincia.

Los diputados fueron detenidos en un navío en el puerto de Buenos Aires y luego vigilados en una casa. Los nuevos gobernantes estaban fortalecidos y volvían a sus andanzas centralistas.

 

PURIFICACION

Descripción general de la Villa

 

De julio/agosto de 1815 es la célebre descripción de los hermanos Juan y Guillermo Parish Robertson (Cartas del Paraguay). Téngase presente en su lectura que son los inicios de la Villa y que el Ejército Oriental, en pleno invierno, se está restableciendo de la triunfal campaña de 1815.

Allí (les ruego que no pongan en duda mi palabra) ¿qué les parece que vi? ¡El Excelentísimo Señor Protector de la mitad del nuevo mundo estaba sentado en una cabeza de buey, junto a un fogón encendido en el suelo fangoso de su rancho, comiendo carne del asador y bebiendo ginebra en un cuerno de vaca! Lo rodeaba una docena de oficiales vestidos con ropas gastadas, en posición parecida y ocupados en la misma tarea que su jefe. Todos fumaban y charlaban ruidosamente.

El Protector estaba dictando a dos secretarios que ocupaban en torno de una mesa de pino las dos únicas sillas que había en toda la choza y esas mismas con el asiento de esterilla roto.

Para completar la singular incongruencia de la escena, el piso del departamento de la choza (que era grande y hermosa) en que estaban reunidos el general, su estado mayor y sus secretarios, se encontraba sembrado de ostentosos sobres de todas las provincias (distantes algunas de ellas 1.500 millas de ese centro de operaciones) dirigidas a "Su Excelencia el Protector".

De todos los campamentos llegaban al galope soldados, ayudantes, baqueanos. Todos ellos se dirigían a Su Excelencia el Protector, y su Excelencia el Protector, sentado en su cabeza de buey, fumaba, comía, bebía, dictaba, conversaba y despachaba sucesivamente todos los asuntos que le llevaban a su conocimiento, con una calma distinta de la despreocupación que se mostraba de una manera práctica la verdad del axioma "vamos despacio que estoy de prisa". Pienso que si los negocios del mundo entero hubieran pesado sobre sus hombros, habría procedido de igual manera. Parecía un hombre abstraído del bullicio, y era en este solo punto de vista, si me es permitida la alusión, semejante al más grande de los generales de nuestro tiempo.

Al leer mi carta de introducción, Su Excelencia se levantó de su asiento y me recibió no sólo con cordialidad sino también, lo que me sorprendió más, con modales comparativamente de un caballero y de un hombre realmente bien educado. Habló conmigo alegremente acerca de sus apartamentos oficiales, y como mis corvas y mis piernas no estaban acostumbradas a ponerse en cuclillas, me pidió que me sentara en el canto de un catre de cuero que estaba en un rincón del cuarto y que hizo acercar al fuego. Sin mayores preámbulos, puso en mis manos su propio cuchillo con un pedazo de carne de vaca bien asada. Me pidió que comiera me hizo beber y por último me dio un cigarro. Iniciada mi conversación, la interrumpió la llegada de un gaucho, y antes que hubieran transcurrido cinco minutos, ya el general Artigas estaba nuevamente dictando a sus secretarios, engolfado en un mundo de negocios, al mismo tiempo que me presentaba excusas por lo que había ocurrido en la Bajada y condenaba a sus autores y me decía que inmediatamente de recibir las justas quejas del Capitán Percy, había dado órdenes para que me pusieran en libertad.

Era aquel un ambiente en que simultáneamente se conversaba, se escribía, se comía, se bebía, en razón de que no había cuartos distintos para realizar separadamente cada tarea.

El trabajo del Protector se prolongaba desde la mañana hasta la noche, lo mismo que su comida, porque así que un correo llegaba era despachado otro, y así que un oficial se alejaba del fuego donde estaba el asador con la carne, otro tomaba su sitio.

Al oscurecer su Excelencia me previno que iba a inspeccionar su campamento y me invitó a acompañarle. En un instante, él y su estado mayor aparecieron montados. Los caballos en que venían, quedaban día y noche ensillados y enfrenados cerca del rancho del Protector. Del mismo modo, los caballos de la tropa permanecían alrededor de cada campamento. Con cinco minutos de aviso, todas las fuerzas podían ponerse en movimiento, avanzando sobre el enemigo o retirándose con una velocidad de doce millas por hora. Una marcha forzada de 25 leguas (75 millas) en una noche, no era nada para Artigas, y a ello se atribuyen muchos de los éxitos prodigiosos y casi increíbles que obtuvo y las victorias que ganó.

Heme ahora cabalgando a su derecha por el campamento... Todos se llamaban por su nombre de pila, sin el Capitán o Don, excepto que todos, al dirigirse a Artigas, lo hacían con la evidentemente cariñosa y a la vez familiar de, mi general.

Había alrededor de 1.500 partidarios con ropas desgastadas en el campamento. Actuaban al mismo tiempo como soldados de caballería y de infantería. Eran principalmente indios procedentes de los destruidos establecimientos de los jesuitas, jinetes admirables y endurecidos para toda especie de privación y fatiga. Las escarpadas cuchillas y las fértiles llanuras de la Banda Oriental y de Entre Ríos suministraban numerosas tropas para su abasto y abundantes pastos para sus caballos. Nada más necesitaban. Un miserable saco, un poncho recogido en la cintura como los "kilt" de los escoceses y otro poncho que caía de los hombros, completaban juntamente con una gorra de cuartel, un par de botas de potro, grandes espuelas, un sable, un trabuco y un cuchillo el vestuario del artigueño. El campamento se componía de hileras de tiendas de cuero y chozas de barro. Estas últimas y una docena de casas de una comodidad mejor, constituían lo que se llamaba Villa de la Purificación.*

En julio de 1817, llegan al puerto de las Conchas desertores de Purificación. Interrogados por las autoridades centralistas sobre qué puntos tenía fortificados el general Artigas, nos precisan la ubicación de Purificación:

"Que el Pueblo de Hervidero está defendido por tres reductos que se hallan guarnecidos con las cinco piezas de campaña que ha citado y cuyos fosos tienen la estatura de un hombre de profundidad y sobre vara y medio de ancho siendo los intervalos de reducto de tres o cuatro cuadras. Que en la margen derecha y frente a la misma Purificación hay una batería de dos piezas de fierro de calibre dieciocho y cuyos fuegos son dirigidos sobre el Pueblo, pero las dos ruedan sobre la arena, pues no tienen explanadas".

En otro punto declaran que en una casa de azotea se guardan municiones, "que los más de los habitantes tienen carretas".

 

El por qué de Purificación

 

El General Artigas, en correspondencia clara y precisa al Cabildo de Montevideo, fechada en Paysandú el 28 de julio de 1815, nos dice la razón de su establecimiento:

Debe usted tomar providencia sobre los europeos que se hallan en esos destinos para reunirlos con los demás, que están formando un pueblo por mi orden. Enseguida mande usted principalmente aquellos que por su influjo e intereses serán tenaces en hacernos la guerra teniendo entendido que allí van a subsistir para siempre y así no se les prohibirá que puedan conducirse a su costa con familia e intereses los que quieran, debiendo venir bajo alguna seguridad. Del mismo modo me remitirá usted cualquier americano que por su obstinación o por otro grave motivo fuese perturbador del orden social y sosiego público.

Procure usted fijar la seguridad individual tanto en esa ciudad como en la campaña y castigando severamente al que fuere osado quebrantarla. Para ello nombre usted sus Jueces Pedáneos en los partidos y exhorte a los Comandantes de la Campaña para que los auxilien y por su parte, contribuya a castigar los excesos y plantar el orden, la quietud y el sosiego.

Espero que usted me informará del resultado que dio mérito a la convulsión popular de Montevideo para castigo de los delincuentes según convenga. Lo demás será dar mérito a nuevos desórdenes y prodigar disturbios que jamás podrán sernos favorables.

 

El reglamento de la Provincia Oriental

 

REGLAMENTO PROVISORIO DE LA PROVINCIA ORIENTAL

PARA EL FOMENTO DE SU CAMPAÑA Y

SEGURIDAD DE SUS HACENDADOS

 

1º. Primeramente, el señor Alcalde Provincial además de sus facultades ordinarias, queda autorizado para distribuir terrenos y velar sobre la tranquilidad del vecindario, siendo el Juez inmediato en todo el orden de la presente Instrucción.

2º. En atención a la vasta extensión de la campaña, podrá instituir tres subtenientes de Provincias, señalándoles su jurisdicción respectiva y facultades según este reglamento.

3º. Uno deberá instituirse entre el Uruguay y Río Negro; otro entre Río Negro y Yi; otro dentro de Santa Lucía, a la costa de la mar, quedando el señor Alcalde Provincial con jurisdicción inmediata desde el Yi hasta Santa Lucía.

4º. Si para el desempeño de tan importante comisión hallaren el señor Alcalde Provincial y Subtenientes de Provincia necesitarse de más sujetos, podrá cada cual instituir en sus respectivas Jurisdicciones Jueces Pedáneos que ayuden a ejecutar las medidas adoptadas para "el entable del mejor orden.

5º. Estos comisionados darán cuenta a sus respectivos subtenientes de Provincia, éstos al señor Alcalde Provincial de quien recibirán las órdenes precisas; éste las recibirá del Gobierno de Montevideo y por este conducto serán transmisibles otras cualesquiera que además de las indicadas en esta Instrucción, se crean aceptables a las circunstancias.

6º. Por ahora el señor Alcalde Provincial y demás subalternos se dedicarán a fomentar con brazos útiles la población de la campaña. Para ello revisará cada uno en sus respectivas jurisdicciones los terrenos disponibles y los sujetos dignos de esta gracia, con prevención que, los más infelices serán los más privilegiados. En consecuencia los negros libres, los zambos de esta clase, los indios y los criollos pobres, todos podrán ser agraciados con suertes de estancia si con su trabajo y hombría de bien propenden a su felicidad y la de la Provincia.

7º. Serán igualmente agraciadas las viudas pobres si tuvieren hijos o serán igualmente preferidos los casados a los americanos solteros y éstos a cualquier extranjero.

8º. Los solicitantes se apersonarán ante el señor Alcalde Provincial o los subalternos de los partidos donde eligiesen el terreno para su población. Estos darán su informe al señor Alcalde Provincial y éste al Gobierno de Montevideo de quien obtendrá la legitimación de la donación y la marca que deba distinguir las haciendas del interesado en lo sucesivo. Para ello, al tiempo de pedir la gracia, se informará si el solicitante tiene o no marca. Si la tiene será archivada en el libro de marcas y de no se le dará en la forma acostumbrada.

9º. El muy ilustre Cabildo despachará estos escritos en la forma que es más conveniente. Ellos y las marcas serán dados graciosamente y se obligará al Regidor encargado de los Propios de la Ciudad, lleve una razón exacta de estas donaciones de la Provincia.

