En 1568, se desata una rebelión en contra del Rey de
España,
Felipe II, que era también señor de los Países Bajos. Uno
de los motivos de la rebelión fue la dura represión a las
creencias calvinista y protestante, a las que pertenecía una
parte cada vez mayor del pueblo holandés y además por la instauración
de un régimen estrictamente centralista, lo que afectaba las
libertades de la nobleza y las ciudades. Con la Rebelión estalla
la guerra de los Ochenta años con España (1568 1648). El mando
se pone rápidamente en manos del Príncipe Guillermo de Orange,
que había sido estatúder de las provincias de Holanda, Zelanda
y Utrecht. Todavía había de pasar un tiempo antes de que la
rebelión se extienda, primero hacia las provincias de Holanda
y Zelanda y posteriormente hacia la mayor parte de los Países
Bajos. Así, inicialmente Amsterdam sigue siendo leal al rey
de España, pero en 1578 se une a los sublevados.
La Haya no estaba protegida por murallas y fue repetidamente
conquistada y reconquistada, causando enormes daños a la población.
En 1577, el Príncipe de Orange decide establecer nuevamente
el gobierno en La Haya. A partir de 1585, los Estados Generales
que representaban a las provincias rebeldes, establecen su
sede definitivamente en La Haya. Esta vez, el pequeño pueblo
no debe este privilegio principalmente a los deseos del señor,
sino a la competencia entre las distintas ciudades. Visto
que La Haya no tenía mayor significación política y social
por carecer del privilegio comunal, fue aceptable para todas
las ciudades que el gobierno se estableciera allí. Por ser
un pueblo, La Haya no podía ser miembro de los Estados Provinciales
ni de los Estados Generales. Por eso, las ciudades podían
permitirse dejar la sede del gobierno tranquilamente en La
Haya, sin temer que la ciudad quisiese acumular el poder para
si misma. En este sentido, la historia de La Haya se parece
a la de otras capitales tales como Washington DC, Ottawa y
Canberra.