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William Shakespeare escribió cerrando uno de sus sonetos:
ˇYa cuánto
admirador extraviaríais
si
usaras plenamente tu prestigio!
Más no lo hagas, pues te quiero tanto
que si es mío tu amor, mía es tu fama!
El
gran escritor quizás, entrevió en su inspiración
el divertimento de celebridades compartidas. Si, porque en una auguración
contemporánea, en esta especialísima ciudad de Londres
reina como en ninguna, un juego fascinante de tradiciones y vanguardias
que se integran en citas históricas, filosóficas, en avanzadas
mercantiles y en una arrolladora personalidad. En una combinación
de sugestiones trascendentes. Por algo el poeta Dylan Thomas la llamo
"el Polígamo Londres'".
El desfile de estilos,
de ritmos, formalismos y espontaneidad parecen transcurrir
como su río Támesis retardándose de admiración
ciudadana.
La historia de Londres se remonta al año
43, cuando la invasión de las huestes romanas del emperador Claudio.
Parece ser que fue Tácito quien por primera vez la llamó
Londinium, tomando las palabras celtas LLYN (lago) y DIN (fortificación).
Lo cierto es que Londinium estaba destinada a convertirse al paso de los
siglos, en cabeza visible de uno de los más grandes imperios del
mundo.
Pero
no todo fue para Londres felicidad y poderío. En 1665 la sexta
parte de su población - alrededor de 70.000 habitantes - sucumbió
víctima de la peste, y en setiembre de 1666, sólo un año
más tarde, el ;"Great Fire" el Gran Incendio, arrasó prácticamente
con toda la ciudad. Es más, durante la Segunda Guerra Mundial,
la "Luftwaffe" hizo estragos en la "City" y en los muelles provocando
más de 12.000 muertos.
Pero Londres ha renacido, convertida hoy
en un poderoso centro cultural, económico y en inesperada metrópoli
cosmopolita.
Lo primero que llama nuestra atención
en Londres, es su río Támesis, por otra parte, el
más importante del Reino Unido. Nace en los Cottswolds
Hills y tras recorrer 336 km. y bañar una cuenca de 13.600
km. cuadrados, desemboca en el Mar del Norte. La presencia del Támesis
es muy importante no sólo embelleciendo la ciudad, siendo la cita
obligada del turismo, sino también como el medio de un transporte
comercial que da la impresión de no tener pausa.
Una
visión soñada por los miles y miles de visitantes es sin
duda su emblemático Big Ben (El Gran Benjamín), un
llamativo reloj que corona la torre del Parlamento, dueño de una
campana de 13 toneladas y media. El Parlamento, del que forma parte, es
una obra neogótica construida entre 1836 y 1860, debida a los arquitectos
Charles Barry y Anthony Pugin. Desde el puente de Westminster la visión
del conjunto histórico produce una imborrable emoción.
La Abadía de Westminster es uno de
los más célebres sitios religiosos británicos. Ya
en el siglo VIII había en el lugar una capilla dedicada a San Pedro.
En 1050, Eduardo "El Confesor", construyó en estilo románico
un templo más amplio. Pero fue entre los siglos XIII y XIV que
se transformó en uno de los más grandiosos edificios góticos
del mundo. Declarada en 1987 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO,
en su interior guarda la capilla de Enrique VII, símbolo mayor
de la arquitectura Tudor.
La catedral de San Pablo, uno de los mayores
templos del mundo, fue construida por Sir Christopher Wren entre 1675
y 1710. luego del gran incendio en Londres. Está construida siguiendo
las líneas "Palladianas", inspiradas por el italiano Andrea Di
Pietro, llamado "Pallatio".
Otro
lugar cautivante e ineludible es el famoso Museo Británico. De
él se ha dicho que es tan grande y rico que no parece una muestra
del universo, sino el universo mismo. Más allá de su monumental
entrada jónica, se hallan entre sus notables tesoros la Piedra
de Roseta y el magnífico friso del Partenón ateniense.
El
estilo inglés amalgama de distinción, serenidad y placentera
hospitalidad, hace primorosa eclosión en Carlos Place y más
precisamente, en el delicado Connaught Hotel.
Cada detalle de cálida finura anuncia
el placer de ese dejarse estar en una atmósfera de personalizada
atención. Todo se convierte en serenos momentos que se regocijan
en cada ángulo. Así, la cautivante escalera, un dechado
de estilo ordenado en maderas fragantes y alfombras acalladas parece conducirnos
al goce de los buenos momentos con cómplices luminarias de artísticas
facetas.
El
ceremonioso ritual del té, las cenas convocantes, encuentran en
el Cunnaught Hotel, el lugar natural de la cortesía.
Alguien
dijo que la revolución pop inglesa ya estaba decretada desde muchísimos
años atrás, en los colores de los ómnibus londinenses.
Lo cierto es que hacia mediados del siglo XX, Londres estalla en los mil
colores del "op Art" y luego, en los del "Pop Art". Los Beatles y Mary
Quant con sus minifaldas, fueron posiblemente su punto de partida. Entonces,
los coloridos destellos de Piccadilly Circus invadieron la flema inglesa
dándole nueva vida a la interminable ciudad.
La Tate Modern Galerie, poseedora del arte
de avanzada, alberga infinidad de actividades artísticas apoyada
en servicios imprescindibles: salas de audio, biblioteca, comercios y
amplísimos espacios', que hacen de su propia extensión,
una expresión, si se quiere artística, de lo desmesurado.
La
ceremoniosa Londres aloja también acontecimientos impensados hace
algunos años. Uno de esos sucesos es el ya famoso carnaval de Notting
Hills que se efectúa desde hace 36 años.
Como
no debía ni podía ser de otra manera tratándose de
Londres, el carnaval tiene su pomposa personalidad. Así es dable
presenciar en medio de un clásico escenario, desfilar las carrozas
en este caso, exclusivamente dueñas de música y cadencias.
Todo se convierte en música y ritmo llegados de lejanos pueblos
caribeños que entre bailes, sones y añoranzas, tiñen
de contento las calles de la vieja Londinium.
Desde la gigantesca y recién llegada
rueda que recuerda a su semejante del Prater vienés, es posible
admirar a vuelo de pájaro la dilatada ciudad y tomar conciencia
de sus iniciales 2 km. y medio albergando la diminuta City, y su estallido
demográfico ocupando largas extensiones territoriales en los condados
vecinos, dando nacimiento al Gran Londres con sus 1.580 kilómetros
cuadrados...
En
el momento de la partida, desde cada ángulo ; desde su Támesis,
desde Westminster, desde su Big Ben, desde la menos bulliciosa de sus
callas, Londres nos deja escuchar la palabra final que hace siglos pronunciara
Carlos I al despedirse de su pueblo. Hoy, trasmutada por el milagro de
la vida y despojada de su dramatismo, la ciudad nos la repite ya como
una convocatoria.
Londres nos
está diciendo: Remember!.
Carlos
Horacio Bruzera
Nota Escrita Especialmente
para el PRIMER PORTAL ARGENTINO DE TURISMO MUNDIAL.
Derechos Reservados. Prohibida su Reproducción Total o Parcial
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