10º. Los agraciados serán puestos en posesión desde el momento que se haga la denuncia por el señor Alcalde Provincial o por cualquiera de los subalternos de éste.

11º. Después de la posesión serán obligados los agraciados por el señor Alcalde Provincial o demás subalternos a formar un rancho y dos corrales en el término preciso de dos meses, los que cumplidos, si se advierte omisión se les reconvendrá para que lo efectúen en un mes más, el cual cumplido, si se advierte la misma negligencia, será aquel terreno donado a otro vecino más laborioso y benéfico a la Provincia.

12º. Los terrenos repartibles son todos aquellos de emigrados, malos europeos y peores americanos que hasta la fecha no se hallen indultados por el Jefe de la Provincia para poseer sus antiguas propiedades.

13º. Serán igualmente repartibles todos aquellos terrenos que desde el año de 1810 hasta el de 1815, en que entraron los orientales en la Plaza de Montevideo, hayan sido vendidos o donados por el Gobierno de ella, no comprendiéndose en este artículo los patriotas acreedores a esta gracia.

14º. En esta clase de terrenos habrá la excepción siguiente. Si fueran donados o vendidos a orientales o a extraños. Si a los primeros se les donará una suerte de estancia conforme al presente reglamento: Si a los segundos, todo disponible en la forma dicha.

15º. Para repartir los terrenos de europeos y malos americanos se tendrá presente. SÍ éstos son casados o solteros. De éstos todo es disponible. De aquellos se atenderá el número de sus hijos y con concepto a que éstos no sean perjudicados, se les dará lo bastante para que puedan mantenerse en lo sucesivo, siendo el "resto disponible si tuviere demasiados terrenos.

16º. La demarcación de los terrenos agradables será legua y media de frente y dos de fondo, en la inteligencia que puede hacerse más o menos extensiva la demarcación según la localidad del terreno, en el cual siempre se proporcionarán aguadas y si lo permitiese el lugar lindero fijos, quedando al celo de los comisionados economizar el terreno en lo posible y evitar en lo sucesivo desavenencias entre vecinos.

17º. Se velará por el Gobierno, el señor Alcalde Provincial y demás subalternos, para que los agraciados no posean más de una suerte de estancia, podrán ser privilegiados sin embargo los que no tengan más que una suerte de chacra, podrán también ser agraciados los americanos que quisiesen mudar de posesión dejando la que tiene a beneficio de la Provincia.

18º. Podrán reservarse únicamente para beneficio de la Provincia el Rincón de Pan de Azúcar y el del Cerro para mantener las reyunadas de su servicio. El Rincón de Rosario por su extensión puede repartirse hacia el lado de afuera entre alguno de los agraciados, reservando en los fondos una extensión bastante a mantener cinco o seis mil reyunos de dichos.

19º. Los agraciados ni podrán enajenar o vender estas suertes de estancia ni contraer sobre ellas débito alguno bajo la pena de nulidad hasta el arreglo formal de la Provincia en que deliberará lo conveniente.

20º. El muy ilustre Cabildo o quien él comisione, me pasará un estado del número de agraciados y sus posiciones, para mi conocimiento.

21º. Cualquiera terreno anteriormente agraciado entrará en el orden del presente reglamento debiendo los interesados recabar por medio del señor Alcalde Provincial su legitimación en toda manera, arriba expuesta, de muy ilustre Cabildo de Montevideo.

22º. Para facilitar el adelantamiento de estos agraciados quedan facultados el señor Alcalde Provincial y los tres subtenientes de Provincia, quienes únicamente podrán dar licencia para que dichos agraciados se reúnan y saquen animales vacunos como caballares de las mismas estancias de los europeos o malos americanos que se hallasen en sus respectivas Jurisdicciones. En manera alguna se permitirá que ellos por sí solos lo hagan: siempre se les señalará un Juez pedáneo u otro comisionado para que no se destrocen las haciendas en las correrías y que las que se tomen se distribuyan con igualdad entre los concurrentes debiendo igualmente celar así el Alcalde Provincial como los demás subalternos, que dichos ganados agraciados no sean aplicados a otro uso que el de amansarlos, caparlos y sujetarlos a rodeo.

23º. También prohibirán todas las matanzas a los hacendados, si no acreditan ser ganados de su marca; de lo contrario serán decomisados todos los productos y mandados a disposición del Gobierno.

24º. En atención a la escasez de ganado que experimenta la Provincia, se prohibirá toda tropa de ganado para Portugal. Al mismo tiempo que se prohibirá a los mismos hacendados la matanza del hembraje hasta el restablecimiento de la campaña.

25º. Para estos fines como para desterrar los vagabundos, aprehender malhechores y desertores, se le darán al señor Alcalde Provincial ocho hombres y un sargento y a cada Teniente de Provincia cuatro soldados y un cabo. El Cabildo deliberará si éstos deberán ser de los vecinos que deberán mudarse mensualmente o de soldados pagos que hagan de esta suerte su fatiga.

26º. Los tenientes de Provincia no entenderán en demandas. Este es privativo del señor Alcalde Provincial y a los jueces de los pueblos y partidos.

27º. Los destinados a esta comisión no tendrán otro ejercicio que distribuir terrenos y propender a su fomento, velar sobre la aprehensión de los vagos remitiéndolos a este Cuartel General o al Gobiemo de Montevideo para el servicio de las armas. En consecuencia los hacendados darán papeletas a sus peones y los que se hallaren sin este requisito y sin otro ejercicio que vagar serán remitidos en la forma dicha.

28º. Serán igualmente remitidos a este Cuartel General los desertores con armas o sin ellas, que sin licencia de sus Jefes se encuentren en alguna de estas jurisdicciones.

29º. Serán igualmente remitidos por el subalterno al Alcalde Provincial cualquiera que cometiese algún homicidio, hurto o violencia con algún vecino de su jurisdicción. Al efecto lo remitirá asegurado ante el señor Alcalde Provincial y un oficio insinuándole el hecho. Con este oficio que servirá de cabeza de proceso a la causa del delincuente lo remitirá el señor Alcalde Provincial al Gobierno de Montevideo, para que éste tome los informes convenientes y proceda al castigo según el delito.

Todo lo cual se resolvió de común acuerdo con el señor Alcalde Provincial don Juan León y don León Pérez, delegados con este fin y para su cumplimiento lo firmé en este Cuartel General a 10 de setiembre de 1815.

José Artigas

 

Las fiestas cívicas de mayo de 1816

Descripción de las fiestas cívicas celebradas en la Capital de los Pueblos Orientales:

El día 24 al salir el sol aparecieron enarbolados los pabellones de la provincia en todos los parajes fortificados de la ciudad y principalmente en la Casa Consistorial, cuyo ejemplo fue seguido inmediatamente por todos los patriotas, que se apresuraron a fijar en sus respectivas casas este brillante signo de la república.

La plaza principal se manifestó en sus quatro ángulos adornada de varios arcos de laurel, de olivo y flores, conque estaban vestidos y matizados. En cada uno de ellos se veía colocada una bandera perteneciente a las naciones neutrales: Inglaterra, Norte-América, y la de nuestros hermanos los confederados de Venezuela; en medio de la quadra la Portuguesa y enfrente la Oriental. La fachada de la casa Capitular estaba viscosamente adornada con varios arcos y en el principal un balcón cubierto de preciosos damascos, destinado a sostener el árbol de la Libertad, que se miraba con un hermoso gorro tricolor.

A las siete rompió la música en la recoba, donde se sirvió desde esta hora hasta el medio día un almuerzo abundante y licores en varias mesas preparadas para los concurrentes de todas clases. A las ocho apareció en el mismo paraje la escuela pública de la ciudad con ordenado paso militar trayendo cada niño en la mano la reseña de la Libertad, que batieron al ayre en el acto de entonar la canción patriótica; siendo después obsequiados generosamente por el señor fiel executor. En el mismo día fueron excarcelados los presos, que por sus circunstancias, y la memoria del día eran susceptibles de este beneficio. Por la tarde, una hora antes de las vísperas aparecieron en la plaza principal algunas danzas de negros, cuyos instrumentos, trages, y baile eran conformes a las usos de sus respectivas naciones; emulándose unos a otros en la decencia y modo de explicar su festiva gratitud al día, en cuyo obsequio el Gobierno defirió á este breve desahogo de su miserable suerte. A las cinco y media salió de la casa consistorial el exmo. cabildo gobernador presidido del señor delegado y acompañado de todas las corporaciones, tribunales, xefes militares, la mas lucida parte del vecindario, y toda la oficialidad a asistir a las vísperas solemnes, que se celebraron en la iglesia matriz con la dignidad y decoro propio de tan augusta ceremonia.

Para la celebridad del día veinte y cinco estaba erigida en mitad de la plaza una alta y magestuosa pirámide, circulada de gradería y primorosos balaustres, presentando en sus fachadas los colores blanco, azul y encarnado y sentado en la cúspide el gran gorro de la Libertad.

Al amanecer estuvieron formados en derredor de este espectáculo, tan interesante para las almas libres, los niños de la escuela pública, que se habían dirigido a este sitio marchando en columna al compás de tambor y pito, tocados diestramente por dos de los mismos jóvenes, trayendo todos el gorro encarnado, vestido cívico, y banderita tricolor. En esta lucida aptitud, al romper la salva de artillería, en medio de un numeroso concurso saludaron al Sol de Mayo con la canción que sigue:

 

Al sol que brillante

Y fausto amanece

Aromas y cantos

América ofrece.

 

A las diez de la mañana el exmo. Cabildo gobernador presidido del señor delegado y seguido de su comitiva de estado se dirigió al templo por medio del lucido quadro de tropas que guarnecían la plaza. Al principiar la función, así como al alzar y concluirse, rompieron sus descargas la fusilería y los seis cañones situados en sus lugares respectivos. El sargento mayor de la plaza, como comandante interino de las armas arengó á las tropas á nombre del gobierno.

La magnificencia del templo adornado a competencia por vanas matronas, que tomaron a su cargo los altares y la solemnidad augusta de las ceremonias imprimían los sentimientos del respeto, y de la admiración. El Dr. D. Tomás Xavier de Gomensoro, cura de la villa de Guadalupe, pronunció la oración del día, demostrando hasta la evidencia los sólidos fundamentos de nuestra cansa y tributando toda la admiración y encomios de que son dignas las victorias y la grandeza de los guerreros orientales.

