Historia del
ESCUDO NACIONAL


HISTORIA

No hay documentación, o al menos no ha aparecido hasta el momento, que ilustre acerca de la tramitación que condujo a aprobar el sello que luego se transformó en el que es nuestro Escudo Nacional, ni acerca de la fecha en que ello ocurrió.

Según consta en el inventario que, el 1º de Marzo de 1852, es decir, después de la Batalla de Caseros, envió el Ministro de Gobierno, Dr. Valentín Alsina a su colega de Instrucción Pública, Dr. Vicente Fidel López, las Actas de la Soberana Asamblea General Constituyente de 1813-1815 que estaban en la Biblioteca del Gobernador y Capitán General de la Provincia de Buenos Aires y Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina, D.Juan Manuel Rosas. A su vez, en la Relación de los libros, obras, impresos, formada por la Comisión encargada de inventariar los objetos existentes en la casa del ex-Gobernador D.Juan Manuel Rosas, que por disposición del nuevo Gobierno se envió al Director de la Biblioteca Pública, D. Marcos Sastre, figuran Cuatro libros originales de acuerdo,uno de la Excma. Junta de Gobierno en 1811 y 1812, dos de la Soberana Asamblea Constituyente de 1813 a 1815,y otro en blanco con varios papeles relativos a dichos Gobiernos.

Pero, esas Actas que podrían arrojar luz al respecto, aclarando quién fue el inspirador, el autor o creador del Escudo, y cuál fue la significación que quiso dársele, han desaparecido, al igual que las del Congreso de Tucumán (1816-1820).

Lamentablemente, tampoco el periódico "El Redactor de la Asamblea", que daba noticias de sus decisiones, presenta información al respecto, con lo que la incógnita subsiste.

Sólo conocemos la persona del autor material del sello que dio origen al Escudo, el grabador cuzqueño Juan de Dios Rivera, radicado en Buenos Aires, hábil tallador con antecedentes de haber efectuado trabajos similares, entre ellos el sello del Real Consulado.

En el Archivo General de la Nación, se conserva la documentación que ha permitido saber que, por no haberle sido satisfecho, Rivera requirió el pago de dos sellos, uno para la Asamblea y otro destinado al Poder Ejecutivo -que en aquel momento era ejercido por el Segundo Triunvirato- que le habían sido encargados a través del diputado por San Luis D. Agustín Donado. Es decir, que sólo a través de tal reclamo, existe conocimiento de su autoría. Pero, que Rivera sea el autor material no autoriza a suponer, como se ha hecho, que también sea el creador del sello.

La carencia de mayor información, permite afirmar que el Escudo Nacional no nació como tal, sino como simple sello para reemplazar las armas reales en los documentos, y que la Asamblea no tuvo, inicialmente, el propósito de dar un Escudo.

La Asamblea se reunió a partir del 31 de enero de 1813, y el sello -hoy Escudo Nacional- aparece por primera vez, aplicado a la carta de ciudadanía de D. Francisco de Paula Saubidet, el 22 de febrero siguiente.(3)

Dado el breve lapso que media entre las dos fechas, puede suponerse que no pudo ser propuesto, discutido, proyectado y burilado, por lo que se piensa que debió haber sido encargado con anterioridad por orden del Segundo Triunvirato que convocó a la Asamblea.

Esa falta material de tiempo, ha llevado a conjeturar que se adoptó por iniciativa de D. Bernardino Rivadavia, ya que él había encargado dos diseños o proyectos al peruano D. Antonio Isidro de Castro, quien se los envió desde Santiago de Chile en agosto de 1812. Uno de tales diseños habría sido trasladado al sello.(4) De todos modos, como los diseños se desconocen, tal hipótesis resulta aventurada, y se mantiene el secreto con respecto al creador, y al autor del dibujo original.

¿De qué modo y en qué momento el sello es elevado a la jerarquía de Escudo?

Hay dos disposiciones que contribuyen a ello. La primera es la Ley del 3 de marzo de 1813, sancionada por iniciativa del Diputado D. Pedro de Agrelo, por la que la Asamblea mandó acuñar moneda en la ceca de Potosí, la de plata, con el sello de la Asamblea quitado el sol que lo encabeza, y la de oro, lo mismo que la de plata, con la sola diferencia que al pie de la pica y bajo de las manos que la afianzan, se esculpan trofeos militares consistentes en dos banderas de cada lado, dos cañones cruzados y un tambor al pie.(5) Ambas monedas presentan en el reverso el sol del sello en forma plena, es decir, con treinta y dos rayos. Al ser reproducido en la moneda, el sello trascendió de su finalidad originaria de ser aplicado en los documentos, sin que se explicitara, para él, la condición de escudo.

Tal circunstancia fue afianzada por una segunda disposición, del día 27 del mismo mes, por la cual se decretaba que: Deberán sustituirse a las armas del Rey que se hallan fijadas en lugares públicos, y a las que traigan, en escudos o de otro modo, algunas corporaciones, las Armas de la Asamblea, y sólo permanecerán de aquel modo en las banderas y estandartes que las tengan.(6)

El cumplimiento de tal disposición dio lugar a que se efectuasen reproducciones ampliadas del sello para ser colocadas en los frentes de los edificios públicos, con lo cual adquirió la calidad de Escudo Nacional sin disposición expresa que así lo declarara, si bien los términos Armas de la Asamblea importan toda una declaración.

Poco después, fue adoptado por la casi totalidad de las provincias, que sustituyeron con él sus blasones anteriores.

A lo largo del tiempo, el escudo fue objeto de alteraciones que comenzaron con las disposiciones de la misma Asamblea relativas a la supresión del sol naciente y al agregado de trofeos militares en las monedas que mandó acuñar. Otras posteriores, realizadas en sellos de documentos y en grabados de publicaciones, consistieron en ponerle al sol "cara de angelito", alterar el número de sus rayos, aumentar el número de banderas, variar las proporciones de la elipsis, modificar la forma e inclinación del gorro de la libertad, y otras.

Todo ello hizo sentir la necesidad de su reglamentación. Varias disposiciones del Poder Ejecutivo Nacional intentaron corregir la falta de uniformidad y las modificaciones caprichosas. De alguna manera, ello se logró recién con el decreto Nº 10.302, dictado en Acuerdo General de Ministros, del 24 de abril de 1944, que mandó tener como patrones de los símbolos nacionales, los ejemplares y textos mencionados en los considerandos de este decreto, y cuyas reproducciones auténticas corren agregadas al expediente número 19.874-F-194.(7)

De acuerdo con esto, el Escudo es la reproducción fiel del sello de la Asamblea que lo instituyó y empleo en su documentación.

Es indudable, que quienquiera haya sido el autor del Escudo Nacional, conocía las leyes de la Heráldica. Sólo así pudo lograr el conjunto armónico que muestran sus esmaltes y sus figuras.

En cuanto a su simbolismo, se considera que los antebrazos humanos que estrechan sus diestra en el cuartel inferior, representan la unión de los pueblos de las Provincias Unidas del Rìo de la Plata. El gorro de gules -comúnmente denominado frigio- es un antiguo símbolo de libertad y la pica (lanza corta) evidencia el propósito de sostenerla, de ser necesario, con las armas. El sol -que algunos han considerado una concesión a las religiones indígenas en los cuales se lo adoraba-, en su posición de naciente anuncia al mundo la aparición de una nueva Nación. Los laureles son símbolo heráldico de victoria y triunfo, y evidencian las glorias ya adquiridas en Suipacha y en Tucumán. En cuanto a la cinta en forma de moño con los colores azur, plata (blanco) y azur, similares a los de los dos cuarteles de la elipse, es alusiva a la nacionalidad argentina.

Con frecuencia, los autores que han hecho la descripción del Escudo Nacional -y de los nueve escudos provinciales de él derivados- emplean la expresión gorro frigio, para aludir al gorro de la libertad. Tal término, es también el que se usa habitualmente para referirse a ese símbolo y es el adoptado en las diversas leyes que se refieren a los blasones de la Nación y de las Provincias.

Sin embargo, como muy acertadamente han expuesto Guiraldes y Cortés Funes, el escudo no ostenta un "gorro frigio" sino un "pileo" (lat. pileus). El primero originario de Frigia, antigua región del noroeste del Asia Menor, cubría toda la nuca y poseía unos largos apéndices laterales (especie de orejeras) que servían para atarlo abajo del mentón. El segundo, que entre los romanos era usado por los hombres libres y los esclavos libertos, era un gorro cónico de base redonda y punta redondeada.

Giraldes y Cortés Funes, señalan, asimismo, que el gorro de libertad de nuestro Escudo Nacional presenta un elemento que desconcierta al analista: la borla que el mismo tiene en la punta del bonete, y no descartan la posible influencia del "gorro de manga" usado por la gente de campo de nuestro país desde 1810 hasta 1840.

Los mismos autores señalan que: El primero en hablar de "gorro frigio" fue Domingo Faustino Sarmiento en el discurso que pronunciara al inaugurar la estatua de Belgrano... ya que con anterioridad se había utilizado "gorro de la libertad".


LECTURA HERÁLDICA

Forma de elipse.

Cortado de azur- celeste y plata (blanco), trae en el segundo, dos antebrazos humanos de carnación, movientes de ambos cantones de la punta, que estrechan sus manos diestras en el centro de ella, sosteniendo un pica con asta de madera de su color natural que alza, en el cuartel de azur - celeste, un gorro de libertad de gules, doblado en la base, y la punta con borla caída a la diestra. Por timbre, un sol naciente, figurado, de oro, con veintiún rayos visibles, flamígeros y rectos, alternados. Completan el ornamento exterior dos ramos de laureles de sinople, formando corona sobre la cara del sol y cruzados en la base, unidos con moño de cinta azur- celeste, plata (blanco) y azur - celeste.


BIBLIOGRAFÍA

1) GONZÁLEZ, Julio César. "La Biblioteca Hallada en la Casa de Gobierno, después de Caseros", en Anuario 1941, publicación de la Sociedad de Historia Argentina. Buenos Aires, 1942, pp. 249-259.

2) CORVALÁN MENDILHARSU, Dardo, "Los Símbolos Patrios" en: Historia de la Nación Argentina, Academia Nacional de la Historia, Vol. VI, Primera Sección, Imprenta de la Universidad, pp. 486-506 Buenos Aires, 1944.

3) IBÍDEM, pág. 507.

4) IBÍDEM, pág. 520.

5) REGISTRO OFICIAL DE LA REPÚBLICA ARGENTINA, La República, Imprenta Especial de Obras, Buenos Aires, 1879, pág. 210.

6) IBÍDEM.

7) CÁNEPA, Luis, La Historia de los Símbolos Nacionales Argentinos, Editorial Albatros, Buenos Aires, MCMLIII, reproducción del Decreto, pp. 221-226.

8) GIRALDES, María Luisa; CORTÉS FUNES, Martín G., Ministerio del Interior, Dirección de Provincias, Los Escudos Provinciales, Buenos Aires 1983, obra inédita, ejemplar mecanografiado, pp. 8-11.