| El 36 | |
| Castaño, asilo, lengua, matrimonio, noticia, purga, vigilante |
¿Bueno?dijo el hombrecito. ¿Qué le parece? No sédijo Emi, tengo que pensarlo. Pero, claro, señorita, claro, no hay ningún apuro. Si usted quiere tomarseun tiempo, estoy de acuerdo. Todo esto ha sido una sorpresa para usted, tiene queacostumbrarse a la idea. Eso esdijo ella. La sola existencia de esta casa, este, casi podríamos llamarlo anexo de sucasa, eso ya es sorprendente, y cuando usted estaba familiarizándose con ellugar, aparezco yo con todas estas explicaciones, Claro, claro, pero usted haactuado tan bien, que he quedado admirado. Una persona con una menor fortaleza deánimo hubiera escapado, no hubiera querido enfrentarse con algo que no sabía quéera, con un desconocido. Hubiera pedido ayuda tal vez. Y a propósito, le voy arogar, como se imaginará, la más cuidadosa discreción. A Emi no le asombró que alguien dijera de ella que tenía fortaleza de ánimo,pero la escandalizó el pedido de discreción y él se dio cuenta: No, no, no me interprete mal, no es que yo crea que usted es una personitafrívola y suelta de Iengua, no es eso, al contrario. Sé, porque su señora madresolía decirlo, lo inteligente y discreta que usted es. Le quiero indicar, si mepermite, que la mejor manera de estar a salvo de la tentación o del peligro de decir algo, consiste en olvidarlo, recordarlo únicamente cuando se está a solas. Es un buen recurso dijo Emi. ¿No es cierto que sí? Me alegra que lo aprecie. ¿Mamita lo conocía a usted desde hacía mucho? Años, señorita, años, ya no sé cuántos. Veamos, yo no la conocía cuandovivía su Señor padre ni cuando él murió; pero para esa época, sí, para esa épocala persona que, en fin, dirige estas operaciones, conoció a su señora madrequien, usted lo sabe muy bien, fue siempre un alma generosa que iba a los asilos,a los hospitales, que asistía a los pobres y a los necesitados. Pues bien, en unavisita al hospital que hizo su señora madre, esta persona que estaba entre losenfermos graves, la vio y supo, se dio cuenta inmediatamente del valor de lapersonalidad de su señora madre. Por eso cuando recobró la salud le indicó a otrapersona de su entorno que, esteee que se pusiera en contacto con la señora, más omenos al año de su viudez. Emi hizo cálculos: eran muchos años, muchos años de fruta, pan, ropa usada,Brígida llevando las canastas, ella acompañando a Mamita. Se acordó de losjardines del hospital, los pabellones, las filas de camas, las mujeres quealargaban las manos y decían gracias, ella esperando a la puerta de la sala dehombres adonde las niñas no entran, la fuente de mayólicas, las palmeras, elcastaño, los caminitos de granza, las flores en primavera. Debo decir que no es extraño: su señora madre causaba una gran impresión atodos quienes la veían. Era inolvidable. Yo no soy inolvidable. Vea, señorita, yo diría que ambas cualidades tienen, como todo en esta vida,sus ventajas y sus inconvenientes. Depende de la habilidad, o de la falta dehabilidad, con la que se manejan las situaciones. Hacerse olvidar, no destacarse,es algo que puede ser sumamente útil. Sí, eso es cierto, sobre todo si voy a hacer lo mismo que Mamita. ¿Ustedcree que podré? Por supuesto, señorita. Entonces creo que sí, por qué no, si ella lo hacía. Pero a mí no me gustamucho salir, ir a reuniones, a fiestas, todo eso. No necesita ir a fiestas ni tampoco salir mucho, señorita. Su señora madreera muy activa, socialmente hablando, muy activa, sí. Tengo noticias de que lofue durante su matrimonio con su señor padre y de que cuando quedó viuda, siguiódespués del luto frecuentando a la gente que conocía. Habla igual que Ortega, se dijo Emi, igual. Son tan iguales, aunque éste seachiquito y Ortega grandote; un enano y un gigante se encontraron una vez, claroque estos dos no se van a encontrar nunca, nunca. Y eso nos fue muy útil. Pero usted no tiene por qué ser tan activa