Concluida la función, el exmo. Cabildo, y todo el acompañamiento hizo alto delante de la pirámide en cuyes gradas estaban repartidos los niños de todas las escuelas, manteniendo cada uno la bandera tricolor, que tremolaban al entonar el coro de sus respectivas canciones. La escuela principal se distinguía por un lazo tricolor, que llevaban los niños en el brazo izquierdo. Solicitaron la venia del gobierno que tubo el placer de dispensarla en esta forma:

 

Señor,

Un americano
Del veinticinco animado
Esta insignia ha colocado
En nosotros por su mano;
Ella le anuncia al tirano

Palidez, temblor y espanto.
Al gran veinticinco ¡quanto
Celebramos su memoria!
Y á nuestra patria la gloria
Que hemos tributado en canto.

Así señor no dudamos
De vue-sencia siempre amantes
Nos lo conceda, pero antes
Al General saludamos,
Y transportados digamos
Compatriotas, con unión:
Viva la nueva nación
Del gran Sudamericano,
Que ella sola por su mano
Tremoló el libre pendón.
De vue-sencia protegidos
Ya no negaremos ser;
Si nos permite el traer
Por quatro días seguidos
La insignia, que hoy atrevidos

Presentamos con unión:
Sea este un galardón
Del gobierno americano,
Que le demuestre al hispano
Los triunfos de la nación.

A la provincia juremos
Sus derechos sostener,
O antes con gusto verter
La sangre, que le debemos
Este voto alimentos
Siempre en nuestros corazones,
No viva en estas regiones
Un tan solo Americano.
Que no defienda su mano
Nuestros libres pabellones.

 

Por mis amados condiscípulos,

Manuel de Araucho.

Concluido este agradable acto, entró todo el concurso á la casa consistorial, en la que se habla dispuesto un refresco general para todas las clases.

A las diez de la mañana del día 26 estuvieron todas las escuelas guarneciendo las gradas de la pirámide, y entonando los himnos de la patria hasta las doce, en cuya hora se dirigió el exmo. Cabildo con su comitiva de ceremonia a autorizar el importante acto de la apertura de la Biblioteca pública, cuya obra a todo empeño se llevó al cabo para hacer mas señalado su establecimiento. El salón de la librería ya colocada en magníficos estantes de cedro estaba primorosamente vestido de tapetes y cielo raso, en cuyo centro se veía pintado un hermosísimo sol en el subido punto de su esplendor y en sus extremos figuradas las faces de la luna. Luego que tomaron asiento fas autoridades, el señor director del establecimiento, cura vicario general don Dámaso Larrañaga, pronunció el discurso inaugural digno del objeto y de su acreditada erudición.

La iluminación general y los fuegos artificiales concurrieron á la diversión publica de esta noche. Fuera de esto el frontispicio de la recoba decorado con hermosos arcos, entretejidos de verdes ramas y alumbrado por faroles de color que ofrecían a todas horas un espectáculo brillante, que parecía competir con el dei parque de artillería, donde se estrenó un pabellón de primer orden y el escudo de armas de la provincia colocado sobre la fachada principal.

En los tres días, la inalterable serenidad del tiempo, casi singular en la estación: el orden, tan esencial en estos casos sin el menor contraste; la feliz concordia de Ias pasiones y la pacifica alegría de todos, fueron otros tantos motivos, para que se disfrutasen y resaltara el lucimiento de las fiestas.

Mayo. Orientales de 1816.

 

La biblioteca pública. Luz para los pueblos

Una biblioteca no es otra cosa que un domicilio o ilustre asamblea en que se reúnen, como de asiento, todos los más sublimes ingenios del orbe literario, o por mejor decir, el foco en que se reconcentran las luces más brillantes, que se han esparcido por los sabios de todos los países y de todos los tiempos. Estas luces son las que este ilustrado y liberal Gobierno viene á hacer comunes a sus conciudadanos: éstas las sólidas riquezas y los más preciosos tesoros con que os convida con una ostentosa profusión en éste suntuoso templo, que acaba de erigir a las ciencias y a las artes.

El Jefe que tan dignamente nos dirige y estos celosos Magistrados, lejos de temer las luces, las ponen de manifiesto y desean su publicidad.

A vista pues, de tamañas ventajas y de tan copiosos beneficios como os va á proporcionar ésta publica Biblioteca, viendo cumplidos mis deseos, mi alma inundada de un júbilo inefable, no puede contenerse sin exclamar por último: que sea eterna la gratitud a todos quantos han tenido parte en éste publico Establecimiento! Gloria inmortal y loor perpetuo al celo patriótico del Gefe de los Orientales, que escasea aún lo necesario en su propia persona, para tener que expender con profusión en establecimientos tan útiles a sus paisanos! 

Es acreedor á nuestro agradecimiento el joven su digno Representante, que como tan amante de las ciencias, jamás, aún en los más grandes apuros del erario se ha dexado de prestar á todas aquellas erogaciones que le proponíamos, como necesarias. Son también en dignos de los mayores elogios los Gobiernos pasado y presente, aquel por haber apoyado y elevado nuestra solicitud y hecho la mitad de la obra; y éste por haberla llevado hasta su última perfección. Sean por último muy respetables las cenizas del venerable anciano nuestro compatriota el finado Dr. D. José Manuel Pérez y Castellano, el primer Presbítero y Doctor de vuestro país. Hace poco que éste nuestro Mentor muriendo entre mis brazos, dexó para mayor perpetuidad de este establecimiento lo mejor parado de sus bienes; pero el legado mas precioso es su Opúsculo de Agricultura, sazonado fruto de sus últimos años llenos de experiencia y sabiduría.

Al efecto y teniendo noticia de una librería que el finado cura Ortiz dejó para la Biblioteca de Buenos Aires, usted hará las indagaciones competentes y si aún se halla en esa Ciudad, aplíquese de mi orden a la nueva de Montevideo. Igualmente toda librería que se halle entre los intereses de propiedades extrañas, se dedicará a tan importante objeto. Espero que usted contribuirá con su eficacia a invitar los ánimos de los demás compatriotas a perfeccionarlo y que no desmayará en la empresa hasta verla realizada.

Espero igualmente los dos tomos que usted me oferta, referentes al descubrimiento de Norte América, su revolución, los varios contrastes y sus progresos hasta el año de 1807. Yo celebraría que esa historia tan interesante la tuviese cada uno de los orientales. Por fortuna tengo un ejemplar; pero él no basta a ilustrar tanto, cuanto yo deseo y por este medio mucho podría adelantarse.

 

La imprenta para el triunfo de la Libertad

Habiendo en Montevideo la imprenta con sus operarios póngala usted en ejercicio; ya por un tanto al cargo de algún periodista, ya por cuenta de este Ilustre Cabildo. Delibere usted lo mejor tanto en lo relativo a la impresión como por los fondos, que pudiera aumentar a esa Municipalidad.

He recibido con el honorable de usted del 14 del corriente el Prospecto Oriental, primer fruto de la prensa del Estado y conveniente para fomentar la ilustración de nuestros paisanos. Yo propenderé por mi parte a desempeñar la confianza que en mí se ha depositado con los escritos que crea convenientes a realizar tan noble como difícil empeño. Entretanto usted debe velar porque no se abuse de la imprenta. La libertad de ella al paso que proporciona a los buenos ciudadanos la utilidad de expresar sus ideas y ser benéficos a sus semejantes, imprime en los malvados el prurito de escribir con brillos aparentes y contradicciones perniciosas a la sociedad. Por lo mismo el periódico está juicioso y merece mi aprobación.

La solidez en nuestras empresas ha dado la consistencia precisa a nuestra situación política y es difícil se desplome esta grande obra, si los escritos que deben perfeccionarla ayudan a fijar lo sólido de sus fundamentos. Por lo tanto usted mande invitar por el periodista a los paisanos que con sus luces quieran coadyuvar nuestros esfuerzos, excitando en los paisanos el amor a su país y el mayor deseo por ver realizado el triunfo de la Libertad. Usted es encargado de este deber y de adoptar todas las medidas conducentes a realizarlo, como de evitar las que puedan contribuir a imposibilitarlo.

Tengo la honra de saludar a usted con toda mi afección.

Cuartel General, 23 de setiembre de 1815.

José Artigas.

 

Al cabo la prensa de Montevideo ha salido a luz con objetos dignos de la pública estimación. Sobre ellos podían formarse las mejores reflexiones: con ellas se adelantaría el convencimiento, la energía y la ilustración y que los periodos de la Imprenta coadyuvasen a cimentar la pública felicidad.

Los bandos y proclamas que usted me ha remitido ya van dirigidos a los puntos donde puedan producir su efecto, recomendando nuevamente el mayor celo por esta medida, que reiterada por usted, con graves penas acaso sea el principio del pronto restablecimiento de la campaña. Hasta donde mi vista alcance, no dude usted la haré cumplir en todas sus partes.

Para mí es muy doloroso no haya en Montevideo un solo paisano que encargado de la prensa dé a luz sus ideas ilustrando a los orientales y procurando instruirlos en sus deberes. Todo me penetra de la poca decisión y la falta de espíritu público que observo en ese Pueblo. Yo deposité en usted esta confianza, ansioso de verla desempeñada y una frialdad degradante ha ocupado el asiento de las resoluciones. Más energía, más actividad, de lo contrario tomaré providencias más ejecutivas.

 

Disposiciones de Artigas al Cabildo

Mis órdenes sobre el particular han sido repetidas y terminantes y su inobservancia no puede sernos favorable. En usted he depositado la salvación de ese Pueblo y está exánime y será el mayor dolor verle expirar en manos de sus propios hijos. Sean los Padres de la Patria más inexorables por su deber: de lo contrario aún me sobran bríos para firmar su exterminio. No es difícil calcule usted los sentimientos que arrancan de mi corazón estas expresiones.

El bien puede ser digno de la mayor estimación; pero las varias complicaciones no permiten ceder en beneficio de los particulares, lo que damnifica los intereses generales. Con este fin son dictadas mis providencias y cualquier excepción de la ley será un motivo de excitar el celo en los demás conciudadanos. Este es ciertamente el peor de los males y para evitarlo sean todos iguales a presencia de la ley. No será extraño que en la época se perjudiquen los particulares cuando el Estado mismo se perjudica sujeto al duro imperio de las circunstancias.

Enseñemos a los paisanos a ser virtuosos a presencia de los extraños y si su propio honor no los contiene en los límites de su deber, conténgalos al menos la pena con que serán castigados.

Los magistrados deben ser enérgicos garantidos en la solidez de sus virtudes.

Usted conoce como yo la indigencia de la Provincia y todos y cada uno de sus individuos deben convencerse de la necesidad de hacer algunos sacrificios en obsequio de su patria.

En los peligros crecen las ansiedades y el entusiasmo general quedaría paralizado con la indolencia de los magistrados. Ellos deben ser inexorables si la Patria ha de ser libre. Si oye usted exclamaciones no hallará un delincuente y mientras los resultados acreditan la falta de confianza.

