Historia de los Escudos
de Argentina

LA HERÁLDICA

La Heráldica -también conocida y designada como Tratado de Blasón o Ciencia Heroica- (1) es un importante auxiliar de la Historia y de otras disciplinas que recurren a ella para sus investigaciones e información.

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Jujuy   Santiago del Estero
La Pampa   Mendoza
La Rioja   Tierra del Fuego
La Heráldica compone, investiga, descifra, explica y describe los Escudos de Armas, Blasones, Armas o Armerías, términos que, en muchos casos debemos considerar como sinónimos.(2)

Algunos autores han considerado que la Heráldica nació en los primeros tiempos de la Humanidad, por el hecho de que, desde la antigüedad, el hombre usó como armas defensivas escudos de muy diversos materiales, formas y tamaños para protegerse de los ataques de sus adversarios.

Sobre esos escudos el guerrero dibujaba y pintaba, en colores vivos, jeroglíficos, signos geométricos, animales, emblemas que, además de tener para él significados mágicos o religiosos, servían para el reconocimiento de amigos o enemigos, para concitar deliberadamente el ataque enemigo, para la reunión de los de un mismo bando y, principalmente, para agruparse en torno al jefe y seguirlo en el combate.

Pero hasta el Siglo X, las armas o armerías, fueron solamente signos o emblemas de carácter personal y arbitrario. El estudio de tales manifestaciones, y otras posteriores de la misma índole, no corresponde a la Heráldica sino a la Simbología, disciplina que, modernamente, encara el estudio de los símbolos. (3)

A partir del Siglo X, con la difusión de las justas y torneos que tuvieron su origen en Alemania y se extendieron rápidamente en el resto de Europa, las armerías empezaron a volverse señales de honor y de nobleza, que trascendían a la posteridad pasando de padres a hijos, y cuyos usos, métodos y normas se regularizaron y perfeccionaron en los tres siglos siguientes, especialmente cuando se hizo efectiva la autoridad real sobre los señores, con lo cual el monarca adqurió el derecho exclusivo para su otorgamiento.

También, a raíz de las Cruzadas -es decir de las guerras que en número de ocho llevó la cristiandad contra el Islam para reconquistar el Santo Sepulcro, entre los años 1096 y 1291-, la disciplina que nos ocupa tuvo singular desarrollo, ya que se transformó en arte práctica por la necesidad de poner orden en el mare mágnum de escudos de armas que proliferaron a raíz de tales conflictos.

Los más antiguos códices en los que se intenta sistematizar las leyes y las Reglas de la Heráldica, se remontan al Siglo XI y se denominan Armoriales. Pero las dos primeras obras que constituyen verdaderos tratados heráldicos se deben al jurisconsulto Bartolomé de Sassoferrato, de Perusa (+1536), autor del Tractatus de Insignis et Armis, y al Presbítero Juan Rothe, de Turingia, autor del Ritterspiegel, que lo elaboró entre los años 1380 y 1400.

Los cultores de la Heráldica consideran que ésta es una ciencia y es un arte. Lo primero, por estar regida por leyes propias y por un lenguaje específico y universal que le permite describir -sin recurrir a dibujo o pintura alguna- los escudos más complicados. Este lenguaje, que ha conservado vocablos antiguos y que posee una sintaxis particular, si bien puede ser calificado de figurado y casi hermético, no resulta oscuro ni ininteligible.

Es considerada un arte porque priman en ella lo simbólico y lo espiritual, la estética y el buen gusto. También porque recurre, para exteriorizarse, al auxilio de las Bellas Artes -pintura, escultura, dibujo, grabado- y a diversas artesanías, cerámicas, tejidos, bordados, repujados y otras.

Tras su primer desarrollo en el Siglo XI, esta disciplina alcanzó su máximo esplendor en los Siglos XIV y XV. Comenzó a decaer como arte práctica en el Siglo XVII y, a partir del XVIII, pasó a ser ciencia auxiliar de la historia como fuente para las investigaciones. En este sentido, los conocimientos que la Heráldica proporciona permiten identificar los restos hallados bajo una losa sepulcral o al personaje anónimo de un retrato; determinar el origen de una moneda, o precisar la cancillería que emitió un determinado documento; conocer quién fue el propietario original de un inmueble o de algún objeto, si en ellos están reproducidos escudos de armas, lo que es de capital importancia no sólo para los historiadores, sino también para mmuseólogos, anticuarios y coleccionistas.

Desde principios de nuestro siglo se ha operado su extraordinario renacimiento y, aún conservando su carácter de ciencia auxiliar, ha vuelto a ser un arte práctica, no tanto como heráldica nobiliaria o de familia, sino en lo alusivo a naciones, provincias, ciudades, universidades, corporaciones, instituciones, clubes deportivos, marcas de fábrica, sin olvidar que, en todas sus épocas, tuvo vigencia también lo eclesiástico.

Considerada la Heráldica como ciencia, como arte o como disciplina auxiliar, su importancia se pone en evidencia y le asegura vida propia, ya que sirve a intereses más elevados y generales que la simple satisfacción del orgullo familiar o personal.

 

FORMACIÓN DE LAS PROVINCIAS ARGENTINAS

Ya que hemos de referirnos a los Escudos de las Provincias y al de la Ciudad de Buenos Aires, además del Escudo Nacional, haremos una breve reseña acerca de cómo se fueron configurando geográfica y jurisdiccionalmente los Estados Provinciales.

Comenzaremos recordando que el espacio geográfico que actualmente constituye nuestro territorio nacional fue descubierto y ocupado por tres corrientes pobladoras procedentes de España, que los historiadores denominan: la del Este que penetró por el Río de la Plata; la del Norte que llegó desde el Perú, y la del Oeste que vino de Chile, las que actuaron en las regiones del Litoral, del Noroeste y de Cuyo, respectivamente.

Corriente del Este

El descubrimiento del Río de la Plata se produjo, el 2 de febrero de 1516, como consecuencia de la búsqueda de un paso que permitiera acceder desde el Océano Atlántico (llamado Mar del Norte) al Océano Pacífico (denominado Mar del Sur), y se debió a D. Juan Díaz de Solís, quien lo bautizó Mar Dulce.

FOTO: Solís y Gaboto

Por igual derrotero, el marino veneciano al servicio de España, Sebastián Gaboto, penetró en el Río de Solís el 21 de febrero de 1527 y descubrió el Río Paraná en diciembre de ese año, el Río Paraguay en marzo de 1528 y, en consecuencia, las costas de las actuales Provincias de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Chaco y Formosa.

Más tarde, cuando la Corona Española instituyó el Régimen de los Adelantados, se le asignó al primero de ellos, D. Pedro de Mendoza, conquistar y poblar la región del Río de la Plata que, se estima, estaba comprendida entre los 25° 31' y 36° 35' de latitud Sur, es decir, desde Asunción hasta la desembocadura del Río de la Plata.

FOTO:

El Primer Adelantado fondeó sus navíos en la Boca del Riachuelo el día 2 de febrero de 1536, y estableció un puerto que denominó Nuestra Señora Santa María del Buen Ayre. El 3 de febrero asentó en tierra un poblado, que no fue más que un simple recinto de chozas rodeado de empalizada y foso para defensa contra los indígenas; estuvo poblado hasta junio de 1541, cuando se dispuso el traslado de los habitantes a la casa-fuerte de Nuestra Señora de la Asunción (Paraguay) que había sido creada en 1537.

Se abre así un paréntesis que se cierra el 11 de junio de 1580, fecha en la que Juan de Garay, procedente de la Ciudad de Asunción, en su carácter de Teniente de Gobernador, Capitán General, Justicia y Alguacil Mayor de las Provincias del Río de la Plata, dando cumplimiento a una orden del Adelantado, D. Juan Torres de Vera y Aragón, fundó, próxima al Puerto de Buenos Aires, la que llamó Ciudad de la Santísima Trinidad. El Puerto de D. Pedro de Mendoza conservó la denominación de Buenos Aires, y de ahí la expresión corriente de "Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires" que consignan, hasta su cese el 31 de diciembre de 1821, las Actas del Cabildo local.

Con anterioridad a la Fundación de Buenos Aires, el 15 de noviembre de 1573, el Capitán Juan de Garay por orden de D. Martín Suárez de Toledo, Gobernador de Asunción, había fundado, en la Región del Litoral, la Ciudad de Santa Fe, que habría de ser la capital de la provincia de su nombre.

En 1588, el 3 de abril, el Adelantado D. Juan Torres de Vera y Aragón fundó la Ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes, que es hoy Capital de Corrientes.

Se estima que la fundación de La Bajada del Paraná -hoy Paraná, Capital de Entre Ríos- se produjo el 23 de octubre de 1730.

Corriente del Norte

En cuanto a la vastísima "Región del Tucumán", es decir del Noroeste, fue explorada por los Capitanes D. Francisco César, en 1528, D. Diego de Almagro en 1536 y, muy específicamente, por el Capitán D. Diego de Rojas en 1543, a quien por orden del Gobernador del Perú, D. Diego Vaca de Castro, le fue encomendado descubrir una provincia situada entre Chile y el Río de la Plata.

Esto habría de dar origen a la fundación de las Ciudades de Santiago del Estero, el 24 de julio de 1553; de San Miguel de Tucumán, el 31 de mayo de 1565; de Córdoba de la Nueva Andalucía, el 6 de julio de 1573; de la Ciudad de Lerma, en el Valle de Salta, el 16 de abril de 1582, cuyo nombre fue cambiado, en 1588, por el de Ciudad de Salta; de la Ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja, el 20 de mayo de 1591; de San Salvador de Jujuy, el 19 de abril de 1593; y de San Fernando del Valle de Catamarca el 5 de julio de 1683. Todas estas ciudades dieron origen a las provincias que ostentan sus respectivos nombres y de las cuales son capital.

Corriente del Oeste

La Región de Cuyo, que inicialmente dependió de la Gobernación de Chile, fue conquistada por el Capitán D. Pedro del Castillo en 1561, y en ella se fundaron las Ciudades de Mendoza, el 2 de marzo de 1561; de San Juan, el 13 de junio de 1562, y de San Luis, el 25 de agosto de 1594. Es del caso aclarar que en su jurisdicción, que tenía cabecera en Mendoza, estuvieron -al menos teóricamente- comprendidos, hasta la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776, los territorios de las actuales Provincias de Río Negro, Neuquén, parte de La Pampa y la zona cordillerana hasta el Estrecho de Magallanes.

La ya entonces denominada Provincia del Río de la Plata, que incluia los territorios asignados a Don Pedro de Mendoza en las Capitulaciones celebradas con el Rey de España, en virtud del adelantazgo que se le había otorgado, fue dividida en dos Gobernaciones por Cédula Real del 16 de diciembre de 1617: la del Río de la Plata, a la cual se atribuyeron las Ciudades de la Trinidad (Buenos Aires), de Santa Fe, de San Juan de Vera de las Siete Corrientes y de Concepción del Bermejo (esta última, fundada en 1585, fue destruida por los indios en 1731) con sus respectivas jurisdicciones, y la Gobernación del Guayrá, con la Ciudad de Asunción del Paraguay y otras.

Después de que, por Cédula Real del 1° de agosto de 1776, se creara el Virreinato del Río de la Plata, se dictó la Real Ordenanza de Intendentes del 28 de enero de 1782 por la cual, dentro del espacio geográfico que hoy constituye nuestro país, quedaron configuradas tres Gobernaciones Intendencias: la de Buenos Aires que, con cabecera en esta ciudad abarcaba los territorios de las actuales Provincias de Buenos Aires, Corrientes, Chaco, Entre Ríos, Formosa, Misiones, Santa Fe, La Pampa y toda la Patagonia; la Gobernación Intendencia del Tucumán, con cabecera en San Miguel del Tucumán que abarcaba, además de la jurisdicción de ésta, las de Catamarca, Córdoba, Jujuy, La Rioja, Salta y Santiago del Estero, y la Gobernación Intendencia de Cuyo, con cabecera en Mendoza, que, además del territorio de ésta, incluia los de San Juan y San Luis.

Pero esa estructura, por sugerencia del Virrey D. Juan José de Vértiz y Salcedo, fue modificada por una Cédula Aclaratoria del 5 de agosto de 1783 que introdujo cambios en el Régimen de las Gobernaciones Intendencias.

En el Virreinato quedaron integradas entonces ocho Intendencias que llevaban el nombre de la ciudad que les servía de capital y donde residía el intendente:

* la Gobernación Intendencia de Buenos Aires (Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes, Chaco, Formosa, Misiones, Santa Fe y toda la Patagonia hasta el Estrecho de Magallanes);

* la Gobernación Intendencia de Córdoba del Tucumán (Córdoba, La Rioja, Mendoza, San Juan y San Luis);

* la Gobernación Intendencia de Salta del Tucumán (Tucumán, Santiago del Estero, Salta, Jujuy, Catamarca, el distrito de la Puna y Pueblo de Santa Catalina),

* y las Gobernaciones Intendencias del Paraguay, de la Paz, de Cochabamba, de Charcas y del Potosí.

Además de las ocho Intendencias citadas se establecieron, como Provincias Subordinadas del Virreinato, las de Moxos y Chiquitos, en la actual Bolivia; de Montevideo, en la Banda Oriental, y la de los pueblos de las Misiones Jesuíticas de los Treinta Pueblos Guaraníes.

Producida la Revolución del 25 de Mayo de 1810, el Virreinato quedó de hecho extinguido con el advenimiento de nuevas autoridades y con la expulsión del Virrey y de los Oidores de la Real Audiencia rumbo a las Islas Canarias, dispuesta el 12 de junio siguiente. Sin embargo, el régimen de las Gobernaciones Intendencias subsistió durante los Gobiernos de la Primera Junta, Junta Grande, Triunvirato y Directorio, que produjeron modificaciones.

El Segundo Triunvirato, por Decreto del 29 de noviembre de 1813, a expensas de la Gobernación Intendencia de Córdoba del Tucumán, formó la Intendencia de Cuyo, con Mendoza, San Juan y San Luis, con capital en la primera, y de este modo la Jurisdicción original quedó reducida a Córdoba y La Rioja. Más tarde, el 10 de septiembre de 1814, el Director Supremo del Estado, D. Gervasio A. de Posadas, dispuso separar de la Gobernación Intendencia de Buenos Aires a Entre Ríos y a Corrientes, ésta con Misiones; las erigió en Gobernaciones Intendencias con sus propios titulares y fijó sus jurisdicciones.

El 8 de octubre del mismo año, con la intención de premiar a Tucumán por sus esfuerzos, el Director Supremo dividió la Gobernación Intendencia de Salta del Tucumán en dos: una llamada de Tucumán, cuya cabecera era San Miguel del Tucumán, con Santiago del Estero y Catamarca; y otra de Salta, con Jujuy, Orán, Tarija y Santa María, con capital en Salta.

La división del territorio nacional en catorce provincias separadas, comenzó a operarse el 26 de abri1 de 1815 cuando Santa Fe, que estaba comprendida en la Gobernación Intendencia de Buenos Aires, se separó de la obediencia política de aquélla y designó su propio gobernador.

La crisis política del año 1820 ocasionó la disolución nacional con la caída del Congreso y del Directorio. El Cabildo de Buenos Aires, al cesar las autoridades nacionales el 11 de febrero, se erigió en Gobernador, y se constituyó el 16, la Junta de Representantes y el 17, el Poder Ejecutivo con un Gobernador Titular.

El 26 de febrero de 1820, un Cabildo Abierto declara la autonomía de San Luis. San Juan lo hizo el 1° de marzo de 1820, y ambas provincias quedaron separadas entre sí y de Mendoza junto con la cual integraban la Gobernación Intendencia de Cuyo.

La Rioja logró su autonomía el 1° de marzo de 1820, si bien, ya en 1815 había realizado un intento para separarse de Córdoba, que se vio frustrado cuando, el 1 de diciembre de 1817, el Congreso de Tucumán le ordenó volver a la jurisdicción cordobesa.

El Caudillo y Gobernador de Entre Ríos, D. Francisco Ramírez, después de vencer al Protector de los Pueblos Libres D. José Gervasio de Artigas en Las Tunas, se impuso en Corrientes y Misiones y, a fines de 1820, proclamó la efímera República de Entre Ríos. Pero tras la derrota y muerte del Caudillo, el 10 de julio de 1821, Corrientes y Entre Ríos recuperaron su individualidad como provincias, el 26 noviembre.

A su vez, el Gobernador Intendente de Tucumán D. Bernabé Aráoz, erigió la República Federal de Tucumán, aunque sin intención separatista, con Tucumán como cabecera, Santiago del Estero y Catamarca. Pero poco después, el 27 de abril de 1820, Santiago del Estero se proclamó autónoma, y Catamarca, en un Cabildo Abierto celebrado el 25 de agosto de 1821 disolvió, también, su unión y dependencia de Tucumán.

Finalmente Jujuy, que venía reclamando su independencia política desde 1811, se separó de Salta el 18 de noviembre de 1834.

En cuanto a las otras nueve provincias, con las que se completa el número de las actuales veintitrés, su incorporación en la Nación tuvo lugar más lentamente y mediante conquista militar, ya avanzado el Siglo XIX, porque como se encontraban en poder del indio no hubo en sus territorios fundaciones estables ni población blanca asentada.

La legislación referida a ellas fue tardía. Recién en la Constitución Nacional sancionada en 1853 se consignó, en el artículo 67 inciso 14, que correspondía al Congreso arreglar definitivamente los límites del Territorio de la Nación, fijar los de las provincias, crear otras nuevas y determinar con una legislación especial la organización, administración y gobierno que deben tener los Territorios Nacionales que queden, fuera de los límites que se asignen a las Provincias.

Tal disposición se fue concretando gradualmente, a través de las siguientes leyes:

La Ley N° 28, del 17 de octubre de 1862, que declaró que: Todos los territorios existentes, fuera de los límites o posesión de las Provincias son nacionales aunque hubiesen sido enajenados por los Gobiernos Provinciales desde el 1º de mayo de 1853.

La Ley N° 954, del 11 de octubre de 1878, que creó la Gobernación de la Patagonia con asiento en la población de Mercedes de Patagones, dependiente del Ministerio de Guerra y Marina en todo lo concerniente a esos ramos de la Administración.

La Ley N° 1532, del 16 de octubre de 1884, que divide los Territorios Nacionales en las Gobernaciones: de La Pampa, del Neuquén, del Río Negro, del Chubut, de Santa Cruz, de la Tierra del Fuego, con sus límites naturales según el Tratado del 23 de julio de 1881 y, además, la Isla de los Estados, de Misiones, de Formosa (separándola del Chaco) y del Chaco precisó los límites de ellas.

La Ley N° 14.037, del 8 de agosto de 1951, que declaró provincias a los Territorios Nacionales del Chaco y de La Pampa.

La Ley N° 14.294, del 22 de diciembre de 1953, que provincializó el Territorio Nacional de Misiones.

La Ley N° 14.408, del 28 de junio de 1955, que transformó en provincias los Territorios Nacionales de Formosa, Neuquén y Río Negro. Esta ley constituyó, sin nombrarlas, las Provincias de Chubut y de Santa Cruz, pues consignó en el artículo 1°, inciso h): Se constituirá otra provincia, limitada al Norte por el Paralelo 42°; al Este, por el Océano Atlántico; al Oeste, por la línea divisoria con la República de Chile y, al Sur, con el Paralelo 46°; y en el inciso c.). Se constituirá provincia, limitada al Norte por el paralelo 46º; al Este, por el Océano Atlántico; al Oeste por la línea divisoria con la República de Chile, y al Sur, con el Polo comprendidas la Tierra del Fuego, Islas del Sur Atlántico y, Sector Atlántico Argentino. Es de aclarar que en su artículo 2º la Ley designó como capitales provisionales de las nuevas provincias a las ciudades de Formosa, Neuquén, Rawson, Viedma y Río Gallegos.

El Decreto-Ley 21.178 del 22 de noviembre de 1956 desmembró a Tierra del Fuego de la jurisdicción anterior y creó la Provincia de Santa Cruz con sus límites actuales.

El Decreto-Ley 2.191 del 28 de febrero de 1957 restableció el Territorio de la Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur e incluyó a las Islas Malvinas.

El Decreto-Ley 681 del 3 de abril de 1982 creó la Gobernación Militar de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, con lo cual las separó del Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, al que fueron reintegradas el 15 de mayo de 1985, al disolverse aquella Gobernación Militar.

Por último, la Ley N° 23.775 del 10 de mayo de 1990, provincializó el Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur y precisó sus límites y las islas comprendidas en ellos.

La Heráldica Oficial Argentina

En la formación de la Heráldica Oficial Argentina, cabe distinguir dos períodos que pueden denominarse Hispánico e Independiente.

En el período Hispánico, algunas ciudades recibieron sus escudos de armas de los fundadores o por concesión real, y, de no haber sido así, utilizaron las armas del Reino de España, con las características que tuvieron en cada época.

En el período Independiente cabe distinguir dos épocas:

a) la de las catorce antiguas provincias y

b) la de las nueve creadas posteriormente.

La mayor parte de los escudos de las primeras están inspirados en el Nacional, surgido del sello de la Soberana Asamblea General Constituyente de 1813. En cambio, los escudos de las segundas presentan características que les son peculiares, ya que, en general, fueron diseñados especialmente para ellas.

 

1) Del vocablo español Heraldo y éste del antiguo alemán Hariwald (de la raíz Har de Haren: gritar, llamar, tal vez porque los heraldos requerían de viva voz a los carrilleros para iniciar los torneos y los anunciaban en igual forma para ser oídos por los espectadores).

Tratado de la sistematización de los signos, figuras y esmaltes que integran al escudo de armas y su explicación.

Blasón : deriva del alemán Blasen (tocar la trompeta).

Ciencia Heroica:: la que también hace el relato de las gestas y hechos heroicos de los antepasados.

2) Escudo de armas:: superficie que afecta la forma del escudo de guerra sobre la que se presentan los esmaltes y figuras que integran las armas de un estado, provincia, ciudad, familia, corporación, universidad, orden religiosa, etc.

Blasones:: figuras, signos, divisas etc. del escudo de armas.

Armas:: del latín arma: insignia.

Armería:: lo que las figuras y esmaltes se pintaron o aplicaron sobre la cota de armas y sobre las armas defensivas (escudo de guerra, yelmo y coraza).

3) SCHWARZ-WINKLHOFER, Inge; BIEDERMANN, Hans, "El Libro de los Signos y los Símbolos", Buenos Aires, El Ateneo, 1982.