comoella. Sólo un poco de buena voluntad, el ánimo alerta y vigilante, algunasvisitas cuando haga falta, no perder el contacto con el mundo. Me atrevo a decirleque le va a sentar muy bien. Ni que estuvieran hablando de una dieta o una purga, pero sí, pensó Emi,quizá además me siente bien. Claro que todavía estoy de luto. Sí, sí, nadie espera que empiece mañana a visitar a sus amistades, pero lesugiero que no deje de recordar a quienes estuvieron en el velorio de su señoramadre y a quienes le hicieron visitas de pésame, para cuando llegue el momento deretribuirlas. El pelotón de mujeres con plumas y lunares, la patrulla de temibles señorasríspidas de mirar oblicuo, eso es fácil, y las Ferreyra en primer lugar. Bueno. Mientras tanto dijo el hombrecito y se puso de pie teníamos una deuda consu señora madre, que le vamos a pagar por supuesto a usted. Emi se preguntó si ella también tendría que levantarse pero no se movió:Mamita le había enseñado que una mujer se pone de pie cuando ella quiere, a menosque entre un prelado en la sala en cuyo caso se levantará a besarle el anillo, ouna señora muy mayor, o un anciano, y que cuando ella se pone de pie todos loshombres lo hacen si han estado sentados. Pero ahí en la habitación del frenteestaba sólo ella y el hombrecito que le decía: Esto no tiene nada que ver con el juicio sucesorio de su señora madre queestará en manos de un letrado, me imagino. Son cosas que no figuran en ningunaparte; su señora madre no nos daba recibos y las operaciones no constan enpapeles. Ortega, ¿qué diría Ortega si supiera? El hombrecito se acercó a la pared y retiró el cuadro de las flores. ¿Quién pintó ese cuadro? preguntó Emi. Yo. Soy un modesto pintor aficionado. ¡Pero cómo! Ahí dice Vorbach, y usted me dijo que su apellido es Trauber. Sí, pero claro, mi apellido es Trauber y firmo mis obritas con el apellidomaterno que es Vorbach. Mariano Enrique Trauber Vorbach. Sonrió y dio vueltas al dial en la pared. Emi sabía qué era eso: era una cajafuerte empotrada. La puerta de la caja se abrió. Emi lo sabía porque en elestudio de Ortega había una, sólo que no estaba tapada con un cuadro y a veceshasta estaba entreabierta; y también porque le había oído a la vieja Constantique no tenía lunares pero sí pelos blancos en la barbilla, contarle a Mamita quehabían puesto una en la casa después del robo. Y Mamita había dicho: "Después queel chico se ahogó, María tapó el pozo". ¿Tanto? No es mucho dijo él, lo parece porque no son billetes grandes, fíjese, eslo que acostumbramos. Pero no es todo. Aquí señaló el cuadro que había vuelto asu lugar está el resto. Cuando quiera, no tiene más que venir a buscarlo. Emi contó los billetes. Qué suerte dijo, tengo que pagar algunas cosas. ¿Lo demás se lo pido austed? No, no, yo viajo mucho, no suelo estar en el Rosario. Usted dispone de todo.Yo le voy a enseñar la combinación de la caja pero no la anote en ninguna parte,apréndala de memoria. ¿Ve? Así. Es muy fácil. Emi se acercó. A ver, hágalo de nuevo y después pruebo yo. Así y después así, y termina acá. Veamos cómo lo hace. Pero muy bien,señorita, muy bien. ¿Y esto qué es? Todo eso es suyo. Era de su señora madre, ahora es suyo. Creo que ustedtendría que venir aquí con más tiempo y revisar todo. Sí dijo Emi, ahora tengo que irme. Pero usted, ¿cuándo vuelve? Ah, no sé, no estoy seguro, voy y vengo, como le digo, viajo mucho. Vamos ahacer como con su señora madre. Cuando yo estoy acá, se lo hago saber poniendo unasilla en el corredor que lleva a la entrada de su casa. Si la silla no está,usted dispone del lugar. Si está, me llama. Bueno. ¿Puedo yo preguntarle ahora algo a usted? Sí. ¿Cómo descubrió la puerta? Encontré un tornillo suelto en el ropero de Mamita. Muy observadora, señorita. Su señora madre tenía toda la razón cuandoponderaba sus cualidades. Igual a Ortega. Más parecido, imposible.
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