Usted debe ser un Argos que todo lo prevenga, inspeccione y remedie. Nuestro Estado naciente sólo presenta dificultades; allanarlas es obra del tino y de la prudencia. Los magistrados son los encargados de perfeccionarla y nada será a usted tan obvio como celar la administración del Estado y reunir todos los intereses que deben formar la salud pública.

Los ingleses deben conocer que ellos son los beneficiados y por lo mismo jamás deben imponernos; al contrario, someterse a las leyes territoriales según lo verifican todas las naciones y la misma inglesa en sus puertos.

Espero por don Bernardo Aguiar los 144 cuchillos flamencos y las doce hachas de cuña, para cortar maderas.

Lo que más interesa por ahora es que usted tome las más eficaces providencias para poner botes o cuando menos canoas, uno en el Yi paso del Durazno; otro en el Río Negro paso de Rivera y otro en Santa Lucía en cualquiera de los pasos precisos. En ellos deberá ponerse a su cuidado algún vecino y para facilitar el pronto pasaje de los chasques y de las tropas en caso de ser preciso moverlas de uno a otro punto. El invierno se aproxima y es forzoso contar con esa dificultad; para salvarla bueno es tomar providencias de antemano y usted penetrado de las ocurrencias no dudo activará la presente como un medio de seguridad en caso de algún movimiento inesperado.

Por la presente sólo tengo que anunciar a ustedes que la Capilla de las Piedras necesita especial patrocinio tanto por su actual indigencia cuanto por merecer una decidida recomendación en razón de haberse estampado en ese pueblo los primeros pasos, que harán inmarcesible nuestra gloria. Yo a fin de realzarla me comprometo a auxiliar, con lo que aquí pueda y me permitan las circunstancias. Por lo mismo soy de parecer que de pronto se le franqueen al cura párroco don Domingo Castilla quinientos pesos para entrar en la recomposición de aquella iglesia. El resto hasta mil se le darán sucesivamente luego que los fondos del Estado puedan adelantarse con los nuevos ingresos. Al efecto escribo con esta fecha al dicho Cura. Espero que usted le inspirará a él y su vecindario los mejores deseos por el adelantamiento de aquella iglesia de que su eficacia contribuirá no poco a un empeño de tanta importancia.

Será benéfica ciertamente la multiplicación de la vacuna tanto en nuestra Provincia como en el Entre Ríos, Corrientes y Misiones, donde especialmente hace fatales estragos. Con este socorro a la humanidad se conseguirá el que no perezcan tantos como actualmente está sucediendo.

He recibido el ejemplar que usted me remite y las dos lancetas. El vidrio llegó quebrado y sin virus. El físico inglés dice que todo se ha desvanecido. Por lo mismo será loable que usted los haga remitir bien acomodados los que se hayan de remitir a los Departamentos de Provincia. Espero con brevedad todos los que usted pueda mandarme para repartirlos en estos pueblos y en todo el Entre Ríos, debiendo cuidarse de su seguridad en el acomodo.

Ya están en mi poder los vidrios de vacuna, igualmente que los ejemplares de su instrucción según anuncia a usted el correo anterior.

Yo no haré más que dirigirlos a su propia felicidad y perpetuar mis grandes deseos hasta ver asegurado en nuestros territorios el Pabellón de la Libertad y la época feliz.

Al efecto reencargo a usted la vigilancia sobre el abasto de los renglones precisos. Van ya dos insinuaciones que me han hecho de esa Ciudad sobre la escasez de carne y pan por el mal arreglo y la arbitrariedad de los abastecedores.

Recomiendo a usted el mayor celo por este deber y el castigo preciso a cualquiera que de palabra u obra intentare vulnerar lo sagrado de la Patria, su dignidad y derechos.

Usted debe adornarse de prudencia; sea siempre pronto a oír reclamaciones y tarde para resolverlas.

El que no entra al orden de la sociedad por la esperanza del bien, es forzoso lo arredre el temor de la pena.

La madurez en los consejos es el resultado de un gobierno sabio.

 

La administración de los fondos públicos

Hallando usted todas las cualidades precisas en el ciudadano Pedro Elisondo para la administración de fondos públicos, es indiferente la adhesión de mi persona. Póngalo usted en posesión de tan importante ministerio y a usted le toca velar sobre la delicadeza de ese manejo. Es tiempo de probar la honradez y que los americanos florezcan en virtudes. Ojalá todos se penetrasen de éstos mis grandes deseos por la felicidad común.

Todo por ahora es provisorio y por lo mismo reencargo a usted no se multipliquen, ni las autoridades ni los administradores ni otros puestos que graven los fondos de esta indigente Provincia. La labor, la industria, el comercio son los canales por donde se introduce la felicidad a los pueblos y éstos respiran tanto mayor aire de libertad cuanto menos abrigan en su seno menos hombres mercenarios. Pocos, bien dotados y conmovidos por la responsabilidad, serán suficientes para llenar sus deberes y ser útiles al país que los alimenta.

 

Poblar y fomentar la campaña

Entretanto vele usted sobre la conservación de nuestra campaña según anuncié a usted en mi última comunicación. De lo contrario nos exponemos a mendigar. Cada día me vienen partes de las tropas de ganado, que indistintamente se llevan para dentro. Si usted no obliga a los hacendados a poblar y fomentar sus estancias, si no se toman providencias sobre las estancias de los europeos fomentándolas, aunque sea a costa del Estado; si no se pone una fuerte contribución a los ganados de marca extraña introducidos en las tropas dirigidas para el abasto de esa plaza y consumo de saladeros, todo será confusión: las haciendas se acabarán totalmente y por premio de nuestros afanes veremos del todo disipado el más precioso tesoro de nuestro país.

Entretanto usted tenga la bondad de proclamar en los pueblos la necesidad de poblar y fomentar la campaña según mis últimas insinuaciones, mientras llega el señor Alcalde Provincial y podemos poner en ejecución aquellas medidas que se crean más eficaces para la realización de tan importante objeto.

Sería convenientísimo, antes de formar el plan y arreglo de campaña, que usted publicase un bando y los transcribiese a todos los pueblos de la Provincia relativo a que los hacendados poblasen y ordenasen sus estancias por sí o por medio de capataces reedificando sus posesiones, sujetando sus haciendas a rodeo, marcando y poniendo todo en el orden debido para obviar la confusión que hoy se experimenta, después de una mezcla general. Prefije usted el término de dos meses para operación tan interesante y el que hasta aquella fecha no hubiese cumplido esta determinación, ese muy ilustre Cabildo Gobernador debe conminarlo con la pena de que sus terrenos serán depositados en brazos útiles, que con su labor fomenten la población y con ella la prosperidad del país.

Si no ha tenido efecto la invitación de usted para poblar las costas del Uruguay; al menos quedará satisfecho el Gobierno con haber llenado sus deseos y los vecinos no tendrán que lamentarse de su desgracia, después de proporcionarles su felicidad. Ellos llorarán algún día esta pérdida, cuando tengan los conocimientos bastantes para calcular los resultados de su indolencia: dejando en manos de ustedes las medidas, que deban adoptarse por el logro de un objeto tan benéfico como interesante.

Participo a usted que acaban de llegar a este Cuartel General además de los guaycuruses, que tenemos reducidos a nuestra sociedad, más de 400 indios abipones con sus correspondientes familias, a quienes he podido atraer con cuatro caciques por medio del principal don José Benavides. No dudo que ellos serán muy útiles a la Provincia y que todo sacrificio debe dispensarse en su obsequio, consiguiendo con ellos el aumento de la población, que es el principio de todos los bienes. Estos robustos brazos darán un nuevo ser a estas fértiles campañas, que por su despoblación, no descubren todo lo que en sí encierran, ni toda la riqueza, que son capaces de producir.

Al efecto es preciso que usted nos provea de algunos útiles de labranza, arados, azadas, algunos picos y palas igualmente.

 

La enseñanza para evitar males pasados

En virtud del informe que ha rubricado usted sobre la representación del Maestro de Escuela don Manuel Pagóla, no solamente no lo juzgo acreedor a la escuela pública, sino que se le debe prohibir mantenga escuela privada. Los jóvenes deben recibir un influjo favorable en su educación para que sean virtuosos y útiles a su país. No podrán recibir esta bella disposición de un maestro enemigo de nuestro sistema y esta desgracia origen de los males pasados no debemos perpetuarla a los venideros, cuando trabajamos por levantarles el alto edificio de su libertad.

Sea usted más digno en dar todo el lleno a la confianza, que en usted se ha depositado y la energía en los magistrados convencerá a sus súbditos del espíritu público de que se hallan investidos.

Tenga usted a bien llamar a dicho Pagóla a su presencia y reconviniéndole sobre su comportación, intimarle la absoluta privación de la enseñanza de niños y amenazarle con castigo más severo, si no refrena su mordacidad contra el sistema. El americano delincuente debe ser tanto más reprensible, cuanto es de execrable su delito.

Tengo la honra de saludar a usted y dedicarle mis más altas consideraciones.

Cuartel General, 16 octubre 1815.

José Artigas.

 

Se remitirán los Reverendos Padres Otazú y Lamas en la lancha San Francisco Solano en virtud de la utilidad que usted manifiesta, en el informe que me dirige usted con fecha 4 del corriente. Yo sin embargo de serme tan precisos para la administración del pasto intelectual de los pueblos, que carecen de sacerdotes, me desprendo de ellos porque sean útiles a ese pueblo, ya que usted manifiesta la importancia que ellos darán al entusiasmo patriótico.

Si el Padre José Benito Lamas* es útil para la escuela pública, colóquesele y exhórtesele al Reverendo Padre Guardián y a los demás sacerdotes de ese pueblo, para que en los púlpitos y confesionarios convenzan la legitimidad de nuestra justa causa, animen su adhesión y con su influjo penetren a los hombres del más alto entusiasmo por sostener su libertad.

Asimismo depende de usted que en público resalte el patriotismo en todos aquellos actos que pueda explicarse con denuedo. Usted nada me dice de la remisión del resto de europeos que tengo pedidos. Ellos son el principio de todo entorpecimiento y los paisanos desmayan al ver la frialdad de los magistrados. No me ponga usted en el extremo de apurar mis providencias. Ya estoy cansado de experimentar contradicciones y siendo la obra interesante a todos los orientales, ellos deben aplicar conmigo el hombro a sostenerla. El que no se halle capaz de esta resolución huya más bien de nuestro suelo. Pocos y buenos somos bastantes para defender nuestro suelo del primero que intente invadirnos.

 

La primera división territorial

Según un documento firmado el 10 de setiembre de 1815, en el año 1816 (enero) tiene lugar la primera división territorial sobre la base de los Cabildos:

 

Montevideo y extramuros (hasta Peñarol),

Guadalupe (Pando, Piedras y Santa Lucía),

San José (Florida y Porongos),

Maldonado (San Carlos, Minas, Rocha y Santa Teresa),

Santo Domingo Soriano (Mercedes y San Salvador),

Colonia (Colla, Vacas*, Víboras y Real de San Carlos).

 

Estos Cabildos a su vez dependían del Cabildo Gobernador. Durante la guerra con Portugal, previo al comienzo de las operaciones, en agosto, el ejecutivo se concentra en el Gobernador Delegado Barreiro y el Fiel Ejecutor don Joaquín Suárez.

Es mi resolución que continúen los mismos que han gobernado el presente año hasta que restablecida la tranquilidad y sosiego podamos consultar en todos la voz general. Usted lo comunicará oficialmente a todos los Cabildos y Comandancias de los Departamentos para que nada se innove sobre este particular.

 

El orden para la mayor seguridad de la Provincia

Siempre estuvo en el primer plano del pensamiento artiguista el arreglo* de la Provincia en todos sus aspectos. 

No separaba para nada la jurisdicción política de la militar sino que la ordenaba coordinando ambos aspectos. Las milicias se organizaban por departamento:

 

Canelones (Coronel Manuel Francisco Artigas),

San José (Tomás García de Zúñiga),

Soriano (sargento mayor Pedro Pablo Gadea),

Maldonado (coronel Angel Núñez),

Colonia (coronel Pedro Norberto Fuentes) y

en Montevideo se organizó un Batallón de Cívicos al mando del Cabildo.

 

El pensamiento de Artigas era claro en el servicio de las armas, por otra parte, seguía el pensamiento tradicional hispano: "Ningún americano debe ser indiferente al Sistema. Todo el mundo debe alistarse para servir en un caso forzoso".

Buscó, como se puede ver, dar "la mayor seguridad a la Provincia" providenciando "su mejor arreglo", anunciando "mi resolución y eficacia con que deben reanimarse los intereses de la Patria para su sostén y defensa. Este paso no es conveniente solamente por la guerra sino como un medio de la tranquilidad. De su allanamiento resultan ventajas a nuestra situación política."

Tomando como ejemplo el departamento de Canelones y extramuros, se dividieron los partidos por escuadrón.

 

El primero constaba de Extramuros hasta Miguelete;

Pantanoso, Peñarol y Toledo (Segundo);

Piedras, Cerrillos y Santa Lucía (Tercero);

Vejiga y Tala (Cuarto);

Pando, Sauce y Solís Chico (Quinto).

 

Llegó a remontar 1.700 hombres.

Manuel Francisco Artigas confeccionó su reglamento.

 

 

LA INVASION LUSO-BRASILEÑA

Introducción

 

La aurora triunfal del año 1815 que prometía la paz a los orientales, a cuyo amparo se concretarían los anhelos, que tendría por resultado el progreso en todos los órdenes, se vio eclipsada a mediados de 1816 por la tormenta de la invasión portuguesa. La guerra, auspiciada por la diplomacia del centralismo para deshacerse del General Artigas, era un hecho.

El 30 de marzo de 1816 llegan a Rio de Janeiro 5.000 hombres al mando del General Carlos Federico Lecor, integrantes de las fuerzas que habían luchado contra Napoleón.

En Rio de Janeiro, además de la familia real portuguesa y la diplomacia británica y española, se encontraba el recientemente expulsado Director Alvear y su ministro Nicolás Herrera, oriental de nacimiento mas no de corazón, hombre "que dice menos de lo que sabe", como lo recuerda Gervasio A. Posadas en sus "Memorias". Está la diplomacia bonaerense en busca de un príncipe para coronar. Están los españoles montevideanos que abandonaron la plaza luego de su caída. Están pues, todos los enemigos de Artigas y de su "Sistema", lo que Nicolás Herrera dio en llamar la "sublime intriga", si sublime es reunir a los enemigos de la Patria para que vengan a sojuzgarla.

 

El plan de defensa

 

Frente a tal situación el General Artigas toma sus medidas para enfrentar al poderoso enemigo, que no son otras, en líneas generales, que el plan de 1812: defenderse atacando al enemigo en su propio territorio. En carta al Delegado Barreiro está esbozado el plan y las primeras medidas a tomar: 

 

Mi estimado Barreiro:

 

Cerciorado del hecho que sale la expedición del Janeiro para estos destinos sea cual fuere el objeto de las combinaciones de aquel Gabinete nosotros debemos abrir la campaña contra ellos y darla primero para descompaginar todas sus ideas. Sobre este principio estoy seguro que ellos no podrán cargar sobre Montevideo con esa fuerza.

Para impedir del todo el proyecto, he de hacer un movimiento pronto y general en toda la línea y los más rápidos y fuertes deberán experimentarse en Misiones, debiendo repasar Andrés el Uruguay con dos mil hombres de toda arma a cuyo efecto estoy remitiéndole todos los auxilios que por ahora creo precisos. Lo remoto de aquel punto debe precisamente llamarles a una reconcentración para operar y entonces es difícil que obren sobre Montevideo sin exponerse a perder lo uno y lo otro. Las divisiones de Entre Ríos marcharán a ocupar Mandisoví para de allí repasar el Uruguay. Las de este Cuartel General, reuniendo toda la milicia del Río Negro marcharán por su frente hasta el paso de Santa María donde está su campamento. A Torgués ya pasé la orden para que alistase toda su división y reunido la milicia del Cerro Largo, entre por aquel punto hasta formar nuestra reunión en Santa Tecla.

Don Frutos debe marchar inmediatamente con 100 hombres de su división a ocupar Maldonado con el doble objeto de poner el arreglo y actividad a aquella milicia, cubrir la entrada por Santa Teresa y estar allí a la observación de todo hasta ver donde es preciso que se haga el esfuerzo según le oficio. El caso es que si los portugueses desembarcan en el Río Grande y hacen su expedición toda por tierra ya es preciso que don Frutos sea reforzado con su división y que igualmente salgan las demás milicias de los departamentos a reforzar aquellos puntos que se crean precisos. Entre tanto ellas deben estar listas para ocupar este punto según lo aviso a don Frutos en caso de ser invadido, como también lo escribiré a Manuel, al comandante de los departamentos de milicias de la Colonia don Pedro Fuentes y como se lo he dicho a don Tomás García que con este fin marchará en breve para su departamento.

El movimiento general se ha de hacer con la brevedad y sorpresa posible a cuyo fin impartiré las órdenes y cautelas convenientes. Por lo mismo, usted no perdone comunicarnos noticia que baste a fijar el juicio para dirigir los movimientos con la rapidez que demandan las circunstancias.

Entretanto ya he escrito a todos los comandantes a las fronteras y a todas partes afín de que estén listos para la segunda orden y usted no omita diligencia por activar las medidas siguientes:

Del Cerro Largo deben ir a buscar para armar aquella milicia 300 carabinas, 100 sables según el oficio que he pasado al alcalde don Juan Astorga y 3.000 tiros para lo cual deben ellos mandarlos buscar. Escriba usted a Torgués que si necesita municiones y algunas armas más las mande buscar.

Al comandante de Maldonado don Angel Nuñez se le darán 400 carabinas y 200 sables. A don Manuel Artigas para ese Departamento 700 carabinas y 400 sables. A don Tomás García 500 carabinas y 200 sables. A don Pedro Fuentes de la Colonia 300 carabinas y 100 sables. A don Pedro Pablo Gadea del departamento de Soriano 300 carabinas y 100 sables. Con este orden que es en proporción de los estados presentados según el nuevo arreglo todos los departamentos estarán armados con prevención que los sables deben servir para armar compañías de caballería, que deben servir en las mismas divisiones de cuyos comandantes, debe usted recibir en la entrega los recibos correspondientes para que ellos respondan de su exactitud en todo.

El tren volante debe ponerse en Canelones al resguardo de las compañías cívicas de aquel pueblo a cuyo fin dará usted igualmente las armas correspondientes.

Debe cuidarse mucho del repuesto de municiones que hay en aquel destino debiendo poner en él toda la pólvora y balas que se crean superfinas en esa Plaza.

Don Manuel Artigas deberá entrar con dos escuadrones de su gente para la mayor seguridad de la Plaza, luego que salga don Frutos. Otro escuadrón de la misma gente que será de caballería guardará la costa y hará su fatiga en esas inmediaciones debiendo estar prontos para cualquier aviso que se ofrezca.

Lo que hay de más interesante es que necesitamos para este destino cien quintales de pólvora y todas las balas que se puedan remitir de fusil. Usted ve por mis ideas que éste debe ser el centro de apoyo y de los recursos. Por lo mismo es preciso que antes que escasee me remita usted 100 rollos de tabaco y 25 resmas de papel y todas las lanzas que haya hechas. Es preciso hacer muchas de estas armas pues sabe usted cuanto valen y pueden obrar entre las armas de chispa que tienen las divisiones.

También es preciso que después de la repartición indicada me remita usted siquiera quinientos fusiles más para armar estas milicias con la división que debe venir de Corrientes, en cuyo caso no me alcanzan las que tengo, incluso los 700 fusiles nuevamente comprados. También si sobran algunos sables después de la dicha repartición, es preciso algunos más, pues gente que armar no falta.

Ya dije a usted lo que me participaba Lesica, que 800 fusiles y 300 quintales de pólvora marchaban a ese Puerto. Tómelos usted todos: el asunto es tener armas y armar a todo ciudadano para hacer un esfuerzo tal cual corresponde.

También necesitamos ya el cirujano, que traiga su botiquín pues de las cajas que teníamos ya se ha consumido lo más. Es igualmente preciso algún poco de fierro, ídem acero y cajas de fusiles que usted no ignora las que se rompen con el caballo.

Todos estos encargos son precisos que vengan en el primer buque que se presente. San Francisco Solano, ni la Carmen no han llegado y aunque serán despachadas brevemente no debe usted aguardar su regreso si se presenta ocasión, aunque sea por el Arroyo de la China pues allí pienso poner algo según he escrito a Berdún a quien para el efecto he pedido una casa de las del Estado.

San Francisco Solano y la Carmen regresarán al momento y ellos podrán traer el resto de lo que haya quedado por traer y todo lo que se pueda de los renglones predichos.

Al Gobierno le digo tome un recuento de todos los comerciantes portugueses que no sean vecinos de la Provincia y en caso de rompimiento todos deben ser desconficados y aplicados a los fondos públicos.

También hablo al Gobierno sobre la vigilancia que debe haber en todos los sospechosos para ponerlos a seguro de cualquier tentativa remitiéndomelos.

Igualmente que el Puerto quede cerrado para los puertos del Brasil y que no se permita a nadie extraer intereses de la Provincia para ningún otro puerto; ni menos dar licencia a ninguna familia ni a ninguno de los ciudadanos para marchar a otro destino que no sean los de la Provincia. Es preciso que todos se sacrifiquen para conseguir la gloria inevitable de un general esfuerzo.

Esto es lo que a la fecha está dispuesto y prevenido y lo pongo en conocimiento de usted para que todas las medidas se dirijan a este fin. Yo siento muy buenos los paisanos y este es mi mayor consuelo. Por el correo y consecutivamente avisaré a usted cualquier otra providencia que estime necesaria según el orden de los sucesos que se vayan presentando. Nada debo decir a usted de la eficacia tan precisa, cuando nadie mejor que usted está penetrado de la importancia de estos momentos. El año de 16 ha corrido favorablemente, acaso complete con sus días la gloria de vemos triunfantes, libres y felices.

Desea a usted toda felicidad su apasionado y servidor.

 

Purificación, 30 de junio de 1816.

 

José Artigas

 

Las operaciones

 

El General Artigas emprende con gran optimismo la ardua empresa de la defensa de la Patria contra el poderoso invasor, como puede extractarse de su correspondencia:

"Todo debe esperarse de la energía de los orientales y de su denuedo por el sostén de la libertad. La decisión es unánime y firme en todos los orientales. Su genio magnánimo y guerrero sólo necesita de dirección y confianza".

La interceptación de sus planes trajo por tierra su ataque hacia el interior de Rio Grande. Los primeros días de octubre de 1816 tiene lugar en Montevideo la revolución de los Cívicos que es sofocada gracias al valor y empeño de Felipe Duarte así como las medidas tomadas por el Delegado Barreiro. En esta oportunidad se destaca el Capitán de Artillería don Manuel Oribe.

Los elementos de la capital para los cuales la Patria es una institución destinada a defender sus intereses particulares, niegan en los momentos de peligro su sangre y como en todas las épocas, sirven al enemigo de la tierra desde la retaguardia.

"Mi plan siempre ha sido sostener la guerra en campaña en razón de los recursos. Las Divisiones que pudieran operar sobre esa Ciudad, se hallan en la frontera y siempre amenazadas, si se internan franqueamos el paso al enemigo y esa guarnición encerrada siempre estará expuesta a ser perdida. Por lo mismo, he resuelto que toda la guarnición salga fuera a obrar con el resto, que deben hacer su resistencia en campaña. Nuestra campaña se teñirá de sangre antes que el portugués la domine".

A pesar de todo, el General Artigas logra mantener el frente norte, mientras que por el sur, luego de converger en Pan de Azúcar las divisiones de Lecor y de da Silveira, avanzan sobre Montevideo.

Ha quedado atrás la sangrienta India Muerta (19 de noviembre) donde los orientales, al mando del coronel Fructuoso Rivera, son derrotados. Don Ramón de Cáceres nos recuerda un acto de valor de don Frutos, en dicha batalla:

"En esos momentos se aparece don Frutos, que venía como de retaguardia del enemigo, seguido como de tres o cuatro hombres, venía en un caballo tordillo y sin sombrero, no traía más arma que una hoja de espada enastada en una caña tacuara en figura de lanza; pasó por el costado izquierdo de la columnita portuguesa y al llegar a la cabeza, atropelló a un hombre que venía adelante que sin duda era oficial o guía general; éste, al sentir el tropel, miró ala izquierda y don Frutos después de tenderse casi hasta tocar con la espalda el anca de su caballo, enderezó el cuerpo y con la lanza en las dos manos, le pegó tan terrible lanzada al portugués, que le sacó toda la espada por el costado derecho, quebrando el asta que llevó consigo; el herido hizo ademán de sacarse la espada y cayó muerto. Este suceso hizo contramarchar la columnita y entonces volvieron algunos cuantos de los nuestros y acuchillaron a los de retaguardia como tres o cuatro cuadras, dejando en ese terreno como 12 o 15 muertos; entonces salió la reserva del enemigo y nuestra dispersión ya fue completa. Era digna de retratarse la figura de don Frutos al dar aquel lanzazo; era la aptitud más propia de un buen jinete, montado en un caballo excelente".

Días después de unidas las divisiones de los comandantes Torgués y Rivera, demoran en Casupá a la columna da Silveira. 

En el momento preciso para atacarlo, por medio de una vanguardia, cada uno de ellos quiere poner al frente de ella a su capitán más valiente: Rivera a Lavalleja, Torgués a Manuel Benavidez (hermano de Venancio); no se deciden y el enemigo elude el golpe.

Durante el año 1817, el General Artigas llega a Toledo donde tiene oportunidad de ver, una vez más, con sus propios ojos, las hazañas de don Juan Antonio Lavalleja quien, sable en mano al frente de sus hombres, persigue a los lusitanos hasta Maroñas.

Durante esta larga guerra, el General Artigas pierde muchos de sus hombres, entre ellos sus principales jefes. Blas Basualdo había muerto en 1815, lo sustituye José Antonio Berdún. A Mondragón, jefe de su vanguardia, que muere durante la creciente de un arroyo, lo reemplaza el comandante Juan Antonio Lavalleja*. Mueren en acciones "el famoso Encarnación", Vicente Tiraparé, Pantaleón Sotelo. Otros son hechos prisioneros: Andrés Artigas, Femando Torgués, Manuel Francisco Artigas, el padre José Acevedo, Juan Antonio Lavalleja, Bernabé Rivera, Leonardo Olivera, José Antonio Berdún. Sufren unos en las prisiones de Lajes, otros en Santa Cruz e Isla das Cobras y en la propia Rio de Janeiro. Algunos permanecen en Porto Alegre así como en Montevideo. El General no olvidó a sus Compañeros en desgracia.

Es muy común escuchar que el general Artigas fue derrotado a partir de 1817, con la caída de Montevideo. Que fue un mal general porque perdió batallas. Los que esto dicen desconocen el período de más poder del Protector en el cual desplegó sus mayores dotes de gobernante y conductor, que justamente se ponen de manifiesto en los momentos de más peligro, actuando con enemigos en todos los frentes, lusitanos y porteños (orientales y bonaerenses), con los propios recursos humanos y materiales. De este modo resistió más de tres años, siendo derrotado por la traición, pues ante las batallas perdidas, jamás decayó su voluntad. La guerra de partidas motivó que solamente se apartaran de Montevideo las fogueadas tropas de las guerras napoleónicas, que pasaban los mil hombres.

 

Misión Duran-Giró, el convenio con Pueyrredón

 

La invasión portuguesa motivó el envío a Buenos Aires de comisionados con la finalidad de obtener ayuda. Se suceden Victorio García de Zúñiga, luego Bartolomé Hidalgo y Francisco Bauzá, yendo por último los cabildantes Juan José Duran y Juan Francisco Giró, quienes firman con el director Juan Martín de Pueyrredón un tratado por el cual se obedecería al Congreso de Tucumán y al Directorio, jurando la independencia firmada el 9 de julio en Tucumán, Congreso en el cual no estaban representadas las provincias de la Liga, excepto Córdoba. Se izaría, además, el pabellón de las Provincias Unidas. Era negar la Liga de los Pueblos Libres, claudicando en la lucha que se sostenía desde 1811. Artigas, como Barreiro, rechazan dicho convenio. 

El Protector de los Pueblos Libres, desde el frente de lucha, campo volante de Santa Ana, el 26 de diciembre de 1816, escribe para la posteridad: 

"El jefe de los orientales ha manifestado en todo tiempo que ama demasiado a su patria para sacrificar el rico patrimonio de los orientales al bajo precio de la necesidad". 

Pueyrredón comisionó ante Lecor (en Santa Teresa) al Coronel Nicolás de Vedia, quien obtuvo del jefe portugués las seguridades de mantener una estricta neutralidad con Buenos Aires, que tomaría "la orilla oriental por derecho de primera conquista", que ocuparía "hasta el río Uruguay, por el momento y después quizás hasta el Paraná"; estos datos y el proceder posterior del Director, provocan las sospechas de Artigas quien lo apostrofa de la siguiente manera: 

 

Excelentísimo Supremo Director de Buenos Aires,

don Juan Martín Pueyrredón.

 

Excelentísimo señor:

¿Hasta cuándo quiere usted apurar mi sufrimiento? Ocho años de revolución, de afanes, de peligros, de contrastes y miserias debieran haber bastado a justificar mi decisión y rectificar el juicio de ese Gobierno. El ha reconocido en varias épocas la dignidad del pueblo oriental; él debe conocer mi delicadeza por la inviolabilidad de sus derechos ¿y usted se atreve a profanarlos? ¿Usted, empeñado en provocar mi moderación? ¡Tiemble usted sólo al considerarlo! Por preciosos que sean los motivos a garantir esta conducta, ella es incompatible con los intereses generales. Promovida la agresión de Portugal, usted es criminoso en repetir los insultos con que los enemigos creen asegurada su empresa. En vano será que usted quiera ostentar la generosidad de sus sentimientos: ellos son desmentidos por el mismo orden de los sucesos y éstos convencen que usted es más escrupuloso de complacer los extraños, que en promover aquella santa energía que reanima a los libres contra el poder de los tiranos. De otra suerte, ¿cómo pudiera usted haber publicado en el último decreto el pretendido reconocimiento de la Banda Oriental? Crimen tan horrendo pudieran haberlo perpetrado solamente manos muy impuras ¿y usted se atrevió a firmarlo? Pero es perdonable, era conforme a los misteriosos planes de usted. Los pueblos entusiasmados por su libertad deben ser sorprendidos; los peligros crecían por instantes y el reconocimiento en cuestión, era el mejor apoyo de las ideas de usted; apresuró este paso y empezó a descubrirse el curso majestuoso de sus reservas para nuestra común perdición.

Efectivamente, conocía usted la dignidad de mi genio y que un justo reproche era todo el mérito debido a su perfidia; sin embargo, éste era el pedestal en que usted debía fijar su indomable neutralidad contra las invectivas del público. Neutralidad vergonzosa y que jamás podrá cohonestar delitos tan manifiestos; por ella, ha permitido usted trillar el paso con las exportaciones de trigos a Montevideo, al tiempo mismo que nuestras armas afligían por asedio aquella plaza. Usted debe confesarlo aunque pese a su decoro, es un hecho y lo es igualmente, que sólo con mucha traba y mengua ha permitido transportarlos a los pueblos orientales; por ello se motivó usted para disponer de la escuadrilla de mar y proteger la convulsión en esta Banda Oriental; por ella firmó usted el triste proyecto de repetir tercera expedición sobre Santa Fe y animar las intrigas del Paraná; por ella protegió usted los prisioneros portugueses de Soriano, autorizándose para devolverlos al general portugués. ¿Y cómo no se acordó usted de practicar igual generosidad con el Jefe de los Orientales, devolviéndole las armas y útiles de guerra que tenía a su bordo el buque en que fugaron? Por ella logró al fin usted mezclarse a tiempo oportuno avivando el fuego de la discordia, completarse con los portugueses, tramar la deserción de los libertos a la plaza, franquearles el paso y recibirlos usted en ésa como en triunfo. Un hecho de esta trascendencia no puede indicarse sin escándalo, ¿y usted es todavía el Supremo Director de Buenos Aires? Un jefe portugués, ¿habría operado más descaradamente? Cualquier imparcial mirará con degradación unos hechos que sólo merecen aprobación en el descalabro de usted. Ellos reconocen un origen más negro que la pura neutralidad: continuarla, empero, es un crimen imperdonable.

Por más que se quiera figurar el mérito de nuestras diferencias, la sana razón dicta que su discusión es inoportuna a presencia de un enemigo extranjero y ambicioso. Yo mismo he dado a usted más de una vez el ejemplo, ¿y usted no se atreve a imitarlo? ¡Oh! ¡y cómo es cierto que es muy dulce el nombre de la Patria, pero áspero el sendero de la virtud! No se ocultó a la penetración de usted aquel rasgo de filantropía. Sin traicionar a su propio conocimiento, no pudo usted ser indiferente a la detestable incursión del General Lecor en nuestro territorio, lo requirió por conducto del Coronel Vedia, ¿y por qué desconoce ahora la obra de sus manos? ¿Ahora y entonces no subsisten las diferencias? ¿No acaba usted de ultrajar la dignidad del pueblo de Santa Fe y en él a los demás? Confiese usted que sólo por realizar sus intrigas, puede representar en el público un papel de neutral tan ridículo: por lo demás, el Supremo Director de Buenos Aires ni debe ni puede serlo; profiero esta verdad para que usted no tenga tan vana ostentación de su debilidad. Usted es el mejor acusador; ¿no reconvino usted por la proclama conminatoria contra los orientales al gobierno portugués? ¿Por qué principió tal requisito, siendo usted un neutral o un indiferente a nuestras desgracias? Pero sea un neutral indiferente o enemigo, usted toma justamente la indignación ocasionada por sus desvaríos: tema, y tema con justicia el desenfreno de unos pueblos que, sacrificados por el amor a su libertad, nada les acobarda tanto como perderla. Desista usted de concebir el pobre pensamiento, que sobre los fragmentos de sus ruinas, se levantará algún día el capitolio de nuestra degradación.

La grandeza de los orientales sólo es comparable a sí misma. Ellos saben desafiar los peligros y superarlos; reviven a la presencia de sus opresores. Yo a su frente marcharé a donde primero se presente el peligro. Usted me conoce y debe temer la justicia de la reconvención. Usted no hace más que repetir los insultos que apuran nuestro sufrimiento. Cada día se renuevan con descrédito de la común felicidad, usted no debe creerme insensible. Yo, en campaña y repitiendo las sangrientas escenas de la guerra contra los injustos invasores y usted, debilitando nuestra energía con la mezcla de unos negocios que no dejan de excitar las más Justas sospechas. Yo, empeñado en el contrarresto de los portugueses y usted, en favorecerlos. En mi lugar, ¿usted mismo habría mirado con indiferencia esta degradante conducta?

Confieso a usted que, haciendo alarde de mi moderación, he tenido por violentarme más de una vez por no complicar los preciosos instantes, en que la Patria reclamaba la concentración de los mejores esfuerzos. Por lo mismo brindé a usted con la paz y usted provocándome a la guerra: no obstante, abrí los puertos que debían permanecer cerrados por poderosos motivos: devolví a usted generosamente los oficiales prisioneros, que aún no habían purgado sus delitos y agresiones sobre la inocencia de los pueblos. Usted no puede desmentir estos actos de mi generosidad que no ha podido igualarlos, después de sus continuados prometimientos por la reconciliación. Es verdad que usted franqueó algunas armas a las divisiones del Sitio y Paraná, pero sin darme el menor conocimiento. Esa doble intención de usted es el germen fecundo de sus maquinaciones. Convenía a las ideas de usted ponerse a cubierto de la responsabilidad de su inacción ante el Tribunal severo de los pueblos; ¿y creyó usted eludirla con alucinamiento y homenaje tan rastrero? ¿No lo acabamos de tocar en las convulsiones del Sitio y Paraná? ¿Podrá ocultarse a los pueblos que siendo distribuido el armamento sin el conocimiento de su Jefe, ese debía ser el resultado? Deje usted de ser generoso, si han de palparse tan terribles consecuencias. Deje usted de servir a la Patria, si ha de oscurecer su esplendor con tan feos borrones.

No es usted quien ha de oponerse a las miras del trono de Brasil; antes bien renueva en cada momento nuestras desgracias, inventando medios de destruir nuestros esfuerzos, que deberían escarmentarlas: de suerte que usted debe gloriarse, no de haber servido al público, sino de haber provocado mi constancia hasta tocar el extremo de desesperación: he sufrido, ¿y tiene aún la osadía de acriminar mi comportamiento en público y en secreto? ¿Soy por ventura yo como usted, que necesita vindicarse con el público y asalariar viles apologistas? Hechos incontrastables son el mejor garante de mi conducta ¿y los de usted? Los que refiere el CRONISTA ARGENTINO y otros muchos de este jaez ¿qué debe esperarse? A mí me toca expresar uno solo: usted no ha perdonado viveza para realzar sus deseos hacia nuestra reconciliación: yo abriendo un paréntesis a nuestras diferencias insté a usted por el deber de allanarlas al menos en momentos de tanto apuro, librando una sanción del ajuste precioso para concentrar nuestros esfuerzos contra el poder de Portugal. Tal fue mi propuesta en junio de este año: al efecto pedí a usted diputados adornados con plenos poderes para estrechar los vínculos de la Unión. Usted no pudo desconocer su importancia y se comprometió a remitir sus diputados. Obra en mi poder la respuesta de usted datada en 10 del mismo junio; en consecuencia, anuncié a los pueblos el éxito de mi propuesta: todos esperaron con ansia ese iris de paz y de la concordia. ¿Ni cómo era posible creerse dejase desairado el objeto importantísimo de mis votos? Pero es un hecho, sin que hasta el presente haya sido otro el resultado, que sin desmayo vergonzoso con que se cubre de ignominia el nombre de usted: para encubrirla debía escudarse usted contra las tentativas del pueblo mismo de Buenos Aires, y aquí la vulgaridad que yo había ofrecido diputados a usted que esperaba con el propio fin.

Es requerida muy poca dignidad en usted negarse tan abiertamente a los intereses de la conciliación, acriminándome para ocultar su perfidia. Es el último insulto con que usted me provoca ¿y, querrá usted que calle? Tal impostura es perjudicial a los intereses de la causa. Es usted un criminal e indigno de consideración, negándose a conciliar la unión de una y otra Banda. Pesará a usted oír estas verdades pero debe pesarle mucho más haber dado los motivos bastantes para su esclarecimiento: ellas 0van estampadas con los caracteres de la sinceridad, de un testimonio público y de la justicia de los sensatos. Si usted no ha cesado de irritarme, mi honor reclama su vindicación. Hablaré por esta vez y hablaré para siempre. Usted es responsable ante las aras de la Patria de su inacción o de su perfidia contra los intereses comunes. Algún día se levantará este Tribunal severo de la Nación y él administrará justicia. Entre tanto desafío a usted para combatir con energía al frente de los enemigos y ostentar todas las virtudes que deben hacer glorioso el nombre AMERICANO.

Tengo el honor de saludar a usted y reiterarle con toda consideración mis respetos.

Purificación, 13 de noviembre de 1817.

 

José Artigas

 

Misión Duran-Giró, el duelo de dos sistemas

 

Como se desprende de la carta que antecede, el advenimiento de Pueyrredón al Directorio significó una lucha a muerte entre los dos sistemas, el de los pactos interprovinciales preconizado por Artigas para la organización de la Confederación y el del poder central arraigado en Buenos Aires que encabezaba ahora un hombre que agotaba todos los medios materiales y morales para lograr su triunfo.

Los "ejércitos de pacificación" bonaerenses se repitieron sobre Santa Fe. Los cantos de sirena "pueyrredonianos", como los de Sarratea en 1812, se extendieron sobre Entre Ríos y la Banda Oriental, atrayendo a importantes jefes como Eusebio Hereñú en la primera y Rufino Bauza en la Oriental.

Pueyrredón paga para vindicarse con sus compatriotas a "viles apologistas" como lo es el oriental Pedro Feliciano Sainz de Cavia, quien escribe atacando a Artigas el célebre libelo: "El Protector Nominal de los Pueblos Libres, don José Artigas, clasificado por el Amigo del Orden", en momentos que llega una misión norteamericana a estudiar el posible reconocimiento de la independencia de las Provincias Unidas por parte de los Estados Unidos. Brackenridge, secretario de esa misión, simpatizante del libelo, no puede dejar de anotar refiriéndose a la importancia que el general Artigas le daba al escrito difamatorio, al atribuirle la expresión: "Mi gente no sabe leer".

Pueyrredón, con la presencia del "europeizante" Congreso de Tucumán, en Buenos Aires desde 1817, pretende solucionar el problema de la organización centralizada en favor, como siempre, de la ex-capital virreinal, y pretende luego imponer la Constitución unitaria (abril de 1819).

En junio Pueyrredón renuncia alegando que al frente del Directorio debía encontrarse un "jefe más formado en las campañas", que poseyese "más conocimientos militares".

Como en el duelo de los dos sistemas que encabezaron Sarratea y Artigas en 1812-13, en este nuevo encuentro entre Pueyrredón y Artigas (1816-1819), el triunfo es del Protector. El nuevo Director, José Rondeau, busca a través del Coronel Domingo French atraerse al General Artigas. Nuevamente, el Directorio trata de absorber el golpe de la derrota como en abril de 1815 para, poco a poco, fortalecido, volver a las anteriores andanzas.

Recordando a Carlos Anaya, sabemos que la firmeza del General Artigas era indomable "pero siempre actuaba con candidez y buena fe". Fuerte había sido la experiencia de lo sucedido luego de Fontezuelas para responder al nuevo Director José Rondeau:

"Empiece, señor, por desmentir las ideas mezquinas de su predecesor y a inspirar la confianza pública; empiece usted con el rompimiento con los portugueses y este paso afianzará la seguridad de los otros" (28 de julio de 1819).

Nuevamente el choque de las posiciones lleva a las armas. Los ejércitos de la Liga, al mando del Gobernador de Santa Fe, Estanislao López y de Francisco Ramírez, Gobernador de Concepción del Uruguay, se encuentran el 1º de febrero de 1820, en Cepeda, (diez días después de la batalla de Tacuarembó), donde triunfaron las fuerzas de la Liga Artiguista.

Tiene lugar la renuncia de Rondeau y el fin del Directorio. Aparece al frente del Gobierno de Buenos Aires, Manuel de Sarratea; los triunfantes caudillos caen en una nueva celada de la Capital.

Surgen, parece, conjurados los enemigos del Protector de los Pueblos Libres en torno a la figura de Francisco Ramírez, Carlos María de Alvear y su amigo, el patriota chileno José Miguel Carrera. La veintena de días que transcurren entre Cepeda y la firma del pacto del Pilar serán de continuos manejos, logrando la traición lo que no consiguieron las derrotas militares de Artigas: su alejamiento del teatro de la lucha.

 

La ocupación

A cuatro meses de ocupada Santa Teresa, el 20 de enero de 1817, tiene lugar la entrada de Lecor en Montevideo. Inmediatamente, el Cabildo comisiona a la Corte de Río de Janeiro al padre Dámaso A. Larrañaga y a Gerónimo Pío Bianqui para solicitar al rey Juan VI, la incorporación de la Provincia Oriental a Portugal como reino unido. Conservaría sus fueros, privilegios y demás prerrogativas, así como una alta proporción de ciudadanos locales serían empleados en la administración provincial; se organizaría una Cámara de Apelaciones y un Tribunal de Concordia. Existiría libertad de imprenta, se daría difusión a la instrucción pública, la que sería gratuita. Habría libertad de comercio y prohibición de tráfico de esclavos.

Como hemos visto en el objetivo anterior, la porción de territorio ocupado por el invasor no iba más allá del terreno que pisaban. Los puestos avanzados se adelantaron al ejido de Montevideo. El cuartel general del Marqués d'Avillez se encontraba a la altura de la actual plaza Joaquín Suárez.

Las quintas del Miguelete eran tierra de nadie, donde las partidas patriotas acosaron por tres años al poderoso invasor. Colonia fue ocupada recién en mayo de 1818. Las acciones militares de fines de 1819, principalmente las derrotas de Arroyo Grande (28 de octubre) y Tacuarembó (enero de 1820), afectaron la resistencia oriental.

El continuo cansancio y falta de recursos de las partidas artiguistas al sur del río Negro, aumentaron la desazón. El abandono del Protector de la Banda Oriental, para montar la defensa de la Liga al oeste del río Uruguay, llevó al desfallecimiento a aquellos que no poseían el temple del viejo guerrero, así como la concepción territorial de la idea que defendían.

Poco a poco, la Comisión Pacificadora, formada por orientales al servicio del invasor, fue captando adeptos. La Patria estaba desangrada luego de una década de luchas.

Ante la ocupación de la Banda Oriental, el representante español en París, conde de Fernán Núñez, reclama. El duque de Palmella, lusitano, desde Londres defiende la acción, expresando que aquella se debió a la anarquía remanente en la Provincia Oriental, para proteger así a los territorios de Juan VI, agregando que España la había abandonado en 1814.

El 30 de enero de 1819, Lecor firma con el Cabildo de Montevideo, el tratado llamado "del fanal" *. A cambio de un faro a levantarse en la isla de Flores, se ceden los terrenos al norte del Arapey a la Capitanía de Rio Grande del Sur. Este episodio sin validez legal desde el punto de vista del derecho internacional, dado que lo firman dos autoridades subalternas (un Cabildo que no tiene jurisdicción sobre dicho territorio y un general de un ejército de ocupación), va a tener su importancia en 1851, cuando el Imperio del Brasil lo esgrima como argumento para traer al Arapey su límite sur.

La ocupación total de la Banda Oriental a partir de los primeros meses de 1820, fue un hecho. Montevideo, en general, vio en los ocupantes el poder para someter al interior.

En la campaña fue donde se manifestó el mayor odio a la ocupación extranjera. Los portugueses, debido a sus depredaciones nacidas de las constantes guerras con los españoles, eran vistos en la campaña igual que los ladrones, los salteadores y todo tipo de malhechores.

 

Allí se iniciaba el despertar de la Patria.

 

Había transcurrido un mes de la derrota de Tacuarembó y más de dos del alejamiento del Coronel Gorgonio Aguiar de Maldonado, para emprender la última oferta artiguista y aún flameaba en la plaza de San Carlos el gorro de la libertad. Completaba este cuadro, la presencia de un sinnúmero de perros cimarrones, testigos de la desolación que siguió a la defensa de la tierra.

El gaucho que formara parte de los escuadrones de la libertad, volvió a la vida libre. Mientras, la Capital vive las fiestas y los saraos que preside el Gobernador y Capitán General Lecor, con una corte de halagados situacionistas.

A su cargo de Gobernador, sumó Lecor entre otros, las presidencias del Tribunal de Apelaciones, de la Junta de Hacienda y de la directiva de la Hermandad de Caridad.

 

 

Convenio con Inglaterra

 

En el correr del año 1817, 3 de agosto, el General Artigas firma un convenio comercial con Inglaterra en el cual pone bien alto el interés de la Liga, tratando de igual a igual a la potencia de la hora, motivo muy importante para que ésta no lo ratificara.

Esto se puede apreciar en la traducción compendiada del comodoro Guillermo Bowles, "Jefe de las fuerzas de Su Majestad en estas Américas" al decir de Artigas:

Aquellos buques ingleses que comercian con la Banda Oriental tienen que usar sus colores nacionales y estar provistos de un pasaporte del Comandante británico.

Tendrán que pagar los derechos fijados en el documento adjunto sobre las importaciones y exportaciones.

Se precisa que nunca se les exigirá ninguna contribución o impuesto extraordinario.

Los mercantes ingleses pueden establecerse en las ciudades puerto de mar y efectuar su comercio, pero no les está permitido proseguir al interior.

No está permitido el comercio con puertos en posesión de los portugueses.

 

Purificación, 3 de agosto de 1817.

Es así como la lucha del Protector se extendió a los mares donde navíos armados en corso, portando la bandera de Artigas, asolaban la navegación portuguesa.

El centro vital de su accionar fue Baltimore, allí los corsarios provistos de patentes firmadas por Artigas en Purificación o por Lavalleja en Colonia, se armaban para atacar el comercio tanto portugués como español.

 

 

El final

 

En Avalos, pierde el parque y el convoy de familias que iban en 23 carretas. Artigas salió de allí con sólo 12 hombres.

A los pocos días llega la noticia que esta sitiando Cambay con 800 hombres. Sorprendido, es atacado por la espalda y es derrotado. Se dirige con 150 hombres hacia Candelaria, cruza el río Paraná. Ramón de Cáceres, testigo presencial en el bando de Ramírez, anota:

"Era tal el prestigio de este hombre que después de destruido en Avalos y cuando creíamos que ya no podía rehacerse, en su tránsito por Misiones, salían los indios a pedirle la bendición y lo seguían como en procesión con sus familias, abandonando sus casas, sus sementeras y sus animales. Así fue que en ocho días había reunido ochocientos hombres, con que sitiaba Cambay".

El genio indomable del General Artigas cruza el Paraná con la intención, sin duda, de continuar la lucha.

Mientras esto tenía lugar, en el Montevideo portugués, tres sujetos muy allegados al General requerían ayuda para regresar a su patria. Estos eran: su primer Jefe de Blandengues, don Cayetano Ramírez de Arellano, don José Posadas, el vencido de Las Piedras y el ingeniero de la Fortaleza del Cerro, don José del Pozo y Marqui.

Internado en el Paraguay, la luz de su antorcha se hizo más viva en la noche de sus treinta años de soledad y, como el Licurgo de la recia Esparta, engendró en torno de esa luz una Nación, dejando abiertos los caminos del Sistema de América basado en la Libertad.

 

Los prisioneros orientales

Carta del General Artigas a su hermano, Manuel Artigas

Señor don Manuel Artigas.

 

Mi estimado hermano:

Penetrado de los males que afligen a los infelices prisioneros y compañeros de armas y conmovido mi corazón por tan fatal desgracia, he resuelto librarte con esta fecha dos mil pesos para que ellos sean distribuidos en beneficio de nuestros desgraciados compatriotas en los varios puntos en que se hallan destinados. Al efecto, librarás seiscientos cincuenta pesos al señor comandante Lavalleja y demás existentes en Río de Janeiro. Otros seiscientos cincuenta al comandante Berdún, para que éste los distribuya entre los existentes en Puerto Alegre. Tú te encargarás de distribuir los setecientos restantes entre los oficiales y soldados existentes en esa Plaza.

Con ésta deberás presentarte al señor General Lecor y obtendrás de él el permiso para el cumplimiento de una resolución que espero aprobará su generosidad en obsequio de la humanidad afligida. En mérito de tan generoso sentimientos debes esperar que por conducto de ese ilustrísimo Señor sean libradas las cantidades expresadas a los sujetos y destinados señalados. Tú deberás escribirles asegurándoles mi compasión y deseo de su alivio y exigirles el recibo correspondiente, remitiéndomelos con el tuyo para el descargo de mis haberes.

Tengo el honor de reiterarte mi afecto y toda la consideración. Conque siempre soy tu hermano apasionado y servidor.

Somos 13 de marzo de 1819.

José Artigas

 

 

Los prisioneros orientales

Carta de Bernabé Rivera a su hermano, Fructuoso Rivera:

Río de Janeiro. Enero 5 de 1820.

Señor don Fructuoso Rivera.

 

Mi apreciable y distinguido hermano:

Recibí la de usted el 22 de diciembre, día en que recibimos otras de varios compañeros, en los momentos en que nos contábamos felices por haber tenido noticias y sobre todo de nuestro país que nos es lo más apreciado. Tuvimos la grande pérdida de la infantita de nuestro distinguido compañero don Juan Antonio Lavalleja, pérdida costosa para nosotros por ser la única distracción que teníamos en nuestras desgracias. Dejo a usted de manifestar la bondad con que la naturaleza había distinguido esta apreciable niña, porque son imponderables los resultados de su muerte: lo ignoramos pues estaba muy sanita y mismo ese día le dio una enfermedad a las 11 y no llegó a la media tarde.

Hermano, nosotros estamos lo mismo; somos los únicos que nos contamos un tanto felices en cuanto al tratamiento pero los demás compañeros no podrán decir esto mismo, principalmente, Andresito y Torgués y otros que están pereciendo por el mal trato. Don Manuel Artigas está incomunicado desde que lo trajeron a esta Corte, el patriota (Manuel Martínez de) Haedo está medio loco y creo lo perderemos si tarda su prisión algún tiempo más; él agradece sus finos recuerdos. Él es el que nos hace soportables los trabajos con su constancia y patriotismo que es lo que reina entre nosotros.

Expresiones a todos los compañeros, en particular a don Tiburcio Oroño, a Caballero, a los Melillas, a... al que ha quedado de los Calderones.

Y usted reciba el corazón de su hermano que besa sus manos.

 

Bernabé Rivera

 

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Fuente: Artigas.org.uy
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LOS ESPECIALES DE...EL TURISMO Y LA HOSPITALIDAD 
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