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A Borges le atraía el mundo de los conventillos, al que conoció visitando
los amigos que en ellos vivieron. Es el caso de Ben Molar (contribuyó a organizar
versiones tangueras de los poemas de Borges), que nació en el famoso conventillo de La
Paloma, en la calle Serrano, por Villa Crespo. Leónidas Barletta (escritor del grupo
Boedo) también había nacido en un conventillo. Lo mismo que Francisco Grandmontagne (una
de las grandes personalidades del diario La Prensa, de las primeras décadas del
siglo), quien invitaba a visitarlo para que se tuviera "una impresión directa de
cómo se vivía en esos modestísimos alojamientos". Hasta ahí, y con el mismo
propósito, llegó nada menos que al aristocrático embajador y escritor Miguel Cané, que
dio nombre a la biblioteca donde trabajó Borges.
EL RIO. "Desde
aquí se veía el río, pero cuando demolieron el conventillo que estaba en la esquina, de
Charcas y Maipú, que era muy grande, con patios interiores, con piletas para lavar la
ropa al aire libre, pusieron este garage y taparon la vista del río. Mi madre lamentó
cuando lo demolieron. Ahora tenemos este garage horrible. Había tres conventillos en esta
cuadra. Dos de este lado, y otro en la vereda de enfrente. Y la gente cree que los
conventillos corresponden a los arrabales . Y no era así, estaban aquí, en pleno centro.
(En un reportaje de l983, y en su casa de Maipú.)
TRADICION. El pintor
Raúl Soldi también le contó a Borges, que había nacido en un conventillo, sobre
Sarmiento, esquina Paraná. Y Borges había conocido, incluso, los conventillos de negros
que había en las inmediaciones, cuando iba de visita a la casa de su amiga Cecilia
Ingenieros. Esas veces, aseguraba, se detenía en la barra de alguno de los
"boliches" de la zona para tomar una caña. "Y siempre había negros por
ahí", recordaba Borges, manifestándose sorprendido por la desaparición de esa
gente de color a partir de la década del 20. Para Borges, la tradición argentina, por
sus componentes, reclama toda la cultura de Occidente.


Escena en un
conventillo, según una ilustración
aparecida en el diario Crítica en 